Joile

Miércoles 24 de octubre de 2007, por kobra

Joile

Por Cea F. S.

Me permito contarte algunas de las pequeñas vicisitudes en la vida de un infante, como cualquier otro que se desarrollò en un tiempo y lugar.

La infancia como base formadora de cualquier individuo; imagina lo siguiente: un costalito de tan fina hechura como tu la quieras, en el que depositas piedrecillas que imposibilitan o tropiezan tu paso –peor aún, tu camino es empedrado-, ¿qué sucede cuando depositas una, otra, otra y otra…? pues si, va ser más pesado, la textura se deformará hasta que finalmente los estirones de su figura dan paso a la fisura y desborde de su contenido, así suceden varias situaciones –subjetivas o no- en la vida del ser humano, error de ingeniería, del sentido común o patologías, al fin de cuentas son sólo una vicìo del proceso de formación…

…Es imposible por más que lo intente, el retener el desborde del cristalino y melancólico sentido en la lágrima de Joile, ésta intenta aferrarse a cada una de las pestañas que mantienen la forma y contorno de su ojo, y sin embargo, ésta comienza a escurrir por el medio de la mejilla, no sin antes pasar por la ya hinchada y marcada bolsita que acompaña las faldas de sus ojos, llega y pasa de lado de las comisuras de sus labios secos y taciturnos que contienen el magma contenido, producto de la desesperación y el dolor que se ve reflejado en el tembleque de sus extremidades, finalmente nuestra pequeña lagrimita encuentra el desenlace del rostro y cae en el terreno arenoso que enmarca no sòlo el exterior de esta historia. Y así, sin más, y contrario a su origen, la carga emocional contenida en ella desaparece sólo para desencadenar –como si fuera un gong anunciando la llegada del emperador- la verdadera magia tácita del momento. El camino marcado por la débil humedad de la ya ahogada gotilla sòlo deja ver el rostro de frustración y la ira encerrada que marca la fuerza y tensión del cuerpecillo. Pero esto, es sòlo lo último que recuerdo de las andanzas que mantuve con Joile, no se si haya sido mucho o poco, lo que si, es que fue un momento que no olvidaré, de la misma forma no sè como manejar o medir tiempos o edades, pero puedo decirte que Joile era mayor que yo, su vida asemejaría a un cachorro que ha sido destetado y que comienza a adiestrarse en la casa, eso o simplemente comienza curiosear.

No sè de dònde vino, cual es su naturaleza o què sucedió antes, un día simplemente al abrir los ojos la vi, era pequeña, de apariencia tal vez delicada y sucia, lo que me llamò la atención era su apariencia física, era gordita y su paso al andar de manera patizamba se me hacìa gracioso, podría decirte que su cuerpo era una masa de carne y lodo, sus pequeños dedos y pies estaban cubiertos de barro hasta casi llegar a los pliegues que marcan sus rodillitas –lo que veía no es una escena muy común en los espacios que al paso transite-, su cuerpecillo desnudo me recordaba a un par de ratoncillos acabados de nacer que nunca abrieron sus ojos, pegados a las membranas mucosas del vientre reventado de su madre, esta había sido victimada por alguna chacal que al notar mi presencia huiría, no sin antes dar muerte a la reducida familia, no se si este bien o mal decirlo pero creo que les ahorro el sufrimiento que se vivía en estos lugares.

Pues si, Joile tenía esa apariencia, algo rozada, su barriguita era acompañada, al igual que el resto de su cuerpo, por cicatrices, costras de suciedad e incluso de sangre, con la carita oscura y matizada por extrañas líneas, su único pelaje le cubría el rostro al caer por delante, era de un color intenso y elegante aunque algo alborotado en sus finales. Joile me recuerda mucho a algunos seres que en alguna ocasión encontré, sòlo que estos eran más grandes y no dudo que en su edad temprana fueran como mi acompañante.

Nunca sabré por què, pero el momento en que la vi sentada en aquel pie de árbol me causo cierta tranquilidad y calidez que me hizo acercarme y recostarme a su lado, así, sin màs, en una ocasión simplemente se levantó y comenzó a andar, puedo decirte que al momento de cruzar nuestra mirada quedo por sentado algo, fue como un pacto mutuo, he de decir que en nuestros andares la visión no era muy acogedora o sobrada de alegría, todo era monótono y triste, el suelo era llano, con escasa vegetación, era màs bien como un desierto de tonalidad sepia al frente, y curiosamente al mirar atrás de lo transcurrido nos seguía una sombra brumosa, un vacío, parecía como si estuviera viva y nos estuviera tragando a media que avanzábamos…

Yo me entretenía casando lo que a mi alcance estaba o jugando con algunas ramitas secas, en ocasiones encontraba en el camino pequeños charcos de agua en los que jugábamos o simplemente admirábamos, que por cierto era raro encontrar el vital líquido en tales lares del camino, existían extrañas formaciones que salían de la tierra, las que nos servían de rincón para estar. Fueron escenas como esa en las que los lazos entre Joile y yo se marcaban, nos comunicábamos, reíamos y acompañábamos por momentos en los que los espacios en blanco decían todo.

Con el tiempo aprendí que aquellas consistencias que solía tragar por inercia me eran de grave importancia, en un perìodo de larga duración y escasez me debilitè y simplemente no pude más al paso y caí. En un destello de lucidez me hallaba a los pie de Joile, pude percibir un aroma particular, sin mas cayeron en mi presencia trozos de carne ensangrentada, como acto de inercia comencé a engullir; mientras masticaba, de reojo pude apreciar el aspecto de Joile, era diferente: macabro, arrugado, de ferocidad temible y oscura, con suciedad y sangre fresca que corría por su carita, escurriendo por su barbilla, dedos y barriga, en un instante escuche el crujir de sus huesos, por primera vez sentí temor de lo que veía, su rostro estaba frente al mío y la cabellera se arrastraba por el suelo, uno de sus ojos me miraba como si fuera a reventarse , he de decir que para esto las piernas y cintura de Joile nunca se flexionaron, la mitad superior de su cuerpo estaba arrastrándose en el piso, mientras que el resto se mantenía inerte, con su cuerpo retorcido comenzó a andar mientras este poco apoco se restituía al alejarse. Al día siguiente con un poco más de claridad y sosiego me di cuenta que aquella carne que con anterioridad había comido no era de alguna bestia familiar, este pensamiento fue sustituido por un sonido alarmante, al darme cuenta que Joile no estaba decidí acercarme con sigilo a la loma de la cual provenían aquellas pistas, al llegar, aquella escena se mantenía tranquila, la única actividad era la que sentía en mi interior al presenciar tal, era un charco de sangre que manaba a borbotones, acompañado de retazos de carne despellejados o huesudos, con las viseras alrededor, como un pequeño rompecabezas, me di cuenta que aquello había sido alguna familia de los seres adultos parecidos a Joile, mientras que lo que parecía ser aquella pequeña se encontraba aun costado, la totalidad de su cuerpo estaba encrespado y crujido, su torso se arrastraba mientras que sus extremidades le daban paso, era como un grillo bizarro y grotesco, su cara era màs bien deforme y violenta, y sin màs, en un abrir y cerrar de ojos y con un chasquido Joile volvía a su apariencia original, en esos momentos creí que lo presenciado sería lo más aberrante en mi vida, sin embargo nuestros caminos serían enmarcados por eso y màs, nunca supe a bien por que lo hacía, o que la impulsaba, no lo sè, era algo natural en ella, lo único cierto es que cada ser parecido a Joile tenía la misma suerte, su deseo era más violento que el anterior, y peor aun cuando esos pobres infelices ponían resistencia.

Un día, llegamos a un pequeño risco en el que permanecimos, desde allí podíamos apreciar lo que era la costa de un mar que se extendía mas allá de lo que mi vista me permitía; con un sonido casi mudo pude escuchar por primera vez el respirar de mi compañera, este sonido era seco y débil pero profundo, era como un susurrillo en el que podía distinguirse al unísono por la profundidad, jjoooiile, una y otra vez, y fue así como decidí llamarle a mi pequeña acompañante. Siempre me protegió de entes o bestias más feroces y grandes, siempre me procuró que engullir, nunca cruzamos palabra, pero quedo por sentado que ella no estaba sola e igual era como una compañía mutua, sonaré repetitivo pero realmente y sólo a estas alturas me pregunto ¿quién es Jolie?, no se nada, de hecho no se como es que yo puedo hacer comparaciones o utilizar conceptos, es como si mis percepciones ya estuvieran condicionadas por recuerdos o conocimientos anteriores que salen naturalmente.

Al parecer nuestro destino sería aquella orilla del mar, la presencia de Joile era suficiente para ahuyentar a una comunidad entera de familias como ella; sin titubear les arrancaba la vida de manera sutil o violenta, lo que me hace recordar que el total de sus víctimas eran así, es como si tuviera un rechazo o rencor así los de su especie, y simplemente por donde pasábamos la vida cesaba; cual fue mi sorpresa cuando me di cuenta que aquella sombra tras nosotros era la estela de destrucción que dejábamos al paso.

Cuantos eran y donde se encontraban es una incógnita, lo que si se es que Joile había cesado toda vida como ella, nunca volvía a ver a personajes así, aquella peregrinación o purga término. Y aquí es donde nos encontramos y comienza mi relato, mientras ella me toma entre sus brazos y cobijo, finalmente me aleja con sus manos y una lágrima cae, y sin más dejo de existir...

Aquella niña de no más de ocho años está sola en una península a la costa, el paisaje es abrumador, triste, sin vida, con una sombra que como si tuviera vida podría se apodera de todo, en el agua permanece la mancha fantasmal que lejos de desvanecerse por el ir y venir de las olas se extiende como fuga de petróleo en el mar, una sombrilla negra camina al rededor de la niña, ronroneando y frotándose contra sus piesesitos, al parecer quiere que la mimen, es una pequeña gatita negra, la única compañía de la niña, en apariencia la niña responde a los incentivos del animalito y la toma entre sus brazos, a la par que una lágrima corre por su mejilla para que con un acto fulmínate y sosegador cisure la vida del que alguna vez fuera de su único acompañante, le ha quebrado el cuerpo por la mitad mientras aquella lágrima termina su existencia evaporándose, la niña comienza a devorar las mitades del cuerpecillo tan fríamente que parecería nunca haber existido rastro de emoción alguna.

Esta niña ha exterminado con el paso del tiempo, paciencia y anonimato, la vida, ha sobrevivido a plagas y guerras, como un espectador que espera su turno en la cruenta tragedia. Con una segunda lágrima todo termina, un haz de luz esférico comienza a apoderarse y expandirse por todo lo ancho que tus ojos pueden ver… por fin se apaga y todo queda en blanco, excepto un pequeño manchoncillo, -acércate, acércate un paso mas, -lo ves-, es un pequeño montecillo de piedritas con una ramita de pasto fresco en medio, yo lo llamo campos vacíos, ¿y tu?

Dicen que cuando careces o eres privado de algún sentido se te compensa con otro, dicen que antes de los tres años eres tan puro como un ángel, y realmente a ciencia cierta no lo se, aunque prefiero creer que es así, pero lo que no dicen es como puedes compensar la falta de afecto…

En algún lugar y mucho antes de lo anterior, en lo que serían los ayeres eternos de Joile, en una comunidad de raíces, nacerían dos bebes femeninas, de familia acomodada, y a pesar de lo que se pudiera pensar esto solo serviría para su infortunio, las dos tenían algo peculiar, eran ciegas, nacieron en un día de tormenta y peor aún, no tenían algún hermano varón para llevar el honor de su padre –¿cuestiones de azar? Las viejas del pueblo presagiaron que aquel nacimiento era de mal agüero y pronto el pueblo entero entro en pánico, los infortunios que propinaba la naturaleza a aquella comunidad fueron achacados a aquel par de angelitos que apenas abrían los ojos, y por ello fueron condenados.

El rumor de que las niñas eran la reencarnación de algo maligno o del mismísimo Belcebú se extendió por todo el pueblo, junto con las demandas de su desaparición, su padre visto en dificultades decidió terminar con la vida de sus hijas en un acto público, una noche antes de aquella afrenta la madre de las bebes decidió escapar con ellas en brazos, en el brazo derecho llevaba a la pequeña Beu mientras que en el izquierdo mantenía a Joile –así se ilusionó en llamarlas-, sin embargo la empresa fue descubierta por el padre y otros lugareños, quienes decidieron dar muerte a la madre con la consigna de que era la culpable de engendrar aquella aberración, en una ataque de pasión encolerizada la golpean hasta matarla, Beu callo aparatosamente a los pies de su madre quien no pudo hacer más, muere instantáneamente después por el golpe, mientras que Joile queda a un costado de su madre quien alcanzo a aferrarse de las cobijitas con las uñas para que la niña no cayera de lleno al piso, salpicada por la sangre de su madre, de una u otra forma Joile presenció aquel acto de barbarie, y sin poder hacer mas simplemente comenzó a llorar. Llegado el ocaso decidieron dejar los cuerpecillos de las niñas en las orillas del mar, a la suerte de este, mientras cada canastilla era prendida con fuego. Dos pequeñas inocentes en medio de la nada fueron marcadas para su eternidad.

Generaciones después en ese mismo pueblo las corrientes del mar devuelven algo olvidado, con una estela de odio y oscuridad. En una zona arbolada galopa un ranchero, sin embargo un sonido peculiar le llama la atención, se detiene y comienza a identificar el origen, ve algo lejos, un bulto blanco, al acercarse se da cuenta que es una bebe recién nacida, decide llevarla al pueblo para hacer lo correcto y consultar al sacerdote, la bebé es de apariencia dulce, de tez rosadita y encanto sin igual, lo mas hermoso son sus ojos, tan vivaces y alertas que parecerían dos joyas preciosas de incontable valor. Al cabalgar con la bebé en brazos comienza a sentir que esta pesa cada vez más y más, al poco rato es tal el peso que decide desistir, no sabe como explicarlo…

- oye bebé- comienza a decirle. Eres muy hermosa y no se quien ha sido capaz de abandonarte pero creo que tengo dejarte, no puedo, no se que sucede pero pesas demasiado.

El ranchero piensa para sus adentros que volverá con ayuda, acto seguido y con mucho esfuerzo baja a la niña y ya de rodillas le dice reafirmando que volverá.

- no me olvidaré de esos ojos con mirada tan vivaz-

En un acto tan macabro como te lo puedas imaginar aquella bebe angelical torna su rostro en un gesto de maldad, voltea sus ojos en blanco y ve los de aquel hombre, gesticulando una sonrisa que permite ver dos hileras de dientes salvantes enconados habidos de sangre como los de un perro rabioso, mientras susurra algo.

Yace el cuerpo inerte, sin vida y tenso de aquel hombre, mientras que a lo lejos se ve una pequeña figura andando con una estela de oscuridad que hace las beses de cobijo.

I’m forever black-eyed the product of the broken home.

Placebo.

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