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Turismo revolucionario

Martes 27 de enero de 2015, por REDACCION

Turismo revolucionario

Por Susana Sánchez Flores

Quizás uno de los asuntos más preocupantes de la participación social es el llamado turismo revolucionario. En las actuales manifestaciones sociales la participación civil así como de diversas organizaciones nacionales y extranjeras, organizaciones políticas, colectivos, organizaciones estudiantiles, etc., ha aumentado considerablemente; no obstante, la legitimación de muchas de las acciones que se llevan a cabo en el marco de la manifestación social, se ve empañado a causa de dicho fenómeno.

Hacer política se ha convertido en una labor que más allá de ser un tabú para los medios oficiales y contraproducente para el Estado, deja mucho que desear dentro y fuera de las manifestaciones. Un ejemplo muy claro de ello es lo que ha ocurrido a raíz de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero. Tras los trágicos hechos, se hizo notar el apoyo de las diferentes organizaciones civiles y políticas así como estudiantiles, quienes bajo el argumento de la solidarización con los familiares de los normalistas han llevado a cabo diversas actividades como: acopio, apoyo económico, foros de concientización en comunidades dentro y fuera de Guerrero, así como en escuelas preparatorias y universidades, marchas pacíficas en todo el país, paros laborales, liberación de casetas, etc. Y es esta misma solidarización la que ha permitido que diversos sectores voltearan a ver realidades sociales, que se preocuparan por construir dentro de sus mismos espacios y que se preocuparan por otros que, aunque lejanos, comparten más que sólo la nacionalidad.

No obstante, esa misma solidarización trajo consigo intereses más personales que comunitarios. Y es muy común ver a personas que quieren sacar provecho, en el sentido de que les es más importante su propio protagonismo que el apoyo que puedan brindar a los afectados. Grupos de extranjeros que realizan proyectos cinematográficos para concursos con temáticas sociales, grupos de jóvenes que más que apoyar sólo acuden a las comunidades a divertirse, a caminar por sus calles y tomarse fotos para subirlas en redes sociales. Lo criticable no es que se lleven a cabo dichas acciones que al final de cuentas no construyen y que le quitan seriedad a las causas sociales, lo indignante es cuando bajo el pretexto de apoyo a dichas causas, se llevan a cabo acciones que no benefician a nadie y que penen en riesgo no sólo la legitimización, sino el apoyo de la población en general, e incluso ponen en riesgo vidas humanas.

Habría que pensar que para poder apoyar, hace falta más respeto para con nuestros iguales, más conciencia para poder dignificar las causas y a su gente. No basta con hacer acto de presencia y llenar las filas para decir que estuvimos ahí, no basta con asistir a los foros, a los festivales que le dan voz a las diversas manifestaciones y resistencias del país si no sabemos escuchar, el cambio comienza desde dentro de uno mismo en la medida en la que respetamos los lugares, las comunidades con sus formas de organización así como tradiciones, cuando aprendemos a tolerar las diferentes formas de lucha y de organización, y sobre todo cuando aprendemos a aprender y a reflexionar.

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