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La venganza de Ernst Wagner.

Domingo 16 de diciembre de 2007, por Sandunga

“…El género humano actual está enfermo de sexo. Es muy fácil señalarme a mí con el dedo, pero más os valdría a cada uno de vosotros pensar en vuestras propias marranadas”. Ernst Wagner.

Son duras palabras, pero ciertamente cargan un innegable hálito de verdad. ¿Qué tan difícil es encontrar verdad en el delirio de un loco? Este cuestionamiento ha atormentado a abogados, juristas y psiquiatras por años. Ejemplos se cuentan por montones, conocidos y desconocidos, tenemos a Pierre Riviere, o a Ernst Wagner, a quien, la autora del artículo en que me baso, se dedicó en su escrito “Palabra / Locura (hacia dónde miran tus pálidos ojos, Ernst...)”. La Psicóloga y Maestra en Ciencias del Lenguaje y profesora investigadora del Departamento de Educación y Comunicación, UAM X., Verónica Alvarado Tejeda, nos permite conocer los pormenores de este caso, tan poco conocido, pero al mismo tiempo sumamente interesante. Ernst Wagner, era un hombre nacido en una comunidad rural, el último de una familia dificultosa, pues su padre era bebedor y conflictivo, y su madre neurótica. Ésta situación parecía ser conocida por todo el pueblo, haciendo de los hijos de la pareja el objeto de burlas y señalamientos. Pronto quedaría viuda la madre de Ernst, tras lo cual se relacionó con varios hombres, aumentando las habladurías. O por lo menos así es descrita la infancia de Ernst en su propia autobiografía, libro que escribe y donde se van revelando el conjunto de sus delirios. También escribió varias obras de teatro y poemas, y un manual de ortografía de alto alemán, pues él consideraba que sólo los hombres de raza superior se distinguían por hablarlo. Ernst confesó después de su crimen, que había empezado a masturbarse y a practicar la zoofilia a la edad de 18 años, reconociéndose como un sodomita, es decir un hombre de la peor calaña, pues aseguraba que por sus venas corría sangre enferma, la cual provenía de su propio padre, y fue transmitida a sus hermanos y de él a sus propios hijos, llamando pues a sus familiares la “estirpe enfermiza” la cual tenía que ser eliminada para salvar a la humanidad. En esto consistían la mayor parte de sus delirios, en los cuales se destacaban tres puntos fundamentales según Alvarado: la verdad, el lenguaje y Nerón, o más exactamente, el fuego de Nerón, con el que había que purificar. La verdad de Ernst radicaba en su “estirpe enfermiza”, la cual lo hizo objeto de las habladurías y el señalamiento de la gente de su sociedad, pues él estaba seguro de que todo el pueblo hablaba siempre de él. Estos señalamientos le eran hirientes, pues él también atribuía a la verdad de su estirpe, el hecho de sus degeneraciones sexuales, las cuales le eran a sí mismo insoportables. Por otro lado, se observa en Ernst un delirio de grandeza manifestado en su identificación con Nerón, aquel terrible emperador romano, así como su obsesión con un lenguaje superior, el cual, lo convertía a sí mismo en superior, alguien destinado a una misión de salvamiento de la humanidad, pues con la muerte de sus hijos, y la destrucción de los lugares de perdición por medio del fuego, lograría una purificación, la cual, otorgaría justicia a la gente, pues la libraría del mal de la “estirpe enfermiza”. Wagner estaba convencido de que la gente se percataría de su buena obra al acabar con dicha estirpe, y entonces lo loarían en agradecimiento. Pero había además otra cara de esta justicia, y eran las ganas de la venganza, por todos esos años de señalamientos, burlas y habladurías de la gente. Es por esto, que aún al ser encarcelado, se declaraba incesantemente un criminal y no un loco, alegando que tenía que ser enjuiciado como tal para llevarlo a su propia purificación por medio de la muerte. “Wagner habló de su grandeza, esa que nadie vio, y escribió sobre su terrible sufrimiento, que a nadie reveló; habló y escribió su locura, pero jamás la nombró” según las palabras de la Maestra Verónica Alvarado, cuyo artículo completo puedes leer en el documento adjunto a este artículo.

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