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Narcopostales Mexicanas V / La sicaria de Apatzingán

Miércoles 30 de mayo de 2007, por m3gaNeura

El lunes 7 de mayo el Ejército buscó la venganza. Seis días antes cinco militares vestidos de civil, se toparon de frente con una camioneta repleta de “Zetas” en el municipio de Carácuaro, Michoacán, cayeron acribillados y fueron declarados por el gobierno “héroes de la patria”. El lunes 7 se encontró la ocasión para la vendetta y justificar ante los medios la continuidad de la incursión militar. Se tendió un operativo en media ocena de municipios de la zona caliente de la entidad, y se localizó una célula de sicarios entre ellos una joven de nombre Claudia Alejandra. De una casa de seguridad en la calle de Fray Melchor de Talamantes de la colonia Miguel Hidalgo, bien temprano, un hombre salió por cervezas, con una pistola al cinto; no falta quien diera el pitazo a los guachos, y al filo de las 9 de la mañana había un cerco militar alrededor de la vivienda, y cuando les ordenaron salir, alguien abrió la puerta y descargó de un AK-47 tanta bala como para medio batallón, era ella, de 28 años, con su rifle automático, y después el ataque superlativo de los militares hasta desbaratar media casa. Todos muertos.

Alguien envió esta especie de rap-corrido, como dice su autor, y se publico para dar entrada a esta poética que no parece mala, quien quita y alguien le pone música.

Venga de ahí.

La sicaria de Apatzingán Por: lemur toy

Los vecinos de esa calle Fray Melchor de Talamantes La veían, siempre callada, siempre distante Filosa mirada, sonrisa quebrada Siempre seria, camina siempre callada Apenas cruzaba con el prójimo dos palabras Pero allí en la línea de fuego en la balacera Ese lunes mayo 7 ya entrada la mañana Cayó la gatillera del narco, la joven sicaria, Te reventaron a plomo Claudia Alejandra Tu sentencia ya estaba desde antes firmada

Era empleada, dice su padre Vendía ropa, comentan familiares Con sus dos chamacos vivía Mirada severa, toda hermetismo En un mes cumpliría los veintisiete Claudia Alejandra Cortés Reyes

Gatillera, sicaria, matona de Apatzingán Cabalístico, su destino fatídico Corazón tierra del narco en Michoacán “Vida loca y breve” en diarios publicarán Era sicaria, gatillera, matona, Nadie sospechaba, nadie la veía Nadie sabía que en la noche salía de cacería Un “levantón”, un ajuste, de “oreja”, una “chiva”, "A reventarles el lomo a plomo" ella decía, A ponerles en la madre la más baja tarifa, Con cuerno de chivo y una Mágnum les caía 7 veces 7 cartuchos percutidos les metía Si le gustaba sonreía, Entre los macizos todos le temían Pero nunca por dinero ella lo hacía Sólo fantasía descargar sin contención toda su ira Ella por dinero no lo hacía Ella por dinero no lo hacía

Los 27 en junio ella tendría Pero a la casa 147, Pronto los guachos les cayeron Era un lunes siete de mañana 7 de mayo del año 2-0-0-7 Tres horas antes en una Silverado color plateao Otros dice que era una Lobo negro Otros más un Hummer blanco Venían de una tarea bien cumplida con AK-47 y R-15, Toda la noche llevando al monte “levantados” Pero de regreso en la mañana toparon a los guachos Escaparon de momento y creyeron haberla librado Pero de lejos los siguieron entre calles de la Hidalgo Hasta la casa donde el destino los estaba ya esperando Un par de horas los anduvieron venadeando Los militares todos se apertrecharon Aquellos no sabían, y uno salió por unas chelas, Lo vieron, reconocieron, traía fusca y esperaron Fueron segundos eternos Saltaron los guachos gritando: "¡Somos Ejército mexicano, tiren sus armas y salgan con las manos en alto!"

Dicen en su oficio, sardos, milicos, militares, los guachos Pasaron sólo segundos, escasos segundos Eternidades que todos tragan mudos Son las 9, 2, 4 y 7 Corren segundos, se queman los nervios Nadie responde, el silencio los tiene locos Se abre por fin la puerta lenta y eternamente Pero ya todo había empezado, Ya todo estaba trazado ; ella se asomó disparando Montada en una tormenta de AK-47 La sicaria, la gatillera muere indiferente

Se dio no por dinero, nada dejó Sólo cumplir la fantasía Desafiar esa muerte a fuego lento Nada deja, nada se lleva Por apretar el gatillo Por vengar su destino Por la breve vida De un trago se bebió enterita

Sangre a fuego y lodo quemado Se dispararon y se dispararon Por dos horas se dispararon Nadie lo esperaba nadie sospechaba, Sólo dos hijos, no deja nada, Ni dinero, ni casas o carros, no deja nada Sólo ahí tendida, ya desfigurada, A las once de la mañana hora oficial Misma en que nació una mañana Los guachos les dieron muerte a plomo Le dieron balas hasta calcinarla Unas flores de plástico le dejaron Última memoria En el viejo panteón en un lugar apartado. Así es hoy Michoacán, así es la tierra caliente.

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