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De princesa a mujer: El estereotipo femenino en los cuentos de hadas

Miércoles 2 de julio de 2014, por REDACCION

INTRODUCCIÓN

Por: Montserrat del Carmen Hernández Esquivel

La industria cinematográfica estadounidense a lo largo de su historía, ha fungido como un aparato ideológico, que influye de manera trascedente en los individuos de cada sociedad. El cine, como industria cultural en el moderno mundo globalizado, transmite estereotipos y roles sociales, que son aceptados por el “imaginario social” de cada espectador, y a su vez proponen modelos y construyen discursos ideológicos, para que el emisor construya un imaginario que ve al mundo como “bueno y malo”. El cine ha nacido en el seno de una civilización en la que lo fantástico estaba ya relegado en el children´s corner. Sin embargo, para el cinematógrafo Edgar Morin la historia del cine no se abstiene en modo alguno de volver a comenzar la filogénesis imaginaria; ya que su momento primero es el de lo fantástico. Así pues, el cinematógrafo, Jano Bifronte, presentaba lo real y lo irreal en la misma unidad indiferenciada. La imagen objetiva era un espejo de subjetividad. No era de lo real y de lo maravilloso. Una ilusión de la realidad. Una realidad de la ilusión. El cine ha conservado y exaltado esta virtud que da a los “paroxismos de existencia un carácter sobrenatural”. Sin embargo, la originalidad revolucionaria del cine es la de haber disociado y opuesto, como dos electrodos, lo irreal y lo real. Méliés, fue quien realizó la primera escisión.

- LAS PRINCESAS Y LOS CUENTOS DE HADAS En el ámbito de la infancia, al menos en la cultura “civilizada”, y para la cultura popular los cuentos hasta el alba de nuestra época seguían siendo realidades vivas para todos. Sin duda se puede decir para aclarar; los cuentos para el psicólogo Jollés André, son una oposición a la novelas, “formas sencillas”, es decir, que reposan en estructuras narrativas unidimensionales. Un cuento va en un sentido: rara vez se subdivide en varios relatos, las novelas, desde su origen, son formas complejas. Los cuentos son estructuras narrativas cerradas. Los cuentos terminan el “había una vez” ritual implica de lo que se va a decir no ocurrirá efectivamente “más que una vez”. Los niños perciben bien este cierre. Hasta tal punto, que desde los tres años, cuando cuentan un cuento, anuncian que así es como termina. Los cuentos presentan o “presentifican” personajes, su número, en general, es reducido; espacios lugares “mágicos”, bosques castillos fantásticos, y lugares familiares, interiores de casas, de granjas, etc., unos y otros variables según la naturaleza del cuento. Vladimir Propp y algunos formalistas han trasformado la presencia en todos los cuentos (facilimente y sin riesgo es posible encontrar “funciones” inclasificables que extienden el análisis de Prop a otros corpús diferentes al de los cuentos maravillosos), situaciones actanciales cuyo número es limitado (31 funciones para Propp). No todos los cuentos contienen dichas funciones, pero aparecen siempre en la misma sucesividad. Por ejemplo, la secuencia XX, XXI, XXII, el héroe regresa, el héroe es perseguido, el héroe es ayudado, se presenta siempre en este orden. Para el psicoanalista Bettelheim Bruno ha considerado toda clase de consecuencias respecto a la función “aseguradora” de los cuentos; más exactamente, respecto al hecho de que los riesgos son menores y que sólo aparecen en el terreno de la imaginación, lo que tal vez sea una manera de vivirlos por partida doble sin asumirlos físicamente. Para los niños, la audición de las variantes del mismo cuento permite dividir la “diversidad de las culturas”, como lo dice Nicole Gueunier, tal es el caso de las películas: Blanca nieves y los siete enanos (1937), La cenicienta (1950), La bella durmiente (1959), La sirenita (1989), La bella y la bestia (1991), Pocahontas (1995), La princesa y el sapo (2009). Sí tomamos por ejemplo la versión de Perrault y la de los hermanos Grimm, en La Cenicienta, veremos que en el primer caso la heroína vive en una sociedad relativamente civilizada, en Perrault, cuando la cenicienta había terminado su trabajo vemos como iba a colocarse en el rincón de la chimenea, y a sentarse en las cenizas, debido a lo cual en su casa le llamaban Cenicienta. La hermana menor que no era tan mala como la mayor la llamaba “cenicienta”. Y en los hermanos Grimm, encontramos; “por la noche, cuando estaba agotada de tanto trabajar, no descansaba en su cama, tenía que acostarse cerca de la chimenea, entre las cenizas. Y con ello le dieron siempre un aspecto polvoriento y sucio, la llamaban Cenicienta. Los dos breves textos anteriores, nos representan variaciones muy notables, con la diferencia que ocurre debido a “estructuras diegéticas” en las dos versiones del conjunto del cuento. Sin embargo, aun tomando en cuenta la traducción que de todas maneras reduce las diferencias, estamos en dos universos radicalmente distintos. La versión de Grimm más cercana a las fuentes populares y universales de ese cuento, muestra el aspecto “polvoriento y sucio” de Cenicienta. En Perrault, sentimos el preciosismo; “la hermana menor, que no era tan mala como la mayor, la llamaba Cenicienta”. Ciertamente, estas son dos versiones escritas, en particular la de Perrault, y habría que compararlas con el gran lenguaje hablado, aspecto que en el análisis cinematográfico hablaremos. Por esta razón es seguro que el niño y la niña de 7 a 10 años es capaz de percibir, y por ello, de imaginar sin decirlo. Al escuchar los cuentos, los niños, como por otra parte los adultos, se olvida para reencontrarse. Pero en general “el niño olvida más fácil y rápidamente que los adultos. Se reencuentra también “con mayor facilidad en la piel imaginaria de un héroe o de una heroína. Se han descrito muy a menudo los fenómenos de identificación (o de rechazo), mediante los cuales un niño o una niña se convierten en el héroe, no forzosamente triunfante y del mismo sexo”. La identificación del niño con el héroe implica la apropiación de otro lenguaje, un lenguaje que, de cualquier manera que se presente, debe tomarse, de “la boca al oído”. Es decir, los cuentos constituyen así para el niño cierta imagen social. Para el psicólogo Geroges Jean, no existe todavía un verdadera sociología de los cuentos, pero en general se puede hablar de tres categorías de individuos; los que tienen poder “temporal”: reyes, reinas, y princesas de los cuentos de hadas; los que tienen nada mas sus brazos para trabajar; la gente del pueblo, campesinos y artesanos, y por último los que tienen poderes mágicos para practicar el bien como el mal; hadas, magos, brujas, ogros, duendes. La imaginación infantil”se convierte entonces, en imaginería, la división de tres categorías en los cuentos de hadas representa así un sociedad muy tranquilizadora e insidiosamente racista, en donde los grandes y malvados, devoran a los pobres y mansos. Sociedad de sensiblería y dulzonamente antropomórfica como lo aparece en las adaptaciones de Walt Disney de cuentos famosos”.

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