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2001: Odisea del espacio / una mirada semiótica – cuarta parte y última

Viernes 30 de noviembre de 2007, por Hijos del Vitriolo

Por Carlos Ocampo (1954 – 2003) Una simbólica cósmica / Iconos, sintaxis y símbolos

Llega el momento de atar los cabos sueltos. Se ha afirmado que el cine posee un lenguaje propio susceptible de ser analizado en tres niveles: a) Como un sistema organizado de signos icónicos; según Pierce, el icono es el signo que se refiere al objeto que denota en virtud de sus características propias, se pueden clasificar en imágenes, diagramas onomatopeyas, distinguidas todas éstas fundamentalmente por su similitud o analogía con el objeto que denotan; en la medida que el cine es un sistema de signos icónicos, el receptor está "leyendo en él" un reflejo fidedigno del mundo. b) Existe un segundo nivel para codificar el lenguaje cinematográfico: aquí hablaríamos de la organización sintáctica de las imágenes o signos icónicos; cuadro, secuencia, montaje, son los elementos facilitadores de la narración cinematográfica. El cine no sólo es reflejo o reconstrucción de la realidad, sino también es el relato. El sentido se va produciendo. c) Pierce reconoce un tercer tipo de signo: el símbolo que es "un signo constituido como signo fundamentalmente hecho de ser comprendido como tal", "crea una relación puramente convencional que en modo alguno depende de la presencia o ausencia de una similitud (icono), o de una contigüidad física (índice)"; "el signo simbólico debe integrar la regla; sólo y exclusivamente en virtud de esta regla, el signo puede convertirse en objeto de un intercambio y una comunicación" (9). Por su parte, Umberto Eco agrega que "los símbolos visuales forman parte de un lenguaje codificado" (10).

Los dos primeros niveles del lenguaje cinematográfico se han aplicado ya sobre la marcha en la descripción y análisis de las cinco partes en que hemos dividido 2001. A nivel de sucesión de signos íconos, hemos "leído" un filme de ciencia ficción, hemos reconocido las imágenes que circulan en ella y hemos reconocido las imágenes que circulan en ella y hemos creído en la verosimilitud de ésta. En el nivel sintáctico hemos podido reconstruir un relato en el que se explica el origen del hombre, su evolución (a partir de la tecnología) y su hipotético futuro. Finalmente quedará entonces distinguir los símbolos mediante los cuales se genera un sentido y se hila una propuesta explicativa del mundo.

Fundamentalmente reconocemos cuatro grandes símbolos que articulan el sentido del filme: el monolito, el ojo de HAL, la herramienta y los objetos celestes.

Los símbolos básicos

Si reconocemos que para que se dé una circulación de sentido, para que se desate un proceso de semiotización, "el signo debe resultar obligatoriamente modificado por un tercer término (el interpretante) para provocar una respuesta del lado del destinatario" (11), es pertinente entonces, establecer los nexos entre los signos icónicos que narran una historia y los signos simbólicos que interactúan para redondear el sentido del mensaje fílmico. Intentemos pues una interpretación de cada uno de los signos mencionados.

1. El monolito. A lo largo del relato, este enigmático objeto en forma de prisma cuadrangular, liso y casi negro aparece cuatro veces; la primera entre el grupo de homínidos primitivos; la segunda en la estación lunar "Clavius"; la tercera cuando el astronauta Dave llega a Júpiter y la última, frente éste mismo personaje que, envejecido, contempla a través del objeto, el futuro de la humanidad (representado por un feto).

Exceptuando la tercera aparición del objeto, en las tres restantes hay un intento de contacto directo: el hombre tiende la mano hacia el monolito, establece un contacto y a partir de ahí se produce un cambio; en el primer caso, el descubrimiento de la herramienta; en el segundo, la fuente de emociones de radio emitidas desde Júpiter; en el tercero, el astronauta inicia un viaje por el tiempo y el espacio; finalmente, en el cuarto, el cambio final se ha desatado.

La presencia del monolito puede ser interpretada de varias formas: a) Es un objeto colocado por una civilización extraterrestre que vigila, y en cierto modo, dirige el desenvolvimiento del desarrollo humano. b) El objeto es un símbolo de la divinidad que va interviniendo "milagrosamente" en momentos clave de la historia del hombre. c) Es una representación simbólica de la inteligencia y el espíritu humano.

Para las tres interpretaciones se toman en cuenta los siguientes factores: el objeto es simétricamente perfecto, su precisión geométrica se opone a los objetos naturales carentes de un contorno regular; su color negro puede ser interpretado como ausencia, como vacío, pero también como materia tan concentrada que no deja escapar la luz (al modo de los hoyos negros); su forma cuadrangular recuerda a una puerta: el hombre frente al monolito parecerá hallarse ante el umbral de los desconocido: una vez rebasada la frontera de este umbral algo sucede: se da un paso evolutivo más en todos los casos.

2. La herramienta. Quizá el "leit-motiv" central en la simbolización del desarrollo humano; a través de ella se da el salto que conduce a un protohombre dependiente de la naturaleza, al hombre del espacio dominador de la misma. Sin aparecer representado con un solo icono, como el caso del monolito, la herramienta se nos presenta primero en forma de hueso-arma, para aparecer después representada por una multitud de objetos, tan diversos como una nave espacial o un estilógrafo que flota en el vacío. La herramienta alcanza su grado de máxima elaboración con el computador HAL-9000. Hasta aquí se cumple un ciclo que puede sintetizarse así: Si en los orígenes de la humanidad la herramienta fue un vehículo de evolución, en el futuro próximo (y si tomamos en cuenta que el verosímil de la ciencia ficción responde siempre al contexto en que se produce, a nuestro momento histórico), se puede convertir en la causa de su extinción. Cuando el hombre ha producido una herramienta tan perfecta que "piensa" y "siente" autónomamente, ha generado la posibilidad de que ésta se perciba a sí misma como un ser superior a su creador, y por lo tanto, en un ser que no duda en destruirlo.

3. El ojo de HAL. Estamos aquí frente a un objeto cuidadosamente construido (en términos del lenguaje cinematográfico) por Kubrick. El computador HAL es un omnipresente en la nave que transporta al hombre rumbo a Júpiter. Para acentuar esta omnipresencia, Kubrick utiliza dos medios: HAL habla y observa; en cualquier punto de la nave se le escucha y es capaz de ver todo lo que en ella sucede. Su "ojo" es una lente roja que en momentos se torna casi violeta; es un "ojo" vigilante, inexpresivo, y a medida que el espectador se va percatando que HAL puede ser un ente amenazante, la lente se va tornando más opaca y turbia. Si tomamos en cuenta que además es roja, la connotación de peligro se agudiza. Observamos un efecto más, utilizando por Kubrick: hay momentos en que el espectador, a través de tomas subjetivas, ve lo que HAL contempla; el mundo observado por HAL es distorcionado por un truco de lentes usado hábilmente por Kubrick. El "ojo de pescado" concentra la imagen al centro, el resto se distorsiona en un movimiento centrifugado. Cuando Dave desconecta las funciones de "pensamiento" de HAL, su ojo recupera brillo, vira a los azules, pierde su contenido de agresión. El ojo de HAL pues, puede ser considerado la representación del mal.

4. Los objetos celestes. Cerrando un ciclo de connotaciones y encadenamientos, los objetos celestes que aparecen en 2001, se vinculan estrechamente con el monolito. Su aparición en otras secuencias del filme cumple con un cometido icónico: el espectador se entera que hay un viaje por el espacio al ver los objetos que lo pueblan. El contenido simbólico de éstos (Sol, Luna, Tierra, Júpiter), puede interpretarse de otra forma. La secuencia inicial, como ya se dijo, presenta un "amanecer cósmico". en una lectura integral del filme se interpreta como el prólogo en el que se dice: "ahora van a presenciar una representación de lo que apenas es el amanecer del hombre". Las demás apariciones de estos objetos celestes coinciden con la presencia del monolito, siempre se ven en alineación y acompañados por una textura musical "mística" o grandilocuente. Lo que le sucede al hombre en la Tierra tiene una conexión directa con el cosmos, el hombre no es un ser aislado del universo, no por casualidad la representación de las primeras deidades corresponden al Sol y a la Luna en muchas de las culturas humanas. Así se da la connotación de "divinidad" cósmica en relación con los cambios humanos.

Hemos analizado el lenguaje cinematográfico a través de un producto específico: "2001: Odisea en el espacio". Nos hemos basado principalmente en tres niveles de interpretación (signos icónicos, medios sintácticos y signos simbólico), que evidentemente no agotan al lenguaje cinematográfico; la música, el lenguaje actoral o el color son elementos que nos se han analizado a fondo, aunque no por eso han dejado de tomarse en cuenta como elementos expresivos para estudiar al filme.

Conclusiones

Enmarquemos ahora la información desmenuzada a lo largo de este trabajo: Stanley Kubrick puede definirse como un cineasta obsesionado por la precisión cinematográfica. A lo largo de su trayectoria fílmica se puede observar una labor continua en los medio expresivos del cine, en cada uno de sus filmes busca sentar un precedente. En 2001, trabajó estrechamente con el investigador y escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke para filmar, con plena intención, una película clave en el desarrollo del género; buscó un alto rango de verosimilitud en sus imágenes, en esto logró cambiar los lineamientos estéticos de la ciencia ficción.

Por otro lado, y con la conciencia de que la ciencia ficción es un género cuyos postulados reflejan las fobias y las aspiraciones de la sociedad en que se elabora, encontramos que 2001 propone una visión del desarrollo humano basado en un elemento central: la herramienta, ésta le permite modificar su entorno y a sí mismo.

El móvil que determina la evolución humana parece ser un elemento externo, éste puede ir desde "otra" civilización, hasta la divinidad; una visión más amplia podría ubicarse en un concepto como "la inteligencia suprema del universo". Con intervención de ésta, el hombre dará un paso más en su trayectoria. Sin precisar las características específicas del siguiente estadio humano, la utopía positiva de Kubrick cree en que el hombre (con la imagen del estadounidense), superará sus contradicciones nacionales y el peligro que significa la autodestrucción a través de su obra para finalmente encontrar una solución a sus conflictos. 2001 coincide en los planteamientos teológicos de algunas religiones, parecería decir: "la tecnología, si la dominamos, nos conducirá al paraíso". Las contradicciones sociales en las que se sustenta el desarrollo tecnológico de las naciones avanzadas no se mencionan en el filme; lo que sí puede leerse en él es que el hombre concreto que sirve de vehículo para que la humanidad se transforme, es un astronauta estadounidense.

El feto que representa al hombre evolucionado en retorno a su planeta de origen, presenta todos los rasgos exteriores de los sajones (¿o la raza aria superior?). Enmarcado el proyecto de 2001 en el contexto social que prevalecía a finales de los sesentas en los Estados Unidos, podemos encontrar una gran dosis de optimismo y autoconfianza; el futuro parecía más promisorio que hoy, a finales de los ochentas, cuando el año 2001 que está a a la vuelta de la esquina y las posibilidades para que el brillante desarrollo tecnológico augurado en la película se den, no parecen tan próximas.

Kubrick se ha valido de todos los elementos que integran el lenguaje cinematográfico, algunos de ellos los ha pulido notablemente, nos ha entregado un filme ambicioso y enigmático que veinte años después provoca aún dudas, deleite, polémica y porque no, aburrimiento. 2001 sigue constituyendo un reto de lectura, más allá de que lo leído provoque más de un reparo ideológico. Quizá uno de sus elementos más rescatables en su confianza en el desarrollo humano, aunque discrepemos del modelo propuesto como meta próxima.

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