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Palabras de Cesar Fernàndez Vàsquez (Segunda parte)

Viernes 2 de noviembre de 2007, por Andrès Fabiàn Valdès

Fea Sociedad

Es posible pensar que los problemas del hombre son los mismos que el de los primeros homínidos que poblaron la tierra; nuestra vida es el drama (y comedia) entorno a la comida, la caverna y la procreación, que vinculados a los placeres narcisistas y hedonistas de nuestra civilización hacen a la sofisticación de los básico. Es decir que hemos sofisticado lo básico, y en esencia nuestra vida sigue mayormente girando entorno de lo básico: sexo, alimentación y protección.

Es indudable que el hombre consiguió posesionarse mejor frente a su entorno circundante, pero en esencia es dudoso que ganase en calidad de vida, de manera lineal como se piensa en la vía de evolución sin oscilaciones.

Sin pretender hacer las críticas desgastadas sobre la enajenación humana en las grandes ciudades, es verdad que el hombre más que nunca quiere escapar de la sofocante y mediocre realidad que le rodea y que se ha convertido en su vida: Un engranaje anónimo de una máquina sin algún fin visible por él, un consumidor, con modelos de éxitos inalcanzables, unidos al triunfo escandaloso de la mediocridad.

La pérdida de lo sagrado y de la trascendencia de las simples vivencias cotidianas, junto a la pérdida del tiempo de crecimiento interior, producen un vaciamiento del ser; vaciamiento que en apariencia es llenado por el consumismo, por reality show, música estridente de desecho, alimento basura y drogas varias: la prueba más evidente de la infelicidad de los hombres. En esencia, esta sociedad produce infelices consumistas. Yo no encuentro mejor definición para ver lo que nos hemos vuelto.

Es frustrante, en el tercer mundo donde ni siquiera se cubren las necesidades básicas de millones de personas: Sociedad de gordos y de mal nutridos. Si hay una fórmula de la belleza que podría llegar a ser indiscutible, es que la belleza es equilibro y armonía; siendo de esta manera se puede afirmar que vivimos en una sociedad estridente, en desarmonía y enajenada, es decir, en pocas palabras, fea.

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