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Identidad desde "Me avergüenzan tus polleras" a "Fiesta minera"

Jueves 15 de julio de 2010, por Coro de Babel

Me avergüenzan tus polleras es una obra teatral del autor boliviano Juan Berrera. Esta obra muestra la discriminación que presentan los hijos de gente humilde en Bolivia, quienes se ven obligados a adoptar una postura falsa e hipócrita, negando incluso a su propia madre, por el solo delito de vestir polleras. Precisamente, aunque no en general, la sociedad boliviana es muy prejuiciosa o conservadora. Es realmente esta pieza teatral un canto a la identidad, lo que viene de la tierra jamás será negado.

El teatro de Barrera en este caso se abre hacia la negación de una tradición o más bien, de un folclore propio de la gente de su país. Algo me recuerda a ese gran dramaturgo mexicano, Usigli, quien en El Gesticulador refleja los mascarones del prejuicio en su México natal. Muchos bolivianos en el extranjero por temor a ser discriminados niegan ser hijos de familias humildes, quizá porque la sociedad en la que se refugian nos les permite sentirse orgulloso por venir de familias de bajos recursos.

Otra obra muy interesante, que aborda temas sociales, es Fiesta Minera, obra costumbrista de Sánchez Guzmán, que muestra los hábitos y prácticas de los trabajadores de las minas y sus conflictos. La escena se desarrolla en las faldas del cerro Potosí, más conocido como Sumac Ork´o allá por 1930 en el contexto de la fiesta de comadres y compadres que antecede el carnaval. La obra refleja el maltrato y abuso del gringo sobre los mineros, como apropiarse de sus mujeres, la mediocridad, y la invasión del espacio propio. La obra quizá invita a sentir el canto aborigen en un país de poderosos que oprimen a los explotados.

Sánchez Guzmán creó en 1983 el grupo de teatro Inti Wasi (la casa del sol en quechua) pero que por problemas de salud tuvo que abandonar. Recién en 1998 fundó Suthiyay Chchasca (lucero del alba), grupo con el que trabaja actualmente. Guzmán afirma en una entrevista que en Fiesta minera se puede observar a nuestra propia familia o antepasados preparando la k’oa, vistiendo la casa de colores, ch´allando a la pachamama y bailando la cueca con los mejores trajes de fiesta. Obras como Fiesta minera, Ollantay o Me avergüenzan tus polleras, nos muestran de dónde somos, cómo somos y a no olvidarlo, sino que, por el contrario, es una forma de mantener la cultura boliviana muy viva y enaltecida.

De esta manera, textualmente, Guzmán recuerda entre polvo y arena: Tuvimos que caminar mucho, amanecíamos en la intemperie cubiertos de arena, recuerda el autor. Vivió durante muchos años en Salta, fue recién a mediados de los 70 que se mudó a Buenos Aires. Tras meses de intentar obtener algún rol teatral, finalmente empezó a trabajar de lo que pudo, puesto que tenía esposa e hijos que alimentar. Las cosas se complicaron más cuando su esposa abandonó el hogar, lo que significó relegar a un segundo plano los proyectos relacionados al teatro.

En los años 80, cuando sus hijos ya eran grandes es que retomó sus actividades artísticas teatrales. Siempre fue hecho todo con mucho esfuerzo y a pulmón aseguran los que lo conocen de cerca. Autogestión es lo que define su trabajo ya que él se proveía de los materiales, de los recursos humanos y hasta confeccionaba él mismo las polleras de cholita para sus actrices. Por enfermedad o necesidades básicas tuvo que abandonar su actividad artística pero por amor al arte cada vez que tiene la oportunidad vuelve al escenario para brindarle a su público un buen espectáculo y mantener en alto nuestra cultura.

El teatro boliviano en parte aspira a recuperar la identidad negada, arrebatada o simplemente olvidada, desde una raíz social pega el grito que muchos no se animan a dar.

Fernando Zabala

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