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¿El ascenso de los indignados?

Lunes 23 de junio de 2014, por REDACCION

¿El ascenso de los indignados?

Berenice Pedraza

La verdad: no esperaba algo nuevo en el discurso de Andrés Manuel López Obrador. Mientras en San Lázaro los jóvenes respondían a las agresiones del gobierno entrante, con un saldo de dos heridos de gravedad y decenas de lesionados, AMLO pronunciaba con un tono de tristeza e indignación su desacuerdo por la violencia ejercida contra los manifestantes por parte de la policía federal y de la ciudad de México, pidió la renuncia de Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Secretaría de Gobernación y Manuel Mondragón, subsecretario de Seguridad Pública. Todos los presentes en el mitin, empáticos al sentir de su líder, gritaban consignas dirigidas a Peña Nieto ¡asesino, asesino! Sin embargo, la frustración colectiva, la tristeza social, la indignación e impotencia acumuladas no fueron suficientes para que AMLO se pronunciara por realizar acciones inmediatas para apoyar a los manifestantes en el Congreso de la Unión, como lo hizo en el 2006, cuando AMLO llamó a la resistencia civil pacífica al convocar a sus simpatizantes para hacer un plantón en avenida Reforma. El motivo del plantón en 2006 fue canalizar el enojo de la gente hacia quien ganó la presidencia y pronunció su frase más conocida “haiga sido, como haiga sido”. Era palpable un posible desbordamiento social, una catarsis colectiva como la que se vivió este sábado 1 de diciembre. Los medios de comunicación no dudaron en desacreditar al movimiento, el cual hasta el momento lo usan para generar una guerra mediática hacia quien consideran “un peligro para México”. Ahora también los poderes fácticos tratarán de implantar en el imaginario social el estereotipo de “los violentos” para los movimientos en contra de Peña Nieto y “los pacíficos” para aquellos que ostentan el poder económico, social y cultural en México. A diferencia de 2006, AMLO se ha mantenido al margen de los otros grupos como el #YoSoy132, ya no es el único líder de oposición ni tampoco puede controlar la ira colectiva de los indignados. Esa frase de continuar luchando por medio de una resistencia civil pacífica-activa ha sido la máxima de su movimiento. El tabasqueño ha logrado mantenerse en la escena pública, a pesar de los constantes ataques mediáticos hacia su forma de hablar y de actuar para evitar la entrega de los recursos naturales de la nación y, al mismo tiempo, evidenciar el fraude electoral con pruebas contundentes de triangulación de recursos públicos para la compra de votos masiva. Ningún argumento ni testimonio fueron los suficientemente convincentes para el veredicto de los dos órganos reguladores en las elecciones: el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Federal Electoral, los cuales avalaron el regreso del PRI a los Pinos. Situación que ha puesto nuevamente en duda si México vive en una democracia. El movimiento #YoSoy132, así como el movimiento de AMLO han puesto sobre la mesa el significado real de la palabra “democracia”, desde el 2006 muchos indignados han continuado trabajando en la concientización social para lograr la transformación de las condiciones precarias de pobreza, educación, empleo y seguridad que se agudizaron durante el sexenio de FECAL, quien para legitimarse apostó a la retórica de la guerra, a las cifras rojas que sembraron incertidumbre, miedo y odio en la población. ¿Qué sigue para los indignados? ¿A qué discurso y acciones deben apegarse? ¿Qué nos toca a los que todavía creemos que no tenemos nada que perder? ¿Qué sigue para los que ya perdieron familiares, amigos, casa, empleo, seguridad? ¿En qué punto deberíamos encontrarnos para lograr la paz y la seguridad social? Paulatinamente México ha ido perdiendo territorio, costumbres, cultura, recursos naturales y seguridad social. Las grandes empresas como el grupo Modelo, COMEX, las mineras han pasado a manos extranjeras. Por años, la población ha estado inmersa en un constante ambiente de violencia, la cual se refleja en la injusta repartición de la riqueza, en las pocas oportunidades de conseguir un trabajo digno, de planear un futuro próspero y ser tratados como consumidores. El primer paso y el más difícil sería entender y aceptar nuestra realidad, salir de nuestra burbuja de “confort” y empoderarnos de nuestro entorno. La navidad y las posadas están a la vuelta de la esquina, los regalos y el ponche nos distraen para no pensar en lo urgente, ojalá que en esta época de buena voluntad nos lleve a reflexionar y actuar para lograr la transformación que necesita nuestra sociedad.

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