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La dudosa tarea del teatro político en Argentina

Jueves 3 de julio de 2008, por Coro de Babel

En Argentina todavía no existen elementos discursivos en el campo teatral que vayan en contra del largo concepto que se tiene de hegemonía, me refiero a los casi cincuenta años del Peronismo en el poder, en donde hoy se autodevora para entrar en la ventana del futuro y seguir gobernando con la canción gastada de su partido.

Seria una imprudencia decir que el teatro en Argentina ha tenido maniobras tendenciosas hacia una cultura Peronista, pero si tiene una simpatía por esa cúpula que se retrotrae al presente como el gran ejemplo político.

No hay teatro más libreo que el que puede obrar sin mancharse de ideologías que construyen los muros de la exclusión, y la desorientación humana en la que vivimos en estos tiempos de barbaries. Yo creo que no hay teatro en Argentina, capaz de demostrar que el Peronismo ha sido la caída de un país en desarrollo y el modelo de lo antiprogresista en ascenso. Ya no hay transgresores, autores, actores, directores, grupos de teatro capaces de defender las periferias de la pobreza, si no que se pegan a la mentira oficialista por necesidad o por conveniencias.

El teatro argentino no dialoga demasiado, no es que sea cauto, si no más bien temerario de perder sus aguinaldos, las subvenciones que lo mantienen por pegarse como chonchacos a los gobiernos de turnos como históricamente ha ocurrido, obviamente menos con el proceso militar.

El teatro argentino termina siendo justamente discursivo sin hacer un discurso complejo y profundo de la situación contextual económica y social, por lo que creo que hay un miedo tremendo, y una dependencia de ideologías antiguas que hacen que el teatro se vuelva un muro más de los que tenemos en el mundo y no un teatro de fuerza, algo que nos puede costar caro, porque el teatro sobre todo el de las grandes urbes, corre el riesgo de dejar de representar a su pueblo y volverse en contra del mismo, y esto no es un estilo de consciencia, si no una manera de ver que la espalda es muy ancha cuando se la damos a nuestros ciudadanos con una falta total de patriotismo. Pareciera que los debates se dilatan por no tener ejes en las discusiones o porque a falta de un repertorio de un teatro político que peligra en la Argentina, de modo que vamos a llegar a una instancia en que cuando queramos discutir el pasado, solo nos encontremos con piezas arqueológicas y no de un teatro reciente encabezado con la responsabilidad de presentar lo que sucede en el escenario político que no es poco.

El teatro político en la Argentina también se desconoce, no hay una lectura, un estudio que pueda demostrarnos un teatro más amplio, lo último en teatro político que se puede obtener es alguna pieza de los años noventa, o de la dictadura militar que representa aquellos años negros.

Hay una identidad en el teatro político que en la diversidad de otros géneros no hay, me refiero no a una identidad ideológica por supuesto, si no más bien a una identificación con el espejo de la sociedad que aparece roto, o a veces ni siquiera aparece. El teatro político en la Argentina se va extinguiendo como en una nube de humo que todo lo traga, será por falta de consciencia, por no tener los compromisos de los teatristas más veteranos, o por solo querer mostrar una verdad pasajera.

Por Fernando Zabala

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