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Orígenes del Performance

Martes 17 de mayo de 2011, por Colectivo de Divulgación de Arte

En el ámbito del arte siempre se ha buscado experimentar con nuevos materiales, situaciones, técnicas, etc que logren satisfacer la creatividad del artista. En el s. XX, el hombre encontró una nueva forma de expresar lo que sentía, pasando a ser, como lo dice Juan Vicente Aliaga: “El objeto de la representación a convertirse en presencia viva y soporte de la creación”.

Durante la década de 1960, tendencias vanguardistas, que guardan cierta relación con el movimiento dadaísta (que era más una actitud de lucha en contra del orden social), traen consigo aportaciones de Fluxus (dejar correr en libertad ideas y obras) mediante eventos, en donde lo principal es “la materialización de gestos cotidianos con un punto de absurdidad”

El Fluxus, que era un movimiento alternativo y radical heredero del dadaísmo y el surrealismo, buscaba la conjunción y aceptación de medios y materiales provenientes de diferentes campos, formando así expresiones nuevas, que iban en contra de la concepción tradicional del arte, y del valor comercial (cuyo objetivo es monetario) e institucional (cuyo objetivo es el reconocimiento) de las obras. Estaba también formado por grandes intelectuales que se afanaban en buscar la parte irracional, no convencional de la creación artística.

Se empezaron a dar diferente expresiones artísticas como el happening (se caracteriza por la participación del público, donde las acciones surgen espontáneamente), accionismo (Se trataba de romper las reglas y las bases morales establecidas, diseñaron actuaciones públicas con vocación trasgresora, casi siempre violentas y con un marcado contenido sexual) y Performance, en donde el destruir objetos pasó a ser una crítica hacia el consumismo y hacia la transformación del producto artístico en mercancía de lujo.

Todas estas críticas sociales y políticas, pasaron de ser simples expresiones artísticas locales a manifestaciones por medio del arte de trascendencia mundial. Ahora el cuerpo es libre en el espacio y ver de qué manera se incorpora para modificar la estructura social, generando cuestionamiento con situaciones que todos reconocemos.

Mientras tanto, en México los artistas comenzaron a romper con los límites impuestos. Querían unir al arte con la vida, como cualquier artista de la época, ya que eran tiempos de cambio y rebelión y se generalizó el deseo de explorar en todo tipo de artes. Se privilegiaba el proceso de creación frente al objeto resultante.

Artistas como Alejandro Jodorowsky, Juan José Gurrola o Felipe Ehrenberg deseaba alejarse lo más posible de lo material, pues se negaban a producir arte como objeto decorativo. Por otra parte, algunos volvían la mirada hacia la cultura popular para nutrirse de ella: los merolicos, los chamanes, las procesiones, la carpa, los curanderos y el circo fueron importantes abrevaderos del Performance en nuestro país.

En 1968 se inicia el movimiento estudiantil y los estudiantes de las escuelas de arte de la capital mexicana convierten sus talleres y aulas en centros de producción de propaganda destinada a contrarrestar la información “oficial” del gobierno. La temática abordada a finales de los años 60 y 70 estaban marcadas por la lucha por la libertad de expresión, contra el autoritarismo, y las reivindicaciones democráticas.

Felipe Ehrenberg es otro iniciador de las nuevas manifestaciones artísticas de los años sesenta y setenta. En 1967 realizó la anticonferencia “Por qué pinto como pinto, (Performance antifactum)” pronunciada desde la punta de una escalera, como parte de la exhibición “Kinekaligráfica” que se presentaba en La Galería de la Ciudad de México, La Pérgola. Estas manifestaciones artísticas rebeldes e irreverentes eran el surgimiento del Performance en México.

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