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La literatura “postautónoma” o los memes de la ficción. El caso de Sergio di Nucci

Miércoles 11 de julio de 2012, por z. kevorkian

Desde Ulises de James Joyce la novela ha asumido modelos experimentales en su estructura y concepto, y ha pasado y repasado las vanguardias con exquisitos desatinos, pero es la calidad del espíritu de la ficción -o verosimilitud de la genial mentira como diría Vargas Llosa-, el que prevalece ante todo, y a veces resulta que se sale del marco para jugar con la "realidad", como lo han hecho Fellini y Woody Allen en el cine, con discursos y metadiscursos de planteamientos muy distintos en su intención, o el salto de lo trivial al interés estético como los larguísimos filmes de Warhol o las aproximaciones contemporáneas al cine-ojo de Dziga Vertov.

Hace tiempo que no me ocupaba de estos diálogos entre literatura y otros medios, perfectamente advertido de que muchas cosas han de suceder en este incipiente despegue de la multimedia y las redes en las curvas sociales de aprendizaje y asimilación. El primer efecto, es el de atracción. Todo lo que ya se produjo en otros soportes y medios se digitaliza y se monta en Internet, desde obras tan antiguas como la Biblia, hasta nuevas narrativas como cuentos o novelas colectivas o en hipertexto, pero todo ello no había llamado mi atención los últimos años, dedicado más bien a releer obras anteriores a Joyce y algunas contemporáneas pero con intereses muy específicos, que aquí no viene al caso, hasta que encontré por casualidad y leí la versión resumida de una conferencia del doctor Néstor García Canclini, Geopolítica del arte y estéticas interculturales, en la Universidad de Miami en 2008, algo que entrada agradezco.

Primero su alusión a varios demiurgos de la literatura como Borges mismo, en quien seguramente podríamos pensar de inmediato; este monje de los enigmas y su traducción al código literario, jugó tanto con estas cajas chinas, laberintos y bestiarios, al que alude García Canclini como quien “pone a Pierre Menard a rescribir el Quijote, está diciendo que la copia es indiscernible del original, la crítica de la ficción, y lleva a los hechos la propuesta enunciada en un ensayo de 1930”. Por supuesto está la mágica Rayuela, de otro argentino, Julio Cortázar, a quien también menciona, conocido dialogante literario con el bebop jazz, que engendraría esos singulares entes de ficción, los cronopios y famas.

Las generaciones de la ruptura llevarían los entrecruzamientos y lo que llama García Canclini “migraciones”: “a partir de Duchamp, Beuys y otros artistas esta “migración” del arte a otras zonas de inserción social es constitutiva del proyecto creador. El borramiento de la originalidad de la obra, y por tanto la eliminación de las diferencias entre obra única y reproducciones, entre experiencias artísticas y cotidianas, posee una historia que han profundizado, con distintas exploraciones, Lygia Clark y Helio Oiticica en Brasil, el grupo de artistas argentinos que hizo en los años 60 Tucumán arde, y algunos de ellos, como León Ferrari y Roberto Jacoby, lo prosiguen hasta hoy”.

Lo que más me inquietó en el texto de Canclini es la alusión al escritor boliviano Sergio di Nucci, de quien hasta ese momento supe, y me pareció un ejemplo elocuente de esta nueva ruptura del corsé de la industria. Quizá uno de los ejercicios más anquilosados, almidonados y dramáticos sea el de los concursos y las becas y subsidios gubernamentales y los patrocinios que se ha vuelto en algo peor que el mecenazgo del Renacimiento porque al menos se patrocinaba el talento, ahora se patrocina a los amigos o a los amigos de los jurados que después se convierten en jurados que premian a sus amigos y ad nauseam.

Me parece bastante refrescante pero obviamente que desde hace tiempo que se consumó la muerte de la originalidad o, mejor dicho, ésta ya no es relevante. Di Nucci ganó precisamente el premio La Nación-Sudamericana de novela en 2006 con su obra Bolivia construcciones, refiere García Canclini, quien describe el caso: “relato de experiencias cotidianas de un joven boliviano que trabaja como albañil en Buenos Aires. Cuando di Nucci recibió los $60,000 del premio (unos 20,000 dólares) en un elegante salón del Hotel Alvear Palace, pidió que se mantuviera en la tapa de la publicación el seudónimo Bruno Morales, con el que había presentado la novela al concurso, y donó el monto completo de la distinción a la Asociación Deportiva del Altiplano, una organización que había logrado notoriedad después del incendio de un taller textil en Buenos Aires donde murieron seis bolivianos. El premiado di Nucci agregó a este mensaje político una extraña declaración literaria: “Hay los fines y hay los medios”, dijo a la multitud reunida en el salón del Hotel Alvear Palace”.

Para finalizar, termino subrayando que por supuesto hay un debate, y con lo que dice el propio García Canclini: “Varios críticos literarios escribieron que esta novela era un ejemplo de literatura “postautónoma”. Según Josefina Ludmer, la novela de Di Nucci, como otras de Daniel Link (Monserrat), de César Aira (La villa) y de Fabián Cazas (Ocio), son escrituras que “no admiten lecturas literarias”, “no se sabe o no importa si son o no literatura”, ni “si son realidad o ficción”; “atraviesan la frontera de la literatura y quedan afuera y adentro, como en posición diaspórica””.

A mí me gusta pensar en que esta novela es un tipo de meme, de virus cultural que contagia ya a las tribus marginadas de la industria. Aunque existe una necesaria convivencia con el Gran Mundo de los Libros, que cumple 1510 años, ahora como en otras artes, se vale jugar a todo, sobre todo porque los llamados mercados, públicos, audiencias, se han atomizado a tal grado, que mientras existan algunos dispuestos a leerte, quizá algún día, muchos podrán recibir un premio, con un seudónimo, para después mofarse con alguna broma genial.

Recuerdo por ejemplo las acciones poéticas que cuenta el chileno Alejandro Jodorowsky de sus años mozos, cuando subían a un ómnibus y pagaban con una conchita de mar, lo cual suena muy azucarado, lo poético sería la forma en que lo bajarían por boludo y no querer pagar…. Al menos a Sergio di Nucci ya le revocaron el premio.

No estoy seguro de que buscaré y leeré alguna de estas novelas. Prometo intentarlo y reseñar algo.

Ver en línea : Littura 22

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