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Las Relaciones entre Individuos y Grupos Sociales.

Miércoles 19 de febrero de 2014, por REDACCION

Las Relaciones entre Individuos y Grupos Sociales.

Artículo enviado a la redacción por Iván Martínez Torres

Introducción.

El quehacer social y el estudio de la realidad han permitido el surgimiento de diversas teorías en torno a ello. Principalmente se ha originado un debate en relación a diversos enfoques y su importancia. Por un lado, un grupo de sociólogos defienden la importancia de teorías macro sociales para el estudio de la sociedad; mientras que otros lo hacen con la microsociología. Sin embargo, para los propósitos del siguiente ensayo conoceremos principalmente el enfoque micro social. Así, definimos la micro sociología como la teoría de las relaciones entre individuos y grupos sociales. Es decir, el estudio de los diferentes tipos de vinculación social o “formas de sociabilidad” que se establecen entre los miembros de una colectividad. La microsociología analiza las realidades concretas de la vida cotidiana de cada persona en su propio medio ambiente. Dentro de la micro sociología el trabajo etnometodológico es de gran importancia. De hecho, este tipo de análisis tiene sus orígenes dentro de la fenomenología y la obra de Edmund Husserl, quien pone un interés fundamental en el sentido de las acciones. Husserl afirma que un análisis sobre la intencionalidad solo se podrá realizar en la medida en que se trate como objeto de investigación el mundo cotidiano del actor. Principalmente estos planteamientos son retomados por exponentes de la etnometodología como Alfred Schutz y Harold Garfinkel, quien añadirá elementos esenciales a esta labor. La etnometodología surge como una ciencia de los etnométodos; es decir, de los procedimientos que constituyen el razonamiento sociológico práctico; el análisis de las acciones habituales. La etnometodología se inicia en la década de los 60’s en la Universidad de California (UCLA) desarrollándose en países de Europa como Inglaterra y Alemania primeramente, y después en Francia. Teniendo exponentes como Harold Garfinkel y Alfred Schutz entre otros. Así la etnometodología es el estudio de la vida cotidiana, del mundo social intersubjetivo, el estudio de las relaciones cara-cara. Entre los principales conceptos desarrollados por la etnometodología se hace referencia a los siguientes: Práctica: la etnometodología trata sobre actividades prácticas de los sujetos, su objetivo es averiguar cuáles son las actividades que se convierten en métodos comunes que dan sentido a su vida. Indexicalidad: al estar construida la vida social a través de un elemento tan fundamental como el lenguaje, es importante reconocer su importancia en un contexto o en determinada situación, porque de hecho, será por este contexto el que se le otorgue cierto significado; Afiliación: proceso a través del cual los sujetos aprenden y manejan un lenguaje, normas y valores de un determinado grupo; Miembro: surge como consecuencia del proceso de afiliación al incorporarse un sujeto a determinados grupos sociales; La acción y el papel atribuido al actor: dentro de este enfoque el actor es quien hace y no es hecho por determinismos que trata al actor como sujeto pasivo y manipulado por estructuras sociales. Schutz elabora en base a la comprensión de la acción, definida como una conducta que se efectúa de acuerdo con un plan de conducta proyectada, su Teoría de los Motivos, constituida por: a) El motivo “para”: se refiere al futuro y es idéntico al objeto o propósito para cuya realización la acción misma es un medio. Este motivo es la futura situación que la acción proyectada debe concretar. Está integrado por sistemas subjetivos de planificación; B) El motivo “porque”: referido al pasado y puede ser considerado razón o causa. Se integra, a diferencia del motivo para, por sistemas de personalidad, las experiencias de actitudes básicas en el pasado. Mediante estos postulados Schutz menciona que el científico social puede estudiar la acción social. Así, “las cosas sociales solo son comprensibles si pueden ser reducidas a actividades humanas; y éstas se las hace compresibles solamente mostrando sus motivos ‘para’ o ‘porque; sólo puedo comprender los actos de otras personas si logro imaginar que yo mismo realizaría actos análogos si estuviera en la misma situación, impulsado por los mismos motivos ‘para’” (Schutz, 1964:26). Al ser el mundo de la vida cotidiana un espacio público, los sujetos compartimos con nuestros semejantes sectores de espacio y tiempo; lo cual presenta diferentes aspectos y grados de nuestras relaciones. Existen diferentes tipos de relaciones según Schutz: Relación nosotros pura: en esta relación compartimos inmediatez temporal y espacial, existe la atención consiente a un semejante (orientación tú), se capta la existencia de un semejante que debe estar presente aquí y ahora. La orientación tú no es pura, sino unilateral o recíproca; es decir, se me ignora por parte de mi semejante o se me toma en cuenta; Relación cara a cara: esta relación esta basada en nosotros pura, en ella obtengo conocimiento del aspecto específico de la vida conciente de mi copartícipe. Se inicia con el proceso de interacción por el cual conocemos la subjetividad de nuestro copartícipe, los motivos que orientan su acción; Relación nosotros concreta: esta relación esta contextualizada en espacio y tiempo. Así, el observador científico, interactúa con su objeto de estudio y trata de comprender las relaciones y rutinas de los actores, los motivos que dan sentido a su actuar, .tomando en consideración la subjetividad de los actores. El científico planteará así, la tipificación de las acciones de lo sujetos, pero es necesario aclarar, que dichas tipificaciones son construidas de acuerdo al actuar de éstos y no una especie de modelo hecha por el científico, quien solo tendrá la tarea de comprenderlas y explicarlas. Dentro de la lógica de la etnometodología existe un elemento fundamental en la construcción del análisis de la realidad social: la utilización del trabajo de campo. Puede definirse como el período y modo de la investigación dedicado a recopilar y registrar datos. El término fue introducido a principios del siglo XX por Haddon; pero menciona Malinowski (Díaz, 1997) que cada investigador forma su propio concepto de trabajo de campo, pues existes diversas formas de llevarlo acabo. El trabajo de campo presenta principios fundamentales, en los que encontramos: a) La utilización de la mente y la emoción como instrumentos para conocer y comprender una cultura. b) Una cultura debe ser vista a través de quien la vive y a través del observador científico. c) Una cultura debe ser tomada como un todo, pues las conductas culturales no pueden ser aisladas del contexto en que ocurren. Por lo anterior el trabajo de campo, relacionado ampliamente con la etnografía, es definido como el tránsito entre dos culturas diferentes; donde el investigador es el mediador entre ellas. Una vez conocidos los principales planteamientos teóricos y las formas de investigación de la etnometodología, se procede a presentar el análisis de los tipos de públicos que asisten a las diferentes exposiciones, tanto de los espacios públicos (atrios, avenidas principales, plazas, etc.), como de los espacios cerrados (museos). En lo que se refiere a la observación (realizada con fines de investigación) es posible desarrollar la problemática de los extrañamientos que surgen al observar al público asistente a exposiciones, tanto de los espacios públicos (atrios, avenidas principales, plazas, etc.), como de los espacios cerrados (museos). El extrañamiento que me surge es la diferenciación entre el tipo de público que asiste a los espacios abiertos y el tipo de público que asiste en los espacios cerrados. El público que asiste a las exposiciones de museos, no es el mismo público que asiste a exposiciones al aire libre pero ¿Qué es lo que determina esto? ¿Su comportamiento en base a la interiorización de normas que rige el mismo recinto?, ¿Su habitualidad de asistir a él, les da el conocimiento de las normas, para poder comportarse dentro del mismo? Esto nos hace ver que existe una clara distinción clasista que genera el mismo lugar, es decir el tipo de exposición genera su propio público. Esto, claro, con base a la habitualidad de consumo cultural de cada público, por lo tanto se hizo una comparación entre los hábitos de consumo cultural de cada público para poder fundamentar lo mencionado; ya que si bien, el tipo de público que asiste a los espacios abiertos es un público bastante heterogéneo el tipo de público asistente a los espacios cerrados es más selectivo y me atrevo a mencionar que es quizás un tipo de público conocedor o con hábitos culturales constantes. Es por lo mencionado anteriormente que la cultura que existe en las sociedades capitalistas, si bien es una misma cultura para todos, en la cultura también existen subproductos culturales adaptados y modificados para las clases populares. Esto, claro para diferenciar a las clases populares de las clases hegemónicas, y asegurar así su reproducción, ya que en los museos existe una complejidad, la cual se percibe a través de la presencia física de los visitantes que acuden a un museo y se mueven por su edificio, fundamentalmente para observar alguna exposición y tener contactos ocasionales con el personal del museo. Esto claramente lo da la habitualidad de asistir constantemente a los museos y por lo tanto el conocimiento de las normas establecidas por el mismo para acudir a ellos, además de tener implícito un capital cultural para poder entender y comprender descifrando los códigos culturales que encierran cada exposición cultural. A diferencia de las exposiciones al aire libre o exposiciones abiertas que sin duda están destinadas para un público sumamente popular y sin un capital cultural dominante, ¿Porqué donde existe la complejidad de observar una serie de productos culturales en una avenida o unas serie de fotografías de paisajes de agua en distintos lugares?, lo más complejo que se menciona es que…” Son bonitas o tienen una perspectiva muy bonita” sin llegar a una reflexión más allá de englobar a esta serie de piezas como “bonitas o feas”. Por supuesto que me baso en la idea de Christian Baudelot y Roger Establet de la escuela capitalista ya que los sistemas educativos y culturales de países capitalistas encierran en sus prácticas escolares y sociales, formas de enseñanza que son completamente distintas según corresponda a una u otra clase social. Aunque hay una ideología dominante implícita en estas formas diferenciadas de enseñanza, por un lado la escuela prepara a los alumnos para una pronta inserción en el mercado de trabajo, y por otro lado, se espera que los alumnos de clases sociales superiores permanezcan en la escuela hasta llegar a los ciclos superiores de enseñanza. Esto en un marco de aparente igualdad de contenidos curriculares. Así, se revela la existencia de una clase dominante que se ha apropiado del conocimiento y de sus aplicaciones prácticas. ¿Pero a qué conocimiento se hace referencia aquí? Se hace referencia a las formas sistemáticas de conocimiento características de la ciencia moderna. Anthony Giddens (2000), citando a Daniel Bell, explica que la producción de este tipo de conocimiento, que es de lo que se han apropiado las clases dominantes, es la fuerza más dinámica en la configuración de la sociedad moderna. La reproducción de esta sociedad moderna requiere de una inculcación ideológica diferenciada y bien sistematizada. Para ello buena parte de la alfabetización está en manos del Estado: “a través de la alfabetización, todo el universo de los saberes y de la moral llega [diferenciado] al estudiante” (Baudelot y Establet, 2003: 131). Es de esta manera que, aseguran los mismos autores, los contenidos escolares no se enseñan de la misma forma a la clase social dominante que a la clase social explotada. Incluso, se halla en la práctica escolar una moral destinada a la alta burguesía: “moral de la grandeza, moral de la serenidad interior y del dominio de sí mismo, moral de hombres de Estado y de generales” (ibíd: 133) y una moral destinada a las clases trabajadoras: “a los futuros proletarios se les asesta un cuerpo de ideas burguesas simples [una moral aspiracional]” (ibíd: 139). La realidad de un sistema escolar profundamente injusto y discriminatorio cuya parte esencial está constituida por secciones desvalorizadas, callejones sin salida y vertederos que llevan a los hijos del proletariado directamente de la escuela a la producción y a los trabajos subalternos. Lo anterior parte de que la dominación de la ideología burguesa en las sociedades burguesas no implica una uniformidad ideológica ni una uniformidad de cultura en toda la sociedad, sino al contrario, un juego de diferencias ideológicas y culturales que corresponden a las demarcaciones de clases. Por ende, la pequeña burguesía nunca constituirá una clase social propiamente hablando. Al contrario, está compuesta de capas sociales heterogéneas. Mientras que para evitar todo desarrollo de una verdadera “ideología proletaria” se impone a las clases trabajadoras una “ideología popular” que en el fondo no sería más que otra forma de ideología pequeñoburguesa. La ideología es una representación de la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia. Los hombres no representan en la ideología, sus condiciones reales de existencia, su mundo real; representan sobre todo su relación con esas mismas condiciones de existencia (Althusser, 1968). Cada ideología siempre existe en un aparato o en las prácticas que lleven acabo en el mismo, y esta existencia es material. “La existencia de las ideas de su creencia es material en cuanto a sus ideas son actos materiales, insertos en practicas materiales normadas por rituales materiales definidos por el aparato ideológico material del cual derivan las ideas de este sujeto”(Althusser,1968:137) la ideología solo existe por y para los sujetos. La cultura es diferenciadora y clasista como lo menciona PB (Pierre Bourdieu). Ya que toma dos ideas centrales del Marxismo: que la sociedad está estructurada en clases sociales y que las relaciones entre las clases son relaciones de lucha, sin embargo considera que las diferencias económicas y materiales no son suficientes para explicar la dinámica social. PB menciona que el poder económico se reproduce y perpetua si simultáneamente logra una hegemonía cultural y ejerce el poder simbólico. Para PB ya que el habitus es un proceso por el que lo social se interioriza en los individuos y logra que las estructuras objetivas concuerden con las subjetivas; El habitus es el concepto que permite articular lo social y lo individual; El habitus programa el consumo de las clases aquello que van a sentir como necesario (Canclini, 1997). En el modo de producción cultural se vuelve evidente que la estructura global del mercado simbólico configura las diferencias de gusto entre las clases, ya que el capital simbólico se considera como la adquisición, acumulación e instrumentalización de valores considerados legítimos entre los grupos a los que se pertenece. Se manifiesta con distintos grados y formas de reconocimiento social (prestigio, carisma, credibilidad, reputación o notoriedad que están asociados a los cargos, nombramientos, distinción status o a la simple posición [bienes valorados socialmente, títulos, relaciones sociales honor, conocimiento] aunque no varía siempre relacionado con las otras formas de capital [social, económico y cultural]. Ya que quienes saben donde están y conocen el terreno, suelen ser personas más estables, relajadas y receptivas que aquellas que no lo conocen. Cuando la gente está desorientada y perdida es normal que se sienta tensa y nerviosa, incapaz de concentrarse en otra cosa que no sea el situarse. En el capital cultural existen tres formas de capital las cuales se remiten al incorporado que son los recursos adquiridos por la socialización básica, familiar y no puede ser heredado o donado, el institucionalizado se remite a los certificados que pueden ser intercambiados por posiciones. Lo que importan son los títulos obtenidos y por último el objetivado que está formado por bienes culturales que permiten disponer de los medios de consumo de los objetos culturales” (Canclini, 1997:35). La calidad de la experiencia del visitante, el valor del dinero y las redes sociales se convierten en consideraciones importantes del capital social; para PB son los agregados de recursos presentes o potenciales de que se disponen por pertenecer a un grupo. Son redes sociales relativamente institucionalizadas a las que se puede acudir. El volumen de esta forma de capital depende del tamaño de la red de conexiones que se pueden poner en movimiento y del volumen de las otras formas del capital que ese grupo posea (amigos, cercanos o no tanto, miembros de un club, por ejemplo la nobleza en las sociedades modernas). La manifestación aparentemente más libre de los sujetos, el gusto, es el modo en el que la vida de cada uno se adapta a las posibilidades estilísticas ofrecidas por su posición de clase. El gusto por el lujo de los profesionales liberales basado en la abundancia del capital económico que se remite a los bienes materiales, capital financiero, servicios y se expresa a través del equivalente dinero. La diferencia entre una exposición en un lugar cerrado ( museo) y una exposición al aire libre en gran medida consiste en la percepción de los públicos sobre un espacio cultural que ha sido institucionalizado por el tiempo y esto, claro por la diferenciación clasista que se las ha manejado a través de la ideología de la clase dominante, lo cual la cultura es la inculpación ideológica tratada bajo la forma de la ideología burguesa, misma que da el nombre de cultura y los subproductos culturales son partes de esa cultura tratadas y adaptadas dirigidas, por un interés de clase, así que las exposiciones culturales ni son únicas, ni son unificadoras. La distribución inequitativa del capital, en cualquiera de sus formas es la que define la posición relativa que cada agente va a ocupar en un campo. Los intereses y las estrategias de los agentes se orientan por la posición que ocupan en un campo, y por la configuración de sus habitus. Cada campo tiene objetivos específicos y se asocian con las combinatorias posibles de las distintas formas de capital y de habitus. A modo de reflexión de lo antes mencionado; el proceso histórico de socialización como un proceso reproduccionista que se divide en dos: Reproducción Cultural; es el estilo de vida familiar, así como vivencias en el hogar y la escuela transmiten esta reproducción y la segunda es la Reproducción Social: son las características económicas, políticas, así como la estructura material y política de la familia, son transmitidas por esta reproducción. La productividad específica del trabajo pedagógico se mide por el grado en que: Produce su efecto propio de inculcación, el habitus que produce es duradero, el habitus que produce es transferible, el habitus que produce es exhaustivo. La delimitación del contenido inculcado, la definición del modo de inculcación y la duración de esta es necesaria para producir de forma plena el habitus necesario en el que las clases dominantes y las clases dominadas reconozcan al hombre cultivado que establece la arbitrariedad cultural. Es el consumo, la manera de usar los bines transmutándolos en signos lo que permite diferenciar las clases sociales, la teorizacion del valor-trabajo, nos dice que sus estudios parten de los hábitos de consumo básicamente culturales, por lo que el valor otorgado a las obras de arte no debe ser entendido como la suma del costo de producción, sino dependiente del campo de producción, la articulación entre lo económico y lo simbólico no le da importancia a las relaciones económicas entre las clases, pero siempre lo hace en correspondencia con relaciones de poder simbólico. De esta forma, la clase dominante no sólo se impone en términos económicos, sino también culturales y simbólicos, la determinación en última instancia y el concepto de clase social, nos dice Bourdieu la clase social no es definida sólo en relación de la propiedad de los medios de producción, sino en términos culturales y simbólicos. La definición de clase debe estar relacionada con diversos aspectos, dada por la estructura de relaciones entre diversas propiedades. El modo en que se adquiere la cultura, configuran el habitus, por supuesto que los lugares, la ubicación y la interiorización de las normas implícitas en cada lugar de los mismos son clasistas y diversificadores. Los públicos mantienen un comportamiento coherente con respecto a sus habitus culturales y su capital cultural, es decir que nadie les tiene que decir como comportarse por que cada público ya lo trae consigo interiorizado y los que no lo tienen hacen notar el fenómeno de menosprecio social, hecho por ellos mismos por su falta de instrucción educativa y por consecuencia por su capital cultural. La selección específica del consumo cultural viene a ser dada claramente e intencionalmente por parte del público. Esto claro por su inculcación ideológica y cultural de la que fueron objetos en su reproducción clasista. Por supuesto que esto es sólo y únicamente una opinión y no una imposición de una perspectiva que me he ido creando a lo largo de mis estudios, no quiero decir que esto tenga que ser así, es solamente que las luces y las tendencias que me arrojo mi observación me hace ver que existen claramente estas diferencias entre las clases sociales y se reproducen así mismo, no es que quiera adecuar lo observado a la teorías existentes es sólo que me parece que realmente existe esta diferenciación entre las clases que por supuesto la clase dominante impone hegemónicamente y nos la hace ver como necesaria.

Bibliografía.

Canclini, Néstor (1997)” La sociología de la cultura de Pierre Bourdieu”

Bourdieu, Pierre (1995)”Respuesta por una Antropología Reflexiva”Mexico.

Pérez, Franco y Hamui Mery (2006)”Propuesta de Practica de Campo para Estudiantes del Área de Concentración en Sociología de la Educación” México.

Baudelot, Christian y Establet, Roger (2003) La escuela capitalista. México, Siglo XXI Editores. Giddens, Anthony (2000) Sociología. Barcelona, Alianza Editorial.

Palacios, Jesús (2002) La cuestión escolar. Críticas y alternativas. México, Ediciones Coyoacán.

Althusser, Louis (1968)”La filosofía de la revolución”

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