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Cultura manuscrita: el copista

Desde el siglo V hasta la invención de Gutenberg con la imprenta en 1440, la forma común de reproducir el conocimiento escrito, era a través del trabajo del copista. Desde el Antiguo Egipto existían los ya conocidos escribas, quienes eran considerados valiosos y pertenecían

a Jerarquías altas por su complejo conocimiento jeroglífico.

Conforme el tiempo se crean los centros monásticos... espacios de salvaguarda y reproducción del libro, lugares de puertas cerradas, ocultos y misteriosos donde solo el clero tenía acceso.

En la edad media, el trabajo realizado por los copistas era producido a mano, en espacios de poca iluminación y en muchas ocasiones en cautiverio. La calidad de cada “Libro” dependía de las habilidades del copista y el tiempo de trabajo era definido por el tamaño del Manuscrito, así como la cantidad de personas que trabajaban en él y en su caso, la calidad de las ilustraciones.

 

Entrevista con:

Leonardo Funes

Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires y Profesor Catedrático de Literatura Española Medieval en la Universidad de Buenos Aires. Es Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de Argentina (CONICET). Es Director de la revista INCIPIT y miembro del Consejo Asesor Científico de las revistas Alcanate. Revista de Estudios Alfonsíes (Puerto de Santa María, España), Revista de Literatura Medieval (Universidad de Alcalá de Henares, España), Filología (Universidad de Buenos Aires), Cadernos do CEIL. Revista Multidisciplinar de Estudos sobre o Imaginário (Universidade Nova de Lisboa) y BUCEMA Bulletin du centre d’études médievales d’Auxerre. Es Presidente de la Asociación Argentina de Humanidades Digitales y Vice-Presidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval. Ha publicado cuatro libros de su sola autoría y más de cien artículos en revistas especializadas de Europa y América sobre épica española, la ficción sentimental, la lírica cancioneril y la historiografía castellana medieval.