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El origen internacional del comic según Toutain.

Martes 11 de marzo de 2014, por z. kevorkian

Al repasar mi modesta colección de comics españoles o tebeos, la mayoría de ellos procedente de Barcelona, valoré tener en mis manos un momento privilegiado para atisbar en el género más elocuente de la fantasía, que hoy tiene dimensiones de franquicias transnacionales, e incluso géneros propios, en una verdadera explosión de una narrativa gráfica de contenidos independientes de la prensa masiva, aunque su origen precisamente al margen pero dentro de la prensa neoyorquina, salió de los recuadros para asumir un lenguaje, códigos culturales y experiencias literarias brutalmente originales.

Cien años después de salir la primera tira cómica, España se hizo tierra fértil para esta nueva modalidad de revistas dedicadas enteramente a presentar lo mejor de los artistas y guionistas del momento en habla hispana pero Barcelona fue también centro internacional de gran atractivo para artistas franceses, alemanes, estadounidenses, argentinos, italianos, etcétera, y se dio origen a revistas emblemáticas como 1984 y luego su reencarnación con Zona 84, pero sobre todo El Víbora y Totem, que llevaron el contenido alternativo para adultos a un nivel extraordinario, donde los temas de la fantasía en general, la ciencia ficción, las drogas, la música y el sexo daban cuenta de la liberación postfranquista, que hizo único ese momento en la historia de los comics, que desembocó en su época de oro española al terminar la guerra fría y el colapso del muro de Berlín y la Unión Soviética.

En fin este es el pretexto perfecto para regresar a este amado espacio de publicación, con una hermosa síntesis de la historia del comic, que encontré en el número 68 de Zona 84, del año 1989, cuando estaban congelados aún los huesos europeos por la guerra fría, número que salió a la luz a unos cuantos meses de la caída del muro, y la lenta entrada de la nube de millones de grises cargados durante una década de posmodernidad.

En esa fecha, a seis años de que se cumpliera el primer centenario internacional del comic, se realizó un debate para establecer precisamente su origen, vertido en un pequeño reportaje, firmado por Javier Coma, de la legendaria casa Toutain Editor, de Barcelona, que citamos ampliamente para rendir homenaje a ese modesto comienzo en un personaje emblemático, el Yellow Kid.

Escrito por uno de los más importantes críticos conocedores del comic, su historia y su lenguaje, Javier Coma nos explica con diáfana concisión el proceso de varias décadas, hasta completar el primer siglo de existencia de este género en 1996, hace ya dieciocho años de expansión inabarcable en la actualidad, pero en un principio fue…

El autor explica que once expertos, convocados por el salón de Lucca, decidieron establecer 1896 como el año del origen de la historia del medio, y que desde tiempo atrás los historiadores de los comics con mayor prestigio internacional defienden que el origen de esta forma de narrativa gráfica data de 1896, con el celebérrimo Yellow Kid and His New Phonograph, creado por Richard Felton Outcault publicado por primera vez el 25 de octubre de 1896 en un suplemento dominical The American Humourist, del diario The New York Journal.

Pero existe una voz disonante la del especialista británico Denis Gifford, quien defiende que el personaje humorístico Ally Sloper desde 1867, en la prensa inglesa, pero aceptó ir en consenso en Lucca y se acuerda entonces oficialmente que el origen de los comics es el Yellow Kid.

Dice Javier Coma que “No es precisamente ociosa ni sofisticada la iniciativa de fijar, con objetivos de difusión pública a escala mundial, una fecha de nacimiento de la historia de los comics. Estamos a seis años del centenario del medio y hacía falta que se conociera masivamente le fecha ya dada, en numerosas ocasiones, por los especialistas con mayor relevancia. Es fácil imaginar lo que puede dar de sí un centenario de los comics con celebración internacional y, sobre todo, impulsado por Estados Unidos, el país que resulta, automáticamente, más interesado en el acontecimiento. Una gran promoción, desde muy diferentes niveles, aguarda a la narrativa gráfica, y puede traducirse en un sinfín de actividades y ediciones con ingente repercusión cultural.

“Queda claro, espero, que lo que no podía hacerse, en ningún modo, era sacarse de la manga un origen convencional en aras a un inmediato centenario; el proceso, desde luego, se ha desarrollado a la inversa, o sea en virtud de un continuado reconocimiento de la instauración de los comics en 1895-1896 por la inmensa mayoría de los historiadores con obra de máxima importancia, desde Bill Blackbeard hasta Richard Marschall. Y no está de más recordar que en 1971 el New York Cultural Center presentó la famosa exposición de Maurice Horn 75 Years of the Comics, al tiempo que, bajo idéntico título, la editorial Boston Book and Art publicaba el libro catálogo, en gran formato y con tapa dura, que se convertiría en uno de los volúmenes históricos sobre el susodicho medio de expresión y comunicación”.

El cónclave de tres días en el Salón de Lucca reunió a personalidades como Hugo Pratt, Francisco de la Fuente, Franco Fossati, Giulio Cesare Cuccolini, y exposición de de Pierre Couperie, Art Spiegelman; Bill Blackbeard, y entre los ponentes, los norteamericanos Maurice Horn, Richard Marschall y Davis Pascal, los italianos Rinaldo Traini y Claudio Bertieri, el francés Claude Moliterni, el británico Denis Gifford, el brasileño Álvaro de Moya, el portugués Vasco Granja, y los españoles Luis Gasca y Javier Coma

“Subrayo que la selección no tuvo en cuenta representatividades nacionales sino los conocimientos y las obras individuales de los especialistas; y tampoco atendió a facilitar un rápido consenso, porque, en este caso, no se hubiera invitado al de antemano disidente frente al origen norteamericano de los comics Denis Gifford”, aclara el autor.

Explica que “se trató y se exhibió la aportación de los precursores de los comics, desde el suizo Rodolphe Töpffer hasta el alemán Wilhelm Busch, desde el italo-brasileño Angelo Agostini hasta el portugués Raphel Bordallo Pinheiro, desde el británico Charles Henry Ross, hasta los franceses Cham, Doré, Caran d’Ache y Christophe. Y era evidente que una cosa eran los precomics (textos ilustrados por imágenes, creados esencialmente para la lectura, acompañados por dibujos complementarios, que dominaban sobre cualquier excepción pantomímica, producto, además, antes de un desarrollo del humor gráfico que de un sustancial espíritu narrativo), y otra de los auténtico comics, donde textos e imágenes se fundieron en una puesta en escena de carácter eminentemente narrativo-visual”.

Para cerrar esta referencia no puedo menos que patentar mi extrañeza por la omisión eurocéntrica de toda una herencia de la historieta mexicana, que desde su época “precomic”, para ponerlo en los términos de Coma, que se remonta a los talleres de Guadalupe Posada, precisamente en la época del Yellow Kid, y ni qué hablar de Los Agachados y Los Supermachos, de Rius, y hasta el Kalimán, en su poderoso color sepia, pero en fin, hoy en día también en México hay importantes experiencias en el formato del comic contemporáneo o influenciado por el maga y el anime japonés, que son otras historias de este género que posiblemente tuvo su verdadero origen, tal lejano como las cuevas de Altamira.

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