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Un teatro que divide

Lunes 19 de mayo de 2008, por Coro de Babel

Pienso en como el teatro se dirige a la sociedad para juzgarlo y someterlo, en vez de abrigarlo en tiempos de cólera y crisis en la Argentina. Resulta poco feliz leer una carta abierta de artistas, intelectuales que se manifiestan en contra de los grupos más vulnerables de este país, como son los agricultores. Muchos pertenecen a un Teatro que apunta a públicos reducidos, no de la burguesía, si no de una clase política que ya cumple casi cincuenta años de hegemonía, me refiero a las revueltas de Perón.

Se supone que el teatro debe asistir los sectores marginales de las periferias de las ciudades en donde la pobreza y la miseria abundan en un mar de quietud y de silencio espantoso. Se supone que el teatro ha dejado un hueco hondo y se pierde de ser el protagonista histórico en la Argentina, reflejando la destrucción de la producción agrícola, por ende, el exilio del trabajo de varias familias llamadas así por mí, “los amantes de la tierra”. Pero es que a los intelectuales se les arregla con un subsidio, o con cargos políticos y dejan la intelectualidad para convertirse en parásitos de una enfermedad Terminal que tiene la Argentina, la “fragmentación social”.

El teatro no puede hacer divisiones, puede tal vez proponer diferencias, polémicas, pero no sobre gente que ha invertido su pequeño capital en la tierra, no puede generar la enemistad con ese sector, como si se tratara de una confrontación civil. El rol del teatro escapa, no hay rol, como consecuencia no hay teatro.

Poder entender que los artistas o personalidades del mundo intelectual de las grandes urbes se pongan en contra de los pueblos del interior, que sufren una crisis tremenda ya que la inflación es aún más alta que en la gran ciudad, es sinceramente una maniobra desafortunada de gente que jamás a pisado sectores rurales en donde no hay luz, agua, cloacas, y se vive en las peores condiciones de salud, educación y cultura. Entonces deberíamos hacer una carta abierta de la cantidad de familias que sufren la desigualdad, no son personalidades ni artistas ilustres, son solo familias que alguna vez, el teatro Argentino reflejo sus condiciones con Florencio Sánchez en “La Gringa” o en “Barranca Abajo” o también en el caso de la literatura, Horacio Quiroga en “El Mensú” entre otros tantos autores que ya no viven para mirar una realidad que parece escrita del revés por un estado político, por un gobierno que no fortalece si no que neutraliza un mapa económico que castiga duramente a este país.

Es preferible que el teatro de los intelectuales se siga hundiendo en el mero discurso del desconocimiento, a que nosotros los que hacemos un teatro independiente, que conocemos el deterioro de la gente, debemos por ello navegar al costado del pueblo y no delante de este atropellándolo, tengamos en claro que no debemos traicionarnos por intereses personales, si no que tenemos una obligación de cierto compromiso con las masas que sufren el desconcierto por causa de una minoría de personas que desean aturdir el país como lo es la heredad que dejó Perón.

El teatro comunitario, campesino, debe hacerse, intervenir para plantear la duda ante el discurso de un gobierno que camina más chueco y con menos popularidad que antes, teniendo en cuenta que no hay sociedad sin teatro y menos aún si el teatro está, pero cierra sus puertas ante la crisis de los hombres, o lo que es peor, se enfrenta con los más pobres.

Fernando Zabala

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