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Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia

Lunes 26 de marzo de 2012, por Alejandro Juan

Alejandro Juan Pineda

 Acuerdo para la cobertura Informativa de la Violencia parece ser un instrumento que responde a la creciente violencia que vive el país con el fin de contrarrestar un posible propósito de difundir el terror en la población y así, sugerir una serie de comportamientos periodísticos que imposibiliten el convertirse involuntariamente en instrumentos de propagación del discurso del crimen organizado.

A pesar de que los principios rectores del acuerdo hablan de responsabilidad social, libertad de expresión, independencia de medios e información con profesionalismo; al revisar los criterios editoriales del mismo, pareciera que son un compendio de lo que olvidaron hacer las empresas dueñas de los medios de comunicación, éstos se encuentran repartidos, a mi parecer, en dos vertientes: lo que deberían estar haciendo los medios, era necesario recordarles, y la conservación del discurso oficial.

Dimensionar adecuadamente la información: normalmente esperaríamos que los medios tuvieran un aceptable grado de honestidad en lo que dicen, si bien quienes narran las cosas no pueden sustraerse de su propia humanidad, si es exigible que por lo menos procuren narrar las cosas lo más apegado a lo que les permite su posición de testigos. Si queremos atribuir responsabilidades explícitamente, tendríamos que pensar en equilibrar el relato sin olvidar la importancia de escrutar las acciones gubernamentales, creo que es importante la insistencia de no hacer una apología de la violencia, pero esto no debe de impedir el derecho a la información.

Los puntos propuestos en el acuerdo firmado por 715 medios el 24 de marzo de 2011, hablan de objetivos que debieran ser parte de los códigos deontológicos de todos ellos como parte de su pauta para actuar en su ejercicio informativo; en este acuerdo se propone no prejuzgar culpables: la forma como las autoridades pretenden mostrar eficacia en la lucha que libran en nuestros días y su falta de observancia son una parte de la cotidianeidad de la actividad de las mismas, un ejemplo es el caso Florence Cassez, en el que se difunde una puesta en escena en la transmisión televisiva, que prejuzga a personas con el fin de realzar el actuar de la policía.

De esta forma también se propone cuidar a la víctimas y menores de edad, este es otro ejemplo de un asunto que deberían observar los medios desde un principio en su actuar, no tendría que ser necesario reiterar esta situación, las empresas que ponderan la ganancia económica sobre la necesidad social de estar informado, utilizan esto de manera discrecional y así como presentan a un grupo de jóvenes asesinados y secundan la opinión presidencial en el sentido de relacionarlos con el crimen, tal como lo comentara Felipe Calderón en lo sucedido en Villas de Salvarcar, Cd. Juarez. También pueden poner en la pantalla la opinión de una niña preocupada porque su hermana no aparece, recordando el caso Paulette.

Algunos de los criterios propuestos como tomar una postura en contra y no convertirse en vocero involuntario de la delincuencia organizada, así como el que se refiere al de no interferir en el combate a la delincuencia parecen indicar que lo que no debe difundirse es lo que realmente sucede y lo debido es tener al aire únicamente la posición gubernamental, con sus argumentos, con sus cifras alegres, con sus únicas salidas posibles y como una pauta de actuar, no solo de los medios sino de la población en general.

La ética de los “delincuentes” suele ser utilitaria, si el valor principal es la riqueza, los medios para conseguirla no importan, para lograr sus propósitos han creado toda una serie de manifestaciones culturales que crean formas de vida y comportamiento particulares, esto se refuerza por medio de discursos que se difunden de muchas formas, desde los corridos hasta las narcomantas que a menudo son colocadas en puentes de ciudades importantes del país y que difícilmente logramos leer a conciencia.

No se trata de apología, se trata de conocer todos los pormenores simbólicos y de discurso que llevan estos mensajes, no para celebrarlos sino para comprenderlos; estamos en una situación de guerra en la que solamente tenemos a la mano la opinión de un solo bando. Pienso que en estos casos es posible hablar de lo relativo de la ética que está relacionado fuertemente con el contexto social, uno puede creer que el comportamiento criminal es debido a una ética basada en valores que están torcidos, pero el delincuente puede creer realmente que quienes estamos torcidos somos nosotros; en este sentido recuerdo insistentemente en “el vicio altamente recompensado” de Julieta que narra el Marqués De Sade.

En este mismo sentido puede entreverse la intención de no hacer reportes en vivo desde las zonas más violentas: únicamente es posible obtener la versión de uno de los testigos, se trata de una guerra en la que solo nos damos cuenta de los resultados desfavorables de un enemigo que aparentemente va perdiendo y es imposible una variedad adecuada de puntos de vista, nada mas podemos formarnos un criterio basado en la posición gubernamental sin tomar en cuenta lo que dice el bando contario por más criminal que parezca.

La serie de criterios firmados por los medios de comunicación a pesar de su aparente buena intención, no dejan de ser algo que nosotros como receptores de los productos de éstos esperaríamos que fueran observados por las empresas para así poder tener fuentes de información confiables.

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