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Filosofía para qué

Viernes 23 de marzo de 2012, por visitante57

La reflexión obligada no debería propiamente llamarse reflexión. De lo contrario no existiría nadie que pudiera asegurar que el camino a donde conduce dicha reflexión no encuentra termino mas que en una montaña de arrogancia pura. La pregunta es entonces ¿acaso tiene sentido aún inscribirse en una clase de filosofía? Eso dependería mas bien de lo que uno este esperando de aquella clase y no de lo que la propia clase ofrezca. Realizar actividades como comprar una docena de libros y sentarse a leer para entender que es “el sentido” seguramente serian en vano si el objetivo es encontrar la iluminación mediante las palabras que poseen tantas limitaciones. Mas que ver aquello que en los textos filosóficos esta escrito resultaría mas importante descubrir todo aquello que no lo está y sin embargo está dicho en ellos. El comprender, generalmente entendido desde la tradición Occidental muchas veces nos conduce directamente a una trampa que va encerrándonos en la imposibilidad de dar lugar para la duda. Pero se olvida que se comprende a través del malentendido porque dice más lo que no está escrito que lo que sí. Mientras el proyecto de iluminación positivista se vanagloria de reducir nuestra “ignorancia” , las dimensiones del espíritu y la intelectualidad del ser humano se limitan. Cómo puede entonces entenderse qué es la filosofía cuando lo único que se hace es mantenerse encerrado en un cubo junto con otras personas que generalmente están mas interesadas en dar respuestas que en hacer preguntas. Ahí no termina todo, pues la arrogancia se extiende cuando la competencia se torna en aumentar el número de títulos de lo que se ha leído, mas que encontrar el dialogo con las obras y ello al parecer genera imbéciles y pedantes. El problema de la institución es grave. No tiene extrañeza alguna el que Heidegger prefiriera nombrarse un pensador y no un filósofo. Pero las pedradas no son a Sócrates sino a los falsos profetas. En la tradición antigua, la filosofía era labor de quienes estuvieran dispuestos a vagar haciendose preguntas cuyo único fin tuvieran conocerse a si mismo; y esto nada tenía que ver con la expedición de títulos. Aquel que estuviese interesado en comenzar a recorrer aquel camino quizá el único requisito que debía cumplir era ganarse la empatía de algún profeta para ser aceptado en el círculo de pensadores, lo cual no era difícil si se tenía en la cabeza la posibilidad de nunca llegar a la verdad absoluta. ¿existe hombre inteligente sin sospecha? Repetir lo que la voz de junto ha dicho no es honesto y tampoco representa la tarea de las ciencias del espíritu. Es difícil entender de filosofía cuando no se tienen preguntas por hacer o quizá porque éstas no han sido bien dirigidas. ¿Acaso antes de que el ser humano se hiciera las preguntas, no era el ser humano la pregunta misma del universo? Los filósofos y profetas no han venido a revelarnos un camino, su tarea es anunciarnos un futuro. Un futuro del que aún se tenga sospecha. Lo demás es elección propia.

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