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Pequeño Teatro de Pueblo

Miércoles 18 de agosto de 2010, por Coro de Babel

Es muy común que en los pueblos los viernes en la noche los vecinos se junten en una gran mesa alargada a comer y a festejar, seguramente alguna fiesta patronal, o algún aniversario, u otro pretexto para estar en familia, entre todos ellos se entremezclan seguramente los representantes de las instituciones del pequeño pueblo. Pero lo que la gente espera es la pequeña compañía, el pequeño teatro del pueblo, allí un puñado de actores que no son actores con la timidez y el silencio que caracteriza a los pobladores, representan la historia fundacional de aquel pueblo, con trajes de la época, elementos antiguos que solo las abuelas han guardado en la alacena o el mobiliario más viejo de la casa, con una escenografía natural como la del Cine, es una recreación de aquellos años.

Luego de que terminó la función y que hubo un profundo silencio en la gente como el que suelen hacer durante la misa, la gente aplaude ese pequeño teatro que les regalan los vecinos a los otros vecinos, algo muy parecido al teatro comunitario, por supuesto, inventado por ellos mismos por una necesidad de mirarse, de escucharse. El teatro ha inspirado ahora a los demás vecinos, todos han hablado durante la cena y el baile sobre aquella obrita de teatro que no duró más de media hora, sobre los personajes, los encuentros, los desencuentros, todos evalúan como críticos expertos con un gran sentido agudo, aunque valorando la teatralidad de sus pares.

Mucha gente no sabe ni leer ni escribir, pero eso no los ha vuelto menos comprometido con ese teatro sencillo, hecho con algunas imprecisiones que no lo vuelven nulo, por el contrario, emociona ver que en ese pueblo marginado, alejado de toda gran urbe, los pobladores desplieguen un teatro que despierta entre el polvo, y un cielo estrellado como solo se puede ver en el campo. Ese pueblo, de casi 50 habitantes, hundido en el misterio del viento, ya tiene una forma de acercarse y comunicarse entre ellos que puede ser ese teatro hecho con el fondo de un hermoso prado color verde, o de la arbolada extensa hacia la diminuta plaza con caminitos zigzagueantes.

De esa forma el teatro les ayuda a combatir la soledad, la distancia, y quizá les devuelve la esperanza en tiempos difíciles, todo eso ocurre en un pueblo a la deriva del mapa. Cuando el público, y los actores regresan a su casa, se han dado cuenta que pueden imaginar el mar aunque no lo conozcan, de que pueden viajar en tren aunque no lo hallan hecho nunca, todo eso pudieron hacer a través de ese pequeño teatro de pueblo que fue una puerta hacia un imaginario colectivo y audaz como solo se hace o se puede hacer en esas pequeñísimas comunidades en donde la gente desafía con el teatro en mano la adversidad.

Fernando Zabala

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