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Hacia la radicalización de los movimientos sociales

Lunes 17 de noviembre de 2014, por Salvador V

En la ya compleja estructura social de México se han visto daños irreparables que han reclamado la resolución inmediata de las coyunturas sociales por parte del Estado mexicano. Así los movimientos sociales han surgido como respuesta a las disparidades mundiales producidos por cambios económicos del último siglo, permitiendo la organización de diversas identidades, a decir de las indígenas, las campesinas, las sindicalistas, etc., en aras de un cambio que el Estado no ha podido generar. Es por ello que las manifestaciones sociales han diversificado sus formas o estrategias contemplando las marchas, los asentamientos, los mítines, como formas pacíficas de expresión. Si bien, los movimientos producidos por movilizaciones espontáneas se han multiplicado en los últimos años, es a partir del engrosamiento de acciones que involucran a diferentes identidades sociales que se ha ejercido una presión al Estado.

Las reformas estructurales que se han generado en el sexenio de Enrique Peña Nieto, han remarcado no sólo el interés del Estado mexicano por el mercado internacional, sino que acentúa las deficiencias en cuanto a salud, seguridad, trabajo, educación, etc. que sufre la sociedad. Así dichas Reformas evidencian la precariedad laboral de los trabajadores; la deficiencia educativa que apela a la formación de mano de obra barata, así como al uso indiscriminado de los recursos naturales nacionales por parte de empresas extranjeras con altos beneficios no destinados a la sociedad mexicana.

La respuesta por parte del sector civil se ha hecho evidente en diferentes manifestaciones sociales, mismas en las que el sector estudiantil ha jugado un papel fundamental. De esta manera, el movimiento del Instituto Politécnico Nacional, quien decidiendo el paro indefinido hasta la ratificación de su plan de estudios, seguido de los normalistas guerrerenses, abren un capítulo en la lucha de clases sociales.

El caso específico de los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ha sensibilizado al mundo entero; primero por los hechos ocurridos el 26 y 27 de septiembre, cuando 43 estudiantes fueron desaparecidos y 6 personas murieron tras un enfrentamiento directo con los policías municipales de Iguala y Cocula. La indignación social se ha dado no sólo por la participación evidente de las autoridades mexicanas, que coludidas con el crimen organizado, utilizan el aparato de justicia para disolver las movilizaciones sociales, sino por la ineficiencia en el esclarecimiento de los hechos pues a pesar de que hasta el día de hoy van más de 80 detenidos entre los que figuran elemento de la policía y funcionarios públicos, no se ha dado respuesta a los familiares de los estudiantes normalistas.

Aunque el movimiento del IPN se vio rebasado por los acontecimientos en la comunidad de Ayotzinapa, Guerrero; se ha dejado ver no sólo la solidaridad nacional, sino la indignación mundial hacia el aparato del Estado; y es a partir de esto que se comienza a ver una presión hacia el Gobierno mexicano.

Mèxico 68 Las marchas pacíficas a lo largo y ancho del país así como en diferentes partes del mundo, dejan ver la unión entre estas diferentes identidades que por años han mantenido una lucha para garantizar sus derechos; por primera vez después de mucho tiempo (México, 1968) el país clama justicia a un unísono; las calles se han tomado, las escuelas se han cerrado, las casetas se han liberado para obtener fondos para los familiares que han tenido que dejar sus trabajos para encontrar a los normalistas secuestrados; la concientización estudiantil llevada a las calles, la reapropiación de consignas ya olvidadas (como la de Atenco), el resurgimiento de una conciencia social; todo ello prometiendo un movimiento que va más allá de lo superficial, de lo inmediato, de lo actual, un movimiento que quiere revolucionar.

Las manifestaciones sociales generadas en el país ya no se contentan con marchas y con cierres de instituciones educativas –mismas que se han intensificado y generalizado–; sino que recurren a nuevos planes de acción, pues no se trata sólo de la indignación por la desaparición de los compañeros de Ayotzinapa y la incompetencia por parte del aparato de justicia federal, sino de una lucha contra un Estado enfermo, uno que sobaja al pueblo mexicano y cuyo principal interés se inclina hacia un sector privilegiado, relegando los derechos de la población en general y aniquilando a las minorías y a quienes atentan contra él. Los movimientos entonces, radicalizan acciones, radicalizan pensamientos.

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