Diseño y Locura.

Miércoles 19 de febrero de 2014, por REDACCION

Diseño y Locura.

Arículo enviado a la redacción por ISRAEL DE LA CRUZ GONZÁLEZ

INTRODUCCIÓN

En el siguiente trabajo abordare algunos elementos sobre una de las instituciones más importantes en la historia de nuestro país y que fue construida e inaugurada durante los últimos días de la dictadura porfirista.

Considerada ésta como parte de la historia negra de México y que en sus seis décadas de vida, aún sigue teniendo mucha relevancia para su investigación y análisis, permaneciendo con ello un enigma el momento de su demolición en el año de 1968, mismo de la masacre estudiantil en la plaza de la tres culturas.

De la misma forma mencionaré algunos puntos que me parecen significativos, ya que la construcción de una institución gubernamental como lo fue La Castañeda y su contexto, son elementos importantes para entender y comprender ciertos periodos y con ello su diseño arquitectónico.

DESARROLLO

No, loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo menos la razón.

Chesterton

Durante la historia de México han sido muchos los sucesos que han marcado la vida del país y, por ende, se han convertido de gran apoyo para algunos estudiantes, intelectuales, académicos e investigadores, para realizar diferentes trabajos en torno a la vida de la sociedad nacional.

La diversidad de temas que se pueden ver y leer día a día, me ha llevado a centrarme en el siguiente trabajo, dado a que el tema es de gran interés y, por consiguiente, a retomar a un sector que ha sido importante durante el estudio de las sociedades históricas y que en el trascurso del tiempo ha sido excluido de los excluidos como es: la institución manicomial.

Uno de los problemas a los que se enfrentan hoy los estudios de la historia de la psiquiatría es conocer las causas del fracaso del manicomio como institución terapéutica. A principios del siglo XX y después de una centuria de práctica manicomial en Europa, Estados Unidos y algunos países de América Latina, el prestigio de los psiquiatras entre los profesionales de la medicina disminuyó en forma paralela al crecimiento de los enfermos crónicos que saturaban los grandes manicomios. El constante incremento de los internos, que pasó de unos cientos a principios del siglo XIX a miles al iniciar la siguiente centuria, desvaneció la creencia en las virtudes curativas de este tipo de establecimiento, ante la evidencia de que los manicomios se habían convertido en “casa de depósito” para enfermos considerados incurables, donde las funciones terapéuticas habían sido rebasadas por las meramente custodiales.

No olvidando que durante el surgimiento de la medicina y las instituciones de encierro, durante la época medieval, las diferentes prácticas para la rehabilitación de los considerados “anormales”, por aquellos profesionales, se basaban sólo en la exclusión, el encierro, baños con agua fría, torturas y rezar para que los males demoniacos salieran del cuerpo y descansara el alma, considerado esto como parte de la cura y como un mal emanado de la divinidad. Por lo que la institución manicomial y en sí su funcionalidad, se convertirían en una dicotomía compleja y con pocos conocimientos para entenderla y abordarla, aunque sí con muchos cuestionamientos en el momento de su implementación en cada uno de sus espacios. Y en el que las diferentes manifestaciones que se comenzaban a expresar durante el periodo oscuro de esa época a través de la pintura, la escultura, el teatro, las artes escénicas y demás expresiones simbólicas son y serán parte de la historia de eso llamado: Locura. Lo que permitirá ir entendiendo sus formas y expresiones fuera de los cánones establecidos.

La denuncia de la locura llega a ser la forma general de la crítica. En las farsas y soties, el personaje del Loco, del Necio, del Bobo, adquiere mucha importancia. No está ya simplemente al margen, silueta ridícula y familiar: ocupa el centro del teatro como poseedor de la verdad, representando el papel complementario e inverso del que representa la locura en los cuentos y en las sátiras. Si la locura arrastra a los hombres a una ceguera que los pierde, el loco, al contrario, recuerda a cada uno su verdad; en la comedia, donde cada personaje engaña a los otros y se engaña a sí mismo, el loco representa la comedia de segundo grado, el engaño del engaño; dice, con su lenguaje de necio, sin aire de razón, las palabras razonables que dan un desenlace cómico a la obra. Explica el amor a los enamorados, la verdad de la vida a los jóvenes, la mediocre realidad de las cosas a los orgullosos, a los insolentes y los mentirosos. Hasta las viejas fiestas de locos, tan apreciadas en Flandes y en el norte de Europa, ocupan su sitio en el teatro y transforman en crítica social y moral lo que hubo en ellos de parodia religiosa espontánea.

Considerando con ello a la locura, ahora llamada enfermedad mental, no sólo como una patología sino una expresión de la contradicción de la sociedad y sus instituciones establecidas -familia, escuela, trabajo-, donde la crítica al sistema establecido se convertiría en un enloquecido movimiento de la pureza como diría José Revueltas, sin dejar de señalar ante ello la historia de unos de los manicomios más importantes y significativos durante la dictadura porfirista, como fue el Manicomio de la ciudad de México, conocido como La Castañeda.

“Una de las grandes diferencias entre las instituciones medievales establecidas en las ciudades donde se acomodaba a los locos (hospitales, hospicios, asilos, cárceles) y el manicomio, es la que media entre custodiar a los enfermos sin mayores pretensiones de alcanzar su mejoría y la búsqueda deliberada de un fin terapéutico”.

Donde el surgimiento de éste, sería unos de los proyectos modernizadores en el México pre-revolucionario, el cual tendría sus diferentes vertientes y perspectivas para encaminar su programa y, por ende, sus dificultades para darle un sentido de pertenencia a sus funciones que en un inicio estarían a la altura de aquellos países sobresalientes en esta materia.

Es después del 1 de Septiembre de 1910, fecha en que se inaugura conmemorando el centenario de la Independencia de México, que el nosocomio se vería con altas y bajas debido al estallido de la Revolución el 20 de Noviembre de ese mismo año y en el que se recibirían a personas de diversa estratificación social y del interior de la república, siendo muchas de ellas sin algún antecedente médico. Lo que llevaría al personal del hospital y a su diseño a tratar a los cientos de pacientes que venían de años de explotación, miseria, pobreza y exclusión por el llamado a la modernización y claro está de la lucha revolucionaria, así como a enfrentar cada una de sus problemáticas al interior, como era poco presupuesto para la adquisición de materiales de trabajo, comidas, salarios para su personal y un espacio habitable para la rehabilitación de sus pacientes. Sin omitir que años antes la comisión designada de investigar y plantear las razones para su construcción, en el que el hijo del presidente se encargaría de eso, y ante el proyecto modernizador que seguía en pie de “orden y progreso”, los argumentos para llevar a cabo la edificación de ésta era que nuestro país, en materia sobre Psiquiatría, se colocaría muy pronto a la altura de los países más civilizados y humanitarios, sin visualizar en ese contexto lo que se acercaría y arrojaría la Revolución permeando las actividades del manicomio.

Fue de esa forma como las autoridades en su inicio comenzarían a enviar recursos necesarios para su establecimiento y más adelante se convertiría en el centro idóneo para la formación de médicos interesados en el tratamiento de enfermedades mentales, sin contar con estudios formales universitarios. Siendo que en pocos años, 1910-1913, la población del manicomio se comenzaría a incrementar, donde en éste último iniciaría un descenso debido a la elevada mortalidad que comenzaba a ser evidente por la influencia del colapso en que atravesaba el país, como lo fue con la toma de la Ciudad de México por las fracciones revolucionarias. En el que el manicomio sería tomado por las fracciones zapatistas y se sumarían a sus filas dos internos y un médico para continuar la lucha por tierra y libertad.

Este colapso se vería más evidente cuando en el año de 1915 se suscitaría una gran crisis que haría más clara la lucha y reivindicarían los ejes principales de los insurgentes, lo que fue nombrado como “el año del hambre”, debido a la pobreza, la desnutrición y los problemas de salud pública que traerían como resultado epidemias. Estos aspectos que se vivían en la ciudad junto a algunas declaraciones de funcionarios de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, al hacer una remembranza sobre el manicomio, lo llevarían a un cambio sustancial.

La probable confirmación de que el enfermo que ingresaba a la institución ahí se quedaba, hizo que pronto se aumentara la población de enfermos y en proporción inversa se descuidara su atención por la imposibilidad física y de personal adiestrado, al grado tal que en la Beneficencia Pública se tenía la convicción de que “no había recurso médico alguno sino exclusivamente de asilo para los locos.

Con este planteamiento quedaba claro que el objetivo principal del manicomio, que era para el tratamiento de los enfermos mentales, había dado otro giro, ya que comenzaron a ingresar delincuentes con sospechas de tener una enfermedad mental, indígenas sin padecimiento mental, sujetos con padecimientos cerebrales y prostitutas y en el que las autoridades del nosocomio no podían hacer otra cosa que aceptar órdenes de las autoridades gubernamentales.

El tiempo transcurría y el objetivo en materia terapéutica, como se daba en Francia y Estados Unidos en el ámbito de la Psiquiatría y México como uno de los países más humanitarios, se desdibujaba y con ello la demolición de La Castañeda a finales de la época de los sesenta. Debido a ello y con todas las problemáticas que comenzaron a surgir se decidió iniciar otro “proyecto”, denominado granjas, donde se trasladaría a los pacientes para poder rehabilitarse y de esa forma incorporarse a las actividades productivas, es decir, insertarse al medio social.

Fueron varias las granjas que comenzaron a ser utilizadas como sostén para el tratamiento de los enfermos – como es el hospital psiquiátrico Adolfo M. Nieto y San Pedro del Monte, en el estado de Guanajuato- y que de la misma forma que el manicomio de La Castañeda, tendrían un factor común: el desvinculo de muchos de ellos con sus familias. Donde en el Manicomio General se recibirían a personas de diferentes clases sociales, siendo dos factores los fundamentales, por un lado, serviría como encierro, y, por el otro, como fin terapéutico. Sin que se pudiera trabajar de manera adecuada por las circunstancias externas y por la precariedad en la infraestructura de la institución.

Fue a través del encierro como los diferentes gobiernos, durante las seis décadas de vida de La Castañeda, se desvinculaban de la salud de un sector de la población y reproducían lo que se había desarrollado durante la Edad Media: excluir y encerrar a los enfermos, a los que tenían una malformación y los que tenían ideas diferentes a la Iglesia, sobre todo Católica (de ahí al surgimiento de la Santa Inquisición y, al mismo tiempo, de la Reforma Protestante en Europa).

…no se trata de analizar las formas regladas y legítimas del poder en su centro, en lo que pueden ser sus mecanismos generales o sus efectos de conjunto. Al contrario, se trata de captar el poder en sus extremos, en sus últimos lineamientos, donde se vuelve capilar; es decir, tomar el poder en sus formas y sus instituciones más regionales, más locales, sobre todo donde ese poder, al desbordar las reglas del derecho que lo organizan y lo delimitan, se prolonga, por consiguiente, más allá de ellas, se inviste de unas instituciones, cobra su cuerpo en unas técnicas y se da instrumentos materiales de intervención, eventualmente incluso violentos. Un ejemplo, si quieren: en vez de procurar saber dónde y cómo se funda el poder punitivo en la soberanía tal como ésta es presentada por la filosofía, sea del derecho monárquico o del derecho democrático, traté de ver cómo el castigo, el poder de castigar, cobraban cuerpo, efectivamente, en cierta cantidad de instituciones locales, regionales, materiales, ya fuera el suplicio o la prisión, y esto en el mundo a la vez institucional, físico, reglamentario y violento de los aparatos concretos del castigo. En otras palabras, captar el poder por el lado del extremo cada vez menos jurídico de su ejercicio: ésa era la primera consigna dada.

Así fue como el manicomio realizaba funciones sirviendo de “soporte” a las políticas del gobierno en el ámbito médico, limitándose a llevar a cabo un trabajo, en verdad de rehabilitación de todos aquellos paciente y en el que los diferentes tratamientos médicos, de electroshock, de encierro, exclusión, etc., que se encontraban en La Castañeda, además de poco personal médico y de confianza, llevó a su colapso y a que algunos periódicos de esos años clasificaran a la institución como una dependencia de delincuentes, drogadictos, alcohólicos y prostitutas y la consideraran como parte de la historia negra del México posrevolucionario.

Fue hasta el año de 1968, días antes de la matanza en Tlatelolco, que a través del proyecto denominado “Operación Castañeda”, que el Manicomio General de la Ciudad de México es derrumbado y con ello el surgimiento de otros hospitales para el tratamiento, ya no de La Locura sino ahora de las enfermedades mentales, como es el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, Juan N. Navarro, para niños y adolescentes, el Hospital Psiquiátrico Adolfo M. Nieto, y el Hospital Psiquiátrico Campestre Dr. Samuel Ramírez Moreno, entre otros.

CONCLUSIÓN Es así como se plantean algunos elementos en torno al tema de La Locura y a la historia del Manicomio de La Castañeda, sin dejar de referir, que es sólo una breve parte en la historia de esa institución y de nuestro país. Sin omitir que en ésta misma hay dos fechas importantes como acontecimiento: la primera, que se inaugura en el año de 1910 donde se da el estallido da la Revolución Mexicana, y la segunda, que se derrumba en el año de 1968, mismo año que inicia el movimiento estudiantil y, por ende, la matanza de Tlatelolco.

Lo que también me lleva a que la construcción de una institución manicomial con cada una de sus características tiene que ver con su contexto histórico y, por ende, con una inestabilidad en el país en los diferentes ámbitos: económico, político, social y cultural, ya que en esa dinámica en que se encuentra la sociedad se van dando cambios y se sigue haciendo más evidente el estudio de la sociedades históricas.

BIBLIOGRAFÍA

-  Chesterton, G.K. Ortodoxia. Editorial. Fondo de Cultura Económica. México. 1997.

-  John, Keneth. México Bárbaro. Ed. Plaza y Valdez.

-  Sacristán, María Cristina. Una valoración sobre el fracaso del manicomio de La Castañeda como institución terapéutica, 1910-1944. Para una historia de la psiquiatría en México. Revista Secuencia no. 51, Instituto Mora, Sep-Dic. 2001.

-  Serie Cárceles. La Castañeda. Salamandra producciones y Once tv, México, 2005.

-  Foucault, Michel. Historia de la locura en la época clásica. Tomo I. Editorial. Fondo de Cultura Económica. México. 1988.

-  Foucault, Michel. Curso del 14 de enero de 1976. Defender la sociedad. Editorial. Fondo de Cultura Económica. México.1976.

Comentar este artículo