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La lengua china, el principio de la armonía

Viernes 21 de marzo de 2014, por Alfonso Esparza C.

Hace dos años y medio tomé la decisión de estudiar chino mandarín animado por varias razones, un añejo interés, más allá de los años de preparatoria, en que cayó en mis manos un pequeño volumen de los breviarios del Fondo de Cultura, en que se despertó una intriga íntima por el proceso milenario encerrado en los caracteres, dispuestos como un eterno dominó de significantes y clústers de significados.

No voy a negar que más allá de la cultura, los mitos y hasta prejuicios por todo lo que es chino, quise probar una nueva oportunidad en una nueva encrucijada "inesperada" en mi vida, a mis 50 años bien cumplidotes, desilusionado, enfermo de estrés, sí, a güevo, de las puertas que nunca se abrieron, de las que se cerraron abruptamente... Ay ay ay el lloriqueo...

Me tomó un año pensarlo, y las opciones en el momento demasiado caras, de lujo casi, cuando fortuitamente, a una cuadra de mi casa, en la avenida Cuauhtémoc a un costado de la Delegación Benito Juárez, en la colonia del Valle, vi un gran letrero en chino y español: Instituto Confucio de México, y una manta con la oferta de cursos sabatinos de chino mandarín para todas las edades y niveles.

Hablé, estaban a punto de empezar los cursos de dos horas, algo extremadamente modesto para los objetivos, pero el precio estaba realmente muy accesible, siendo de la embajada china tiene un importante subsidio, institución que además aplica exámenes y certifica los niveles de avance, que son seis, y se aplican cada semestre.

Asentado el interés cultural y en sí por la lengua china siendo yo comunicólogo de la UAM-X donde nos dieron una muy buena leche lingüística, emprendí una pequeña investigación de mis oportunidades profesionales y sinceramente vi muchas, mismas que afortunadamente se perfilan mejor de lo esperado.

Primero fue el gran reto de desempolvar las neuronas, doblegadas por la inercia del trabajo, y disponerme de verdad a aprehender un conocimiento radicalmente nuevo, demandante, tortuoso, además de que todas las maestras son chinas y muy pocas hablan muy poco español; las dos raquíticas horas cada sábado no son nada, así que abundante tarea y exigencias severas en clase, y claro, de veintitantos que empezamos en pocos meses quedamos seis.

Yo mismo estuve en los bordes del naufragio, amartillado por oído de artillero para una lengua totalmente fonética-tónica como base de la semántica oral, que responde pero no depende de los signos gráficos, por eso se entiende que durante siglos las mayorías en China no sabían, ni necesitaban, saber leer ni escribir, siendo un arte reservado para los maestros, que hoy en día siguen siendo supremos artistas, como el embajador de China en México.

En fin, me obligué a una disciplina mental y física inédita en mi vida y pasé mi primer nivel en octubre pasado con 8.5, y en mayo voy por el segundo nivel, viendo cerca ya mi primer viaje a China, indispensable para el aprendizaje de la lengua. Pero no sólo eso. El horizonte se abre ahora con la tentadora incursión en la quiropráctica antigua china o Tuiná, muy poco conocida, y las técnicas de moxibustión (acupuntura con calor y hierbas), pues he tenido el honor de conocer en este transcurso a un apr de profesores y médicos, y la dialéctica existencial me pone ahora en las puertas de un conocimiento extraordinario que quiero absorber y traer para aplicar en México, tan cercanos al tío Sam y su cultura de la autodestrucción química-mediática.

Ahora que nos han aumentado al doble el número de horas de clase, y que nos han puesto talleres de conversación y caligrafía, sin aumento en la colegiatura, los grupos han engrosado, los intercambios y becas también, los congresos tienen más potencia, y las escuelas y universidades ya atienden al llamado de voltear hacia oriente, y en particular a China, que reedita su apertura global con muy fuerte interés en promover su lengua y su cultura, y el Instituto Confucio de la UNAM y un creciente grupo de universidades, como la misma UAM Xochimilco, que no tiene su Confucio pero sí una unidad de aprendizaje y desarrollo para enseñar chino moderno en el Centro de Idiomas del plantel, donde Alexis solano ha aplicado el uso de un software especializado para el aprendizaje de esta lengua.

La semana pasada en el Colegio de México se realizó el segundo Congreso Internacional sobre la enseñanza del chino, y me conmovió tremendamente encontrar cada vez más razones para seguir adelante con más energía en los motores y dedicarme por entero a esta misión, porque también quiero llevarles a los chinos toneladas de pozole, a cuenta de tanta baratija que les compramos, aunque esto está cambiando también (“peldón, sel una bloma chilanga”).

En este foro conocí a una gran dama, la doctora Liljana Arsovska, extraordinaria anfitriona y organizadora, pionera de la enseñanza del chino a hispanohablantes, autora de libros y estudios, que en una presentación de PowerPoint puso ante mis ojos la respuesta a la tan frecuente pregunta de “¿por qué estudias chino?”, y cito a la doctora: “espero poder enseñar un día el chino por medio del esquema 阴 (sujeto- yin) + 阳 (predicado- yang-sol), puesto que las palabras chinas son justo eso, cada carácter – palabra es un 道 pequeño (camino), cuando los muchos 道 interactúan entre sí formando enunciados, la relación entre ellos es justo la relación entre yin-yang de la filosofía china, son opuestos, complementarios, relativos y dialécticos”.

Hace un mes llegó una nueva “camada” de maestros chinos al instituto, como siete mujeres y un solo hombre, de 32 años, Wei Xingde, maestro de secundaria de lengua en China, su primera vez fuera de su país, llega a la ciudad de México y lo ponen a estudiar español como va, en el CELE de la UNAM, cinco horas diarias. Curiosamente se interesó en aprender wu shu (artes marciales) aquí en México, que nunca le dio por estudiar en su país, y ya que estará tres años en tierras aztecas, y desea aprovecharlos para el español y el kung fu, gustoso me auto comisioné para ser su guía y tratar de practicar un poco lo cual ha sido tan complicado, por esta cosa de la fonética casi matemática, que me insta a doblegar esfuerzos ya que para estudiar técnicas medicinales hay que tener una base general de wu shu, así que esto cada vez se está poniendo más y más interesante.

Y ya que estamos en las emociones mi mayor agradecimiento a la maestra Tang Wen que recién regresó a China y que estuvo con nuestro grupo como año y tres meses, por su entrega, interés y calidad de su trabajo, además de enseñarnos a hacer ravioles chinos.

Finalmente, esto es una invitación y el principio de otras experiencias, en mi labor como comunicólogo y comunicador. Para los jóvenes hay muchísimas oportunidades de viajar y conocer, proponer proyectos biculturales, y todo un mundo por vivir.

Para los artistas, nuevas fuentes de inspiración, al reconocer que desde hace más de 500 años fuimos occidentalizados a la fuerza. Hoy resulta que el maya y el chino tienen asombrosas similitudes, como lo mostró con sumo detalle una ponencia en el Colmex.

Para mí ha sido demasiado el paradigma de una zanahoria llamada éxito económico y social, frente al cultivo a la armonía y la salud como base del bienestar material.

Alfonso Esparza

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