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Narco Postales Mexicanas III / Consumismo y drogadicción

Lunes 21 de mayo de 2007, por m3gaNeura

Antes de llegar al fondo de este asunto, es decir, entender someramente el instante en que un adolescente acepta consumir un cigarrillo de mariguana, una piedra de crack, una línea de cocaína, una pastilla psicotrópica, un “chocho” una “chela” o una “tacha”, y preguntarse por qué ese otro chamaco lo rechazó. Tal vez el primero sintió acceder a un mundo vedado, a un jardín de los placeres oculto en lo más profundo de sus emociones y sensaciones, el encuentro, en fin, con el espíritu de la trasgresión, de lo prohibido, eso mismo que le da temor, miedo, tal vez hasta pánico a su amigo que se resiste a probar eso que promete llevarlo más allá de la realidad, fugarse de las cuatro paredes que aprisionan su percepción. Tal vez, desde ese mismo instante, esos amigos antes inseparables, verán y sentirán la realidad de una manera muy distinta. En este punto me quiero referir a un artículo publicado el miércoles 14 de marzo del año pasado en La Jornada, firmado por Javier Flores, con el título de “narcotráfico y simulación”, porque resulta bastante refrescante y a propósito un año después de escrito, porque en este lapso hemos visto desarrollarse aristas que ya esperábamos, sólo era cuestión de tiempo, para que esta espinosa problemática explotara en sus actuales condiciones, y el texto empieza precisamente con el dedo en la llaga: “la prohibición irracional al consumo de drogas es la forma más efectiva de beneficiar al narcotráfico y de poner en riesgo la salud de millones de seres humanos. Si desde hace por lo menos una centuria -según se dice-, se persigue sin tregua a los traficantes de sustancias prohibidas; y al comenzar el siglo 21 este problema no solamente no se ha resuelto, sino que ha crecido, significa que algo anda muy mal”, y más adelante la pregunta clave: “¿qué es lo que se trata de proteger con la prohibición? El tráfico de sustancias prohibidas está tipificado como un delito contra la salud, es decir, se trata de cuidar a la población, en especial la de nuestros niños y jóvenes (lo que da un toque más melodramático), pero el resultado es que el negocio crece, lo que significa que la gente consume cada vez más drogas. Con una agravante: la criminalización del consumo. Tratan de cuidar a nuestros jóvenes... ¡metiéndolos a la cárcel!”, y es precisamente ahí donde el dragón muerde la cola y cierra el ciclo perverso, en el sistema penitenciario.

Estoy de acuerdo con el artículo de Javier Flores en que no debemos temer a una pregunta: ¿por qué hay personas que consumen drogas? “Entre otras se encuentra la búsqueda de una sensación placentera, de bienestar. Por eso el narcotráfico es un gran negocio, porque comercia con necesidades humanas básicas. Hay drogas permitidas que tienen efectos análogos, como los antidepresivos, que por cierto también dan lugar a ganancias multimillonarias. Hay también muchos mitos acerca de los efectos sobre la salud de las sustancias prohibidas. Es cierto que el abuso en el consumo de algunas de ellas puede traducirse en diversos problemas médicos, pero más bien hace falta mucha investigación, pues existen drogas permitidas, como el tabaco y el alcohol, que tienen efectos mucho más nocivos”.

Por eso resulta relevante que el jueves 29 en el vendaval de información pasa desapercibido un cable de la agencia Notimex, en la que se informa que en comisiones del Congreso se empieza el análisis de una propuesta muy importante que… ¡Sorpresa!, viene de la PGR, de su ilustrísima José Luis Santiago Vasconcelos, a cargo de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) el sexenio pasado y ahora subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales, que llega con una iniciativa que se dictaminaría en abril, y que propone, a la letra: “se permitiría la portación de dosis personales a drogadictos, con cantidades máximas de cinco gramos de opio preparado para fumar, 25 miligramos de heroína, dos gramos de mariguana y 500 miligramos de cocaína. Dicha propuesta también señala que la persona que porte drogas en dosis personales será remitida a las autoridades en el caso en que se les encuentre en centros educativos”. De entrada parece por lo menos relevante que se esté discutiendo, sobre todo cuando hace unos meses se desechó, afortunadamente, una propuesta para penalizar la posesión y el consumo mínimo lo cual, lógicamente, estiraría al máximo la hebra, con el riesgo de romperla a base de “soluciones” estrictamente policiacas, como hasta este momento parece encaminarse la política del gobierno federal en la complejidad de esta problemática multidisciplinaria.

Y de nuevo en la punta de la madeja, regresamos a las primeras preguntas, las fundamentales: ¿por qué algunos seres humanos se hacen adictos a las drogas? No es una pregunta simple o de respuesta fácil como muchos quisieran, y se considera la predisposición genética, el ambiente social pernicioso como la desintegración familiar; la falta de cohesión social traducida en oportunidades reales para cada individuo, diferente en su esencia los demás, pero podríamos unir varias encrucijadas en las que estos elementos se integran con un oasis en la adolescencia: el poderoso paliativo, la droga mágica que liberará al doliente joven que no se identifica con su entorno y los valores con que ha sido educado en la casa y en la escuela; el adolescente promedio naturalmente atraviesa por cambios perturbadores, en el mejor de los casos, y la tracción de ese oasis que parece ofrecer la droga, puede revestir cierta dosis de miedo, pero en algunos casos éste es vencido por la sed de aventura, la tentación del lado oscuro de la vida, para que él o ella se acerque, y de un momento a otro empiece a experimentar ese fuego fatuo y, tal vez se asuste o satisfaga en parte su inquietud, pero con frecuencia ese derrotero de adicción, casi siempre dolorosa, podrá durar largo tiempo, a veces años y una vida entera.

La manera en que se ha presentado la tentación de las drogas y su impacto social ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años, y en las próximas postalitas del subterráneo abordaremos aspectos de este proceso para informarnos y comprender mejor la contextura de la sociedad de las drogas en el siglo 21.

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