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Palabras de Cesar Fernàndez Vàsquez (Tercera parte)

Sábado 3 de noviembre de 2007, por Andrès Fabiàn Valdès

Lo Sagrado y lo Bello

Estamos más conectados que nunca a nuestras soledades. Pero también es verdad que dentro de nosotros está la esencia de lo sagrado y de lo bello.

La publicidad explota bastante bien ambas virtudes, y a la vez lo prueba, lo reafirma, lo comprueba, es decir que usa los mismos símbolos que antes indicaban lo sagrado para sacralizar lo mundano. Uno ejemplo de ello, y muy notorio, es la marca de la bebida más famosa del mundo, que nos muestra su isotipo en el centro de un círculo; en la simbología antigua, todo lo que estuviera dentro de un círculo, era sagrado por estar circunscripto en una figura que representaba lo perfecto, el equilibrio y lo eterno. Por otro lado, ahora tenemos nuestros ídolos paganos, divinizados por la televisión, convertidos en luz catódica, reverenciados en pósters publicitarios, como figuras excelsas de éxito mundano y panfletario. La televisión, caja mágica de luz, transfigura una imagen en luz divina, como las imágenes de los antiguos santos nimbados y dioses celestes, hechos de luz y energía (etéreos, que es naturaleza de los dioses). Desde la antigua Roma se decía “pan y circo” para mantener entretenidas y sosegadas a las masas, parece que hasta hoy esa fórmula sigue funcionando, con algunos condimentos extras, para apagar el genuino impulso del hombre y la idea de verdadera libertad.

El tiempo hoy día es tan valioso que cada vez se tiene menos, hoy más que nunca, Cronos devora a sus hijos con la voracidad, crudeza y salvajismo con que lo ilustraba Goya en su pintura. Todos corremos para llegar en el mejor tiempo posible a ningún lugar verdadero. Hacemos nuestras vidas más eficientemente miserables, comprando cosas que no precisamos y con el dinero que no tenemos, para presumirlo frente a personas que no lo valen. Quizás cualquiera que simplemente piense, no pueda menos que ser crítico, porque aspiramos a mejorar, pero no conocemos cómo, ni por qué, ni hacia dónde, ni para qué, pero el cambio y la creación es una constante en la realidad humana, y por lo tanto el deseo de trascendencia subyace siempre en nosotros.

Algo encontraremos que nos despierte, que nos eleve; puede ser la música, un paisaje bello, un cuerpo desnudo, un beso, tantas cosas... tantas cosas son llaves que abren nuestra puerta a la trascendencia, y todas ellas son parte de la vida de cada ser. Ellas están en las simples cosas de este mundo, que es perfecto tal vez en su estado caótico, por el absurdo y por lo perfecto.

Nunca encontré nada más directo que el arte para la mejora de un hombre y del resto de la sociedad.

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