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Narcopostales mexicanas IV - Otra de consumismo y vacuidad espiritual

Jueves 24 de mayo de 2007, por m3gaNeura

Ya clavados en esto del consumismo como entorno ideal para las adicciones, sobre todo si agregamos como eje central el componente humano, existencial, en una era en la que la sobresaturación de productos (claro con toda la pleonástica implícita), de la mano con una orfandad espiritual, con un capitalismo voraz ocupadísimo en exprimir los bolsillos, entrenándonos desde el nacimiento para el desenfreno, mientras sea negocio, en cuanto se obtengan dividendos, se diluye la moral y la falta de ética empresarial. ¿Qué posible ética o consideraciones puede tener el mercado negro, siendo expresión última de lo que empezó hace medio milenio con el saqueo y destrucción de sistemas y culturas alternas, la imposición, la catequización, oro por cuentas de vidrio?

Ahora pensemos por un instante en que el narcotráfico en México se lleva aproximadamente 200 millones de dólares en ganancias netas ¡cada día! Ya podemos dejar atrás las más fantásticas películas de “acción” de los capos del narcotráfico que produce Hollywood porque acá en México los narcotraficantes son enterrados en ataúdes con brocados lujosos, incrustaciones de oro, plata y piedras preciosas; usan escuadrones de temibles kaibiles y tránsfugas del Ejército, los famosos “Zetas”,q ue podría ser el nombre de un grupo de música norteña,;se matan y decapitan entre ellos mismos, tienen por deporte “levanta” y ejecutar policías y narcos rivales, no sin antes tomarles un video para subirlo a YouTube, desde adolescentes entrenándose en el micro lavado de dinero, además de aquilatar las conquistas de género, con mujeres al mando de familias corporativas de alto vuelo con en el cartel de Tijuana: Lola y Camila regresan por sus fueros, ¿o nunca se habían ido? Qué no harán estos poderosos con sus ejércitos de narcomenudistas depauperados desde siempre, para atraer a los niños y adolescentes, sus potenciales clientes, sin quienes obviamente, no habría negocio, por eso entre las comunidades pobres de México ser burrero es lo más fácil, lo más conveniente. Por eso la historia de Claudia Alejandra, la sicaria de Apatzingán, supera toda ficción; vendedora de ropa en abonos, esta joven de 27 años con dos hijos, apareció el 7 de mayo al frente de los sicarios con su AK-47, entre sus compañeros, todos a punto de ser calcinados en el 147 de la calle Fray Melchor de Talamantes, del municipio de Patzingán, Michoacán, por la tormenta balística que propinó el Ejército, en venganza por una emboscada siete días atrás. Unas flores de plástico y la incredulidad de los vecinos fue lo que quedó en el panteón local de la sicaria de Apatzingán.

Mañana les cuento de Carmela, dueña del Bar “La Estrellita”, y canchanchana del “Jaguar”, jefe de los Zetas que solían divertirse durante semanas entre alcohol, sexo y “cuerno de chivo”, de donde fueron sacadas cuatro jovencitas por soldados, para drogarlas y violarlas.

Imagen: La Jornada 8 de mayo 2007

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