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Hacia un nuevo Teatro Latinoamericano

Domingo 15 de junio de 2008, por Coro de Babel

El Teatro Latinoamericano actual, es muy distinto al teatro de hace veinte años, quizá deberíamos medirlo por como las sociedades se han ido organizando y desorganizando a su vez, por el avance de las tecnologías que permitieron una mayor comunicación, pero la regresión a la pobreza ha tenido que ver con la falta de políticas equitativas en donde el teatro hoy sigue haciendo hincapié en lo político y lo social.

Todo tiene que ver con los escenarios históricos como se han ido modificando, de cómo la sociedad empezó a comprender que la identidad de un pueblo estaba pegada a lo teatral, que aquellas manifestaciones antiguas debían acercarse al pueblo para convencerlo que en su ritual se podrían encontrar destellos de un Continente que por hoy ingresan más personas que alimentos, lo distinto a una Europa en donde ingresan más alimentos que gente.

Históricamente el teatro venía arrastrando su crisis existencial, aquel teatro de Ionesco que a mí entender estaba escrito más para un Continente progre que para uno conservador, haciendo referencias a los años 60 y 70. El nuevo teatro hizo el cambio en América Latina, cuando se empezaron a utilizar recursos estéticos y expresivos que tenían que ver con un cierto alejamiento de la palabra, el canto y el baile ejecutado por los propios actores seria una modalidad que el llamado nuevo teatro tomaría en cuenta para funcionar incluyendo las culturas de los pueblos de América Latina.

En la actualidad, el autor es más tomado en cuenta, quizá el mismo ha tomado la posta, por ello el autor escribirá sus obras para una lectura teatral y para su derivada representación, aunque al autor teatral no se lo reconozca en algunos países que todavía predominan la improvisación a falta de Escuelas que proporcionen las materias de Dramaturgia y Dirección Teatral.

En los tiempos actuales de un Teatro Latinoamericano en constantes variaciones, se permitirá que el enunciado verbal sea más tomado en cuenta, quizá porque el autor ya no funciona como un punto y aparte, si no como parte de una producción teatral. Creo también que desde lo colectivo se preparan para bucear en la investigación y el no solo preparar un espectáculo teatral, si no encaminaran su trayecto o proceso en búsquedas de nuevas teatralidades que innoven el teatro que ya venían componiendo.

Pero es muy importante señalar, que algunos países como Perú, o México, se va a rescatar el lenguaje primitivo de los aborígenes originarios de esas tierras, o los actos místicos volviéndolos al origen de un rito que no escapa a las manos largas de la teatralidad Latinoamericana. Allí habrá un teatro histórico, indicando y subrayando la identidad del indígena y el origen del nacimiento de viejas civilizaciones Americanas.

Creo que el teatro espectacular es lo que hoy en América Latina resuena en las tablas que intentan apoderarse de las nuevas tecnologías venidas del viejo mundo, para interactuar con ellas encontramos pantallas de cine, proyección de videos y efectos sonoros que al teatro lo vuelven casi un descendiente del cine, cuando es el cine el descendiente del teatro. Todo recurso tecnológico es válido, no hay una limitación en este lenguaje, aunque creo que el teatro tecnológico no aporte mucho al campo del Teatro Latinoamericano que se mueve activamente en la cabeza del espectador sin necesidad de la estética espectacular que se lo podríamos dejar a las performances o a los circos.

El teatro de autor vuelve en la actualidad en América Latina, de cantidad de dramaturgos dispuestos a jugar con elementos del pasado y del futuro, autores que no dejan que las palabras sean solo un viento suave, si no que se cargan de una expresividad constante en un desarrollo intenso, esto es porque el texto deja de ser un elemento lineal de lo casual y empieza a tomar forma y hacer un acompañamiento o una integración a la obra teatral de un teatro Latinoamericano que viene de aquel nuevo teatro que ya es viejo.

Los actores y directores entienden que trabajar con autores, implica el verdadero riesgo del teatro en donde las pautas hacen a un orden y no a una estructura, en donde el texto se hace carne en los actores y no un escupitajo de frases sin sentido. Es la semántica la que se hace presente en este nuevo Teatro Latinoamericano que busca en los autores, lo que no encontró en las viejas creaciones colectivas de la improvisación facilista.

Por Fernando Zabala

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