Portada del sitio > Artes > Escénicas > EL DIRECTOR DE UN TERCER OJO

EL DIRECTOR DE UN TERCER OJO

Jueves 10 de diciembre de 2009, por Coro de Babel

Miguel Guerberoff fue un talentoso director de teatro, provinciano, venido de su Mendoza natal, un apasionado del juego teatral, de los actores que no solo saben, si no que quieren jugar.

Guerberoff encontró la fascinación que todo teatrista guarda por Becket, pero lo interesante es cuando este director mezcla el grotesco con el género anterior. Es que hay que aclarar que Guerberoff se opuso a cierta división sobre los géneros teatrales, una mirada muy particular e interesante que hace del teatro, ya que insistió en que son los investigadores los que tienen por objetivo dividirlo en géneros.

Lo cierto es que su teatro puedo cruzar fácilmente entre un Discépolo y un Ionesco, esto enriquece, renueva todos los géneros que se pueden chocar y fundir en uno solo, aunque en lo personal me cueste creer que esto ocurra, aunque no descarto poder unir Los Disfrazados de Carlos Mauricio Pacheco, con El Rinoceronte de Ionesco, quizá una obra sirva para la otra, o de dos dramaturgias tan distintas se logra una nueva dramaturgia.

Siempre me interesó ver un director que está dispuesto a montar una obra teatral con personajes femeninos cuando en realidad son todos varones, o cuando Ricardo III es un niño, un ciego, una especie de dualidad. Creo que allí hay una dramaturgia de dirección con gran ductilidad, cuando es tocado un personaje que tenia tal apariencia y termina siendo otra, pero siempre y cuando no altere su composición y la relación con la trama, esto va a permitir que la obra tenga no uno si no varios caminos para andar.

Es por ello el título de este artículo, el director no solo conduce o asesora, o delinea una mirada profesional sobre la cosa escénica, si no que es un verdadero adaptador, casi como la tarea de un dramaturgista. Tomé el ejemplo de Guerberoff, porque fue un director de esta categoría, que intentó proponer una segunda dramaturgia, que no mejora la obra, si no que permite una segunda mirada sobre la primera. Es esto lo que hay que rescatar de un director que trabaja en un ámbito de libertad no solo para sus actores, si no para su visión intuitiva.

Cuando el director encuentra en él este adaptador que toca finamente un clásico para no desbordarlo y ensuciarlo, haciendo una versión propia, se encuentra un director capaz de descubrir en los personajes alguna otra carilla que no habría antes en la obra original. Sin desdibujar a los personajes como están delineados por el autor, el director que se vuelve un adaptador, que no todos los directores ofrecen esta cualidad, puede encontrar una variante, como Guerberoff cuando pudo bañar con un toque pequeño a los personajes de un grotesco con un absurdo de Becket.

Esto no podría ocurrir en todos los casos, pero cuando se mira hacia adentro y la obra teatral permite esta condición, esta suerte de fusión, en donde no se altera lo que se dice, o lo que pretende el autor decir o pensar a través de la misma, hay que confesar que nos encontramos con un director astuto, difícil de hallar en los escenarios, abundan los que arruinan una obra por dar una versión personal, y escasean los que inteligentemente le encuentran a una obra teatral un tercer ojo por el que antes no se había espiado.

Fernando Zabala

Comentar este artículo