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La mirada de Ulises

Miércoles 3 de febrero de 2016, por REDACCION

La mirada de Ulises

Antonio del Rivero H.

Thódoros Angelópoulos mejor conocido como Theo Angelopoulos nace en abril de 1935 en Atenas, Grecia. Viviendo en un entorno importante Angelopoulos nace un año antes del inicio de la dictadura de Metaxas, por otro lado su infancia estuvo marcada por constantes episodios bélicos que marcaron la historia de su país. Ya que en 1941 los alemanes invaden Grecia y un año más tarde el azote del hambre diezma la población. Las continuas invasiones y enfrentamientos, primero con el ejército alemán y posteriormente con el inglés, sumergen a Grecia en una pobreza extrema. Ya para 1946 el país queda en manos de la derecha monárquica poniendo punto y final a la Guerra Civil. Mientras tanto en su adolescencia se ve enmarcada en un contexto bélico, violento e inestable que provoca su carácter autodidacta.

Un guionista y director de cine consagrado que utilizaba como materia prima recuerdos personales, vivencias, que se ubicaban en un contexto histórico y cuyo conjunto expresaban un sentimiento.

“Ahora, más que nunca, el mundo necesita cine. Puede que sea la última forma importante de resistencia ante el deteriorado mundo en el que vivimos. Al tratar de fronteras, límites, la mezcla de idiomas y culturas de hoy, intento buscar un nuevo humanismo, una nueva vía”.

Recorre en sus filmes el siglo XX en diversas direcciones, creando a través de sus películas, una tupida red de referencias y nuevas perspectivas, haciendo una constante visita al pasado, teniendo el presente un papel aún más importante en el relato.

“Cuando comencé a hacer películas, pensé, a través de mi cine, ser un testigo de mi época. En aquel entonces estaba la Dictadura de los Coroneles en Grecia, así que la primera pregunta que me condujo a hacer películas político-históricas era cómo surge una dictadura”.

En cada uno de sus filmes encontramos, riqueza esté tica, coherencia temática y una clara disposición para renovar y revitalizar el universo cinematográfico; con un estilo, basado en tomas largas, que le permitían encoger y estirar el tiempo.

“Es decir, si una escena queda resuelta con un plano, no hago dos. Si tomé esa decisión fue porque siempre me han molestado los cortes típicos del cine americano. Cuando en una escena hay dos personajes que hablan, se nos muestra primero al que habla y luego se corta para enseñarnos la reacción del que escucha. Eso siempre me ha parecido un poco demostrativo, como si el director dijese: “Mirad cómo reacciona”. Yo, por mi parte, intento organizar las cosas de tal manera que el espectador tenga más posibilidades de elegir entre los elementos fílmicos que están dentro del cuadro, e intentar establecer un diálogo en que el espectador mismo sea quien haga el primer plano, como sucede cuando va al teatro. En el teatro es uno mismo quien elige ver la escena en plano general o en planos cortos, es el espectador quien aísla del conjunto del escenario los elementos que quiere”.

Ya fuera en las películas históricas de los setenta, donde se buscaba comprender por qué se estaba cómo se estaba; o las posteriores de los ochenta donde los protagonistas arrastraban las marcas de esa historia. El cine para Angelopoulos fue el sitio donde reinventó la Grecia que siempre le faltó, tras una niñez en tiempos complicados.

“Mi vida son mis películas. En todas ellas hay una intensidad, una realización y es ahí donde está mi casa” Con este objetivo Angelopoulos realiza la película “La mirada de Ulises” en 1995 en donde nos cuenta la historia de un director de cine griego exiliado a Estados Unidos años atrás por cuestiones políticas, que posteriormente vuelve a su país, a Grecia.

Este retorno a la natal tierra que lo vio nacer, coincide con la Guerra de los Balcanes tras querer presentar su última película en un festival local. Teniendo un fin un tanto más secreto y tras esconderse de las autoridades locales decide buscar la película que se rodó a finales del siglo XIX o principios del XX, su misión encontrar tres bobinas de esta película nunca revelada que data del año 1905 a cargo de dos pioneros del cine, una pareja de los hermanos Mannakis que retrataron en el cinematógrafo imágenes en movimiento en el país balcánico. Empeñado en encontrar esa mirada, esa primera mirada por los territorios de la antigua Grecia, mostrando la desmembración y los conflictos de la Europa del Este a lo largo de la década de los noventa huye de las formalidades protocolarias del festival, siguiendo las pistas que le conducirán a una travesía titánica a través de los Balcanes recién inmersos en el conflicto de la ex-Yugoslavia.

“Ése es el viaje, y para mí el viaje es inmediatamente una odisea. Pero en lugar de hacer el viaje de retorno…Era un regreso, era Ítaca, él vuelve a partir. Finalmente, el sentido del dolor que es Bosnia se convierte en Ítaca. Es también un viaje de conocimiento de sí mismo”.

Antes de continuar considero que debo hacer una pausa para poder contextualizar la situación de los países involucrados en el filme y es que “La guerra de Bosnia” se desarrolló en la actual Bosnia y Herzegovina el 6 abril de 1992 hasta el 17 de diciembre de 1995 a causa de una complicación de factores políticos y religiosos que llevaron a la caída del comunismo en la antigua Yugoslavia.

Todo comienza cuando el primero de marzo de 1992 el 63% de los bosnios votó por la secesión de su región en el plebiscito boicoteado por los serbios, tras esto y dos días después, la república declaró su soberanía. El 6 de abril, la Unión Europea reconoció la independencia de Bosnia-Herzegovina, sin embargo ese mismo día estalló la guerra, cuando centralistas serbobosnios dispararon contra un grupo de manifestantes en el centro de Sarajevo en represalia por un disparo que se efectuó un mes antes por parte de unos delincuentes musulmanes contra un cortejo nupcial serbio.

A razón de esto para el 8 de junio, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la creación de un puente aéreo a Sarajevo para suministrar ayuda humanitaria a la ciudad asediada por las tropas serbobosnias. El 2 de enero de 1993, las tres partes en contienda rechazaron un primer plan de paz internacional llamado Vance-Owen.

Para febrero, el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba la creación del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) para juzgar los crímenes de guerra, y la corte queda constituida el 17 de noviembre en La Haya. Sin embargo no es hasta el 18 de marzo de 1994 que bosnios musulmanes y croatas firman en EEUU la formación de una federación común, y tres meses más tarde, las fuerzas armadas de las dos partes ponen fin a un año de guerra.

El 11 de julio, las tropas serbobosnias toman el territorio protegido de Srebrenica. Más de 7.000 varones musulmanes fueron asesinados. Tras entrar en vigor una tregua que comienza en Dayton (EEUU) una conferencia de paz internacional, el 21 de noviembre, bosnios, serbios y croatas llegan a un acuerdo de paz. Bosnia fue concebida como un Estado con dos entidades autónomas: la Federación musulmano-croata, con el 51 % del territorio, y la República Serbia, con el 49%.

La guerra duró poco más de tres años y causó cerca de 100.000 víctimas entre civiles y militares y 1,8 millones de desplazados. De las 97.207 víctimas totales documentadas, el 65% fueron bosnios musulmanes y el 25% serbios. “En aquel entonces estaba la Dictadura de los Coroneles en Grecia, así que la primera pregunta que me condujo a hacer películas político-históricas era cómo surge una dictadura. No es algo que viene de pronto. Es algo preparado y surge de un proceso histórico que explota en un momento dado. Pero cuando se observa la historia del siglo XX en Grecia, y en el mundo, uno descubre que todo el siglo está lleno de guerras, de dictaduras, de guerra civil también, aquí y allá. Así que no es algo nuevo. Pero en el siglo XX también nació, con todo, una esperanza. Una esperanza que iba a conducir, en un momento dado, a un cambio del paisaje político. Y también a un cambio del mundo, es una gran frase, pero de todas maneras se la puede emplear. Había tal grado de injusticia, tal grado de pobreza en la parte desposeída del mundo, y Europa estaba en una situación privilegiada. El equilibrio que buscábamos para el mundo entero jamás llegó”.

Con este contexto abrumador de guerra que se vive siendo un factor determinante, lo que sería un viaje en búsqueda de una película antes proyectada se convierte también en un viaje a través de la historia de los países que va cruzando en su camino, al mismo tiempo que lo hace con su historia personal.

Poco a poco en su andar las pistas que van surgiendo le llevan a Macedonia y Albania, a puestos fronterizos entre la nieve de las montañas, a Constanza y Bucarest, a trenes nocturnos de trayecto interrumpido por controles policiales, a Danubio hasta Belgrado, a Sarajevo, a peligrosos cruces de ríos amenazados por los francotiradores. Mediante taxi, tren y barcos, pasando fronteras y controles de todo tipo, y asistiendo al mapa desolador de pobreza y paisajes invernales que ha dejado la guerra, el artista asistirá entre la realidad y la ensoñación a su pasado y presente, hablando con las amantes que tuvo, o que nunca tuvo, o que pudo tener, y asistiendo a una vida que es la suya, que nunca fue la suya, o que pudo haber sido la suya. Una mirada anónima en una odisea motivada por encontrar otra mirada, la del pasado.

Durante el viaje Theo retrata poéticamente la vieja Europa, congelándola con símbolos concretos de su presente separación ante los conflictos de la nueva Europa, la visualización en conjunto con la musicalización por parte de Eleni Karaindrou, la utilización de los vehículos como elementos de expresión y simbolismo de belleza de las imágenes y los diálogos hacen que el filme sea una extraordinaria forma de expresión que destila emoción, sensibilidad, reflexión; sin embargo para un espectador que espere acción, movimiento, un circo visual o que tenga prisa por el saber del andar de la película no es nada recomendable.

Ulises es un personaje que busca algo, busca el material de los hermanos Mannakis, un material en que en sí hace referencia a los orígenes del cine, un origen que ensambla el sentido más amplio un retorno del nacimiento de la civilización y de la identidad, sin embargo, lo que resulta determinante es que Ulises busca una mirada atrapada, la mirada de los hermanos Mannakis de su película que muestra el punto de partida que nosotros los modernos no podemos enfrentar ni procesar ya que al dirigir nuestra mirada a la Grecia clásica, no podemos sentir nostalgia por lo perdido o lo sucedido. Nosotros al procesar la historia podemos observar las causas y consecuencia de las decisiones que se han tomado y las repercusiones que nos siguen afectando de manera positiva o no, sin embargo no podemos extrañar lo que no vivimos lo que no tuvimos. A ciencia cierta deberíamos procesar de tal manera los hechos, las decisiones, los actos para poder mejorar los aspectos que a la distancia podemos ver que afectaron sin embargo la historia se ha considerado y se ha tomado como fuente de identidad más no como fuente de aprendizaje y de evolución.

El cine de Angelopoulos pretende mostrarnos la correlación de un contexto histórico real y con la ficción propia de sus personajes no solo así acercándonos a lo acontecido sino creando un sentimiento que pueda crearnos cierta conciencia de la Historia.

“Creo que es importante poner la Historia en primer término. Hoy en día se hacen películas sobre la dictadura, algunas de ellas muy bien hechas, pero tendiendo siempre a apoyarse en lo cómico o en el melodrama, en lo que llamaríamos sentimientos humanos. De este modo se consigue llegar a un público que, en el fondo, quiere ignorar la historia, borrarla de la memoria. Yo busco la emoción en segundo grado, quiero evitar el melodrama directo. No estoy demasiado satisfecho de la generación que sigue a la mía. Todos, desde el Gobierno a los partidos políticos, pasando por los cineastas, quieren reprimir hoy en Grecia a la Historia, a la crítica”.

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