
Erotismo
obsceno, pornografía cachonda y guarra, eso es Pelos de Cola, que
más que una revista es un carpeta de obra gráfica realizada
por pintores, fotógrafos, grabadores y escritores, que tratan temas
sexuales con irreverencia y liviandad.
Carlos Jaurena, Esteban Eroski y David Coronilla son los pornógrafos editores que han hecho de Pelos de Cola una revista suigéneris, ya que además de convocar a artistas de calidad, organizan sus presentaciones cada tres o cuatro meses en antros de ficheras, cantinas de microbuseros, sex shops, bares gays, la mata del “sex undeground” de la Ciudad de México; fiestas en donde por lo regular hay una tocada, streapers o algún travesti divertido.
Hasta el momento se han presentado seis números. Los últimos tres han sido temáticos como los especiales de sadomasoquismo, zoofilia y fenómenos. Se esperan los especiales de anos, lluvias doradas y autorretratos obscenos.
El proyecto de Pelos de Cola nació después de que Esteban Eroski viajó a España en donde se topó con miles de fanzines que reflejaban la pornografía gachupina con mucho humor y llevada hasta sus últimas consecuencias . (¿Quién no recuerda una película de Pedro Almodóvar en donde un maricón se excita con una sierra eléctrica que le cercena el pecho mientras lengüetea un pito de plástico?).
La idea original era realizar un fanzine de fotocopias, pero poco a poco los artistas fueron sugiriendo integrar otros materiales, como serigrafías, impresiones en offset; en algunos casos se suplantó el papel por tela, se utilizaron fotografías, bolsas de plástico, clavos, pelos de animal, rascahuele, kótex. La creatividad invadió el proyecto.
El primer número de Pelos
de Cola fue presentado en diciembre de 1995, con casi 30 colaboraciones.
En promedio la revista ha contado con 20 colaboraciones en cada número
que se edita por lo menos cada tres meses.
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Hasta el número cinco el tiraje fue de 150 copias, pero desde el sexto se redujo a cien y el formato se cambió de 22 por 14 cm. a tamaño carta.
Carlos Jaurena asegura que nunca se esperaron que fuera una carpeta impecable ya que cada artista es responsable de su participación y del tratamiento del tema, “no hay censura en ningún trabajo, la libertad en el tema es absoluta. En Pelos no tenemos pelos en la lengua”, advierte. Tal vez por eso sus directores han sido presas de amenazas. Durante la preparación del número tres, Esteban Eroski y Carlos Jaurena recibieron llamadas telefónicas: “Si sigues con Pelos de Cola te vamos a partir tu madre”.
La noticia trascendió hasta algunos medios de comunicación y las amenazas nunca se cumplieron. Los directores de Pelos nunca supieron si se trataba del mismo grupo fundamentalista que apedreó el Museo de Arte Moderno por una exposición que molestó a las “buenas conciencias”; o si se trataba de algún artista mal cogido .
Pelos de Cola tiene un costo de 100 pesos que en algunos casos es un regalo porque se incluye obra de artistas reconocidos (o sea caros) como Froylán Ruiz, Nahum B. Zenil,. Reynaldo Velázquez, entre otros.
Cada participante recibe a cambio
de sus colaboraciones dos ejemplares de la revista, el resto se vende.
Los números del uno al tres se han agotado, pero todavía
se pueden encontrar los especiales de sadomasoquismo, fenómenos
y zoofilia.
El público que compra y busca
Pelos de Cola es en su mayoría del sexo masculino y algunos se declaran
coleccionistas pornógrafos, erotómanos. Los compradores asiduos
en algunos casos son anónimos y compran la revista como si fuera
una grapa de coca, pero también otros son padres de familia, catedráticos
de la UNAM o superstars de las artes plásticas.
El número diez de Pelos de Cola será el último de la serie y saldrá a finales de 1998. Para 1999 se busca realizar una exposición retrospectiva con una selección de “los mejores Pelos de Cola” con lo cual finiquitarán la calentura de este proyecto.
