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La “muerte chiquita”, “venirse”, “correrse”: lenguaje y erotismo, o la esposa de Robbe Grillet en México. Guadalajara 1991

Lunes 25 de junio de 2012, por Littura-22

Las casualidades se pintan solas, y esta vez el olfato fue guía y procedimiento para dar con lecturas aplazadas que emergen de entre archiveros y libreros porque “algo huele raro”, claro, orines de perro, después, varios periodicazos didácticos, los clásicos, y a tratar de resolver el daño. Muchas fotocopias viejas echadas a perder; carpetas de cuatro dedos de lomo, amarillas, eso sí por el tiempo, y me deshago de equipaje estorboso, un par de cajas que tiro sin ver para no afligirme, pero encuentro un obeso legajo de fotocopias de diversos artículos del extinto periódico El Nacional, que imprimía el gobierno y que tuvo una época dorada a principios de los noventa, sobre todo con una sección Cultural con destacados plumíferos y traductores, y me saltana la vista varias ilustres entrevistas, pero una brincó "literalmente", por los nombres y temas que involucra.

La definición personal del erotismo de la escritora francesa de novela erótica, Catherine de Robbe Grillet, interesa por varias circunstancias, la primera por formar parte de la mítica y tan socorrida colección La Sonrisa Vertical de la editorial Tusquets, autora de un par de novelas nefandas, La imagen (1956) y Ceremonia de mujeres (1985). Además visitó México en 1991, para acudir a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, la por muchas razones famosa FIL, y nos regala varias finas perlas de sus haberes eróticos, en la entrevista de Norma Garibay, publicada un año después en El Nacional, y que vale mucho la pena rescatar., pero también porque estamos hablando de la esposa “desconocida” del célebre creador de la o nouveau roman (nueva novela francesa), Alain Robbe Grillet.

Lo primero que llama la atención es el origen de su seudónimo, Jean de Berg, que escandalizó tanto que debió ser quemado frente a notario público, no en alguna fecha perdida de la edad media, sino ¡en 1956!, que resultó ser una espina en el zapato de las buenas conciencias francesas, pero como ocurre en esos casos, una doble moral subyace como ámpula del puritanismo, y el propio general De Gaulle enviaba subrepticiamente alguno de los poquísimos ejemplares a sus amigos. La edición fue lanzada después clandestinamente, con el seudónimo mencionado y un falso domicilio en Estambul.

Pero ¿qué contenía este libro que exaltó la inquisición mental de los franceses? Al visitar México la autora rondaba los sesenta, “bonita e inquieta” y “amorosa esposa”, que además habla español, según describe la periodista mexicana, definición de erotismo de esta mujer que plantea con simpleza atronadora: “erotismo es todo lo que permite retrasar la consumación sexual, todas las etapas previas. Puede usarse la violencia como una de tantas salidas porque el género humano es pensante y todo lo que sea la intromisión del pensamiento dentro y antes del éxtasis sexual es erotismo”.

Interesada más en el aspecto teatral del sadomasoquismo como una de las vías del erotismo, el ceremonial es el modelo que desgaja en sus novelas, y por eso “en lo religioso tiene cabida el ritual, el cual forma parte también del erotismo. Se trata de recrear una sensación de lo sagrado pero sin dios, un acto profano”.

Ya es tradicional pensar que Francia heredó al mundo la frase “la muerte chiquita”, que se oye por supuesto mucho mejor en la lengua original: “le petite mort”, para describir poéticamente el momento del orgasmo, y curiosamente la reportera pregunta qué opina de la manera en que se nombra en México, “venirse” y en España, “correrse”, y la escritora responde “venirse es recogerse sobre su propio placer. Eso tiene sentido, así como su giro en inglés “to come”, pero la traducción en España de correrse no tiene sentido”, y agrega que “tiene sentido como regresar a sí mismo. Respecto a “la pequeña muerte” es una expresión corriente que todavía se usa y es muy apropiada, tengo al impresión de que la vida se detiene como una muerte, es una bellísima imagen”.

No deja de tener sorpresas la entrevista con Catherine de Robbe Grillet, cuando dice sin ambages que lo que practica es el sadomasoquismo, y se asume como “dominadora”, que sería al condición mayoritaria (40 a 1) con los varones, al menos en Francia, dice, casi no hay mujeres con el papel de sumisión. Su condición de artista escritora y dominatriz amateur, le permite escribir y hablar públicamente de ello, porque no presta servicios remunerados y es “prácticamente la única mujer en París que es al mismo tiempo dominadora, de manera oficial, pública”.

Para rematar espeta que Freud “dijo que las mujeres no tenían fantasmas y creo que se equivocaba. Era un gran macho. Alguien decía que para leerlo había que ponerse los testículos como lentes”.

Y al final, una clave de la narrativa erótica: “es difícil guardar el equilibrio entre ser preciso y no caer en una especie de pornografía vaga”.

En lo personal, sobre la “muerte chiquita”, “la muertecita” para describir el momento orgásmico, sencillamente no me gusta, y la veo como en el museo del lenguaje, una bonita figura retórica, un símil típico del romanticismo sepulcral decimonónico, pero lo que es el coloquialismo español “correrse” me parece chocante, poro erótico, como muchas otras expresiones del lenguaje obsceno y sexual, como “polla” y “picha”, echarse un "polvo" o "magrearse", sin olvidar el proverbial "coño", voces reverendamente inadecuadas y desesperantes, sobre todo en las traducciones españolas de escritores como Bukowsky, Henry Miller toda la beat generation, y no se diga los franceses clásicos del género como el propio Bataille, traducciones que matan el lenguaje erótico original, pero en México no nos queda más que saber inglés, francés, italiano, y ver si están en internet gratis en PDF. Nada mal estaría un proyecto de traducción al español universal de todas estas obras. ¡Claro, en otra vida!

Dos nombres para una sola

Entrevista con Jean de Berg o Catherine de Robbe Grillet

Garibay, Norma

El Nacional, sección Cultura.

México, 10-11 de marzo de 1992

Ver en línea : Littura 22

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