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Teatro Simbólico en América Latina

Martes 8 de enero de 2008

Por Fernando Zabala

El Surrealismo es un sueño, un método de lucha, poesía en imágenes y manifiesto militante. El Surrealismo llega a América Latina para dar paisaje más que nacionalidad, en tal caso una identidad valiosa para los habitantes de estas tierras.

El artículo más importante que sale en México sobre la Escuela de Tristan Tzara, es también de Rafael Lozano, aunque luego el artículo tome una dirección hacia el discurso dadaísta.

Antonin Artaud es uno de los surrealistas más notables que llega a una América Latina que le costaría aceptar su Teatro de la Crueldad, escapándole al pensamiento mecánico, volcándose de este modo a un teatro que privilegia aún más los sentidos y el que hacer del hombre no en el mundo, si no en el Teatro.

Pero el mismo Federico García Lorca ya se perfilaba como un dramaturgo surrealista, mostrando la odisea simbólica en obras como “Yerma”, “Bodas de Sangre”, etc. Con influencias seguramente plásticas de su gran amigo Salvador Dalí.

Sin embargo poco de estos modelos Europeos le hacen falta a una América Latina rodeada de una gran carga simbólica con su realismo mágico, que no deberíamos reducirlo solamente a lo fantástico.

El realismo mágico en el Teatro debe ser elementos mágicos, tal vez intuitivos, pero nunca explicados. La presencia de lo sensorial como parte de la percepción de la realidad, un tiempo percibido como cíclico, lo sobrenatural debe ser un icono importante en este estilo teatral.

Dentro del realismo mágico podemos encontrar la búsqueda de una identidad Latinoamericana, fuera de todo contexto europeo. Los temas mayormente ahondan en diversidad de épocas históricas, esencia cultural del mestizaje.

El realismo mágico en el teatro es una vanguardia, o por lo menos lo fue y lo sigue siendo todavía en América Latina, los mundillos oníricos se siguen presentando de una manera ilimitada en nuestro continente.

El Teatro Imagen, no en general, es de abordar un realismo mágico que concreta con gran armonía el ritmo escénico en donde el realismo mágico se presenta como un subespacio en donde se puede crear distintos senderos y terminar en alguno de ellos.

Un referente que introduce el realismo mágico en sus espectáculos teatrales, es el dramaturgo Argentino, que vive en Ecuador, Arístides Vargas, que con la obra “La edad de la ciruela” nos muestra el realismo mágico, donde la realidad siempre se impregna de lo extracotidiano. En un obra teatral de la memoria, en juego infinito sobre el tiempo y la edad.

Pero la gran inauguradora del realismo mágico en el Teatro ha sido Elena Garro. El mismísimo autor teatral Mexicano Rascón Banda declaró que era una dramaturga inquietante, perturbadora, y que sus obras eran estudiadas en otros países.

El Teatro de Elena Garro es un teatro de dos tiempos, que se mezcla entre lo urbano y lo rural, entre la ruptura y el enigma. Esta autora nacida en Puebla, donde con los años realizó más que un teatro evocativo.

Es así que el realismo mágico en el Teatro Latinoamericano, no ha encontrado fronteras, y se ha ido encadenando hasta invadir por fortuna y gracia, a toda América, rompiendo con el teatro costumbrista, encontrando una puerta secreta que solo ella estuvo al alcance de abrir para un nuevo teatro Latinoamericano.

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