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Sexo y energía – Los arcanos elementales III. Del retozo al gozo en la armonía de los contrarios.

Lunes 8 de septiembre de 2008, por Sylvana Dosamantes

Mientras que en la cultura occidental el juego presexual se reduce a su mínima expresión, por lo general, como parte de una convención utilitaria entre dos individuos que buscan el placer como una forma de expedir un excedente de energía genésica-emocional, en el Tao, como en otras metodologías espirituales de Oriente, por el contrario, las dos personas encarnan fuerzas contrarias que se armonizan.

Fuera de todo convencionalismo y lejos de ser un ritual aburrido con incienso y rezos, el Tao del sexo propone un encuentro lúdico en la pareja antes y durante el acto sexual, donde el yin y el yang se solazan en la plenitud de la experimentación erótica. Un encuentro casual en un hotel de paso, una rápida descarga seminal, copular con la culpa en la frente, son prácticas que nada tienen que ver con el concepto de gozo, en la filosofía taoísta. Recomienda, por el contrario, liberarse del tiempo, disponer de un ambiente propiciatorio, a madia luz, con la música adecuada, y entregarse al juego, a retozar sin recato, ni las inhibiciones que rodean los estereotipos y prejuicios del sexo a la manera occidental.

Más allá del placer estrictamente genital orientado a la eyaculación, lo cual resta posibilidades de sano hedonismo, el tao del sexo prescribe la expansión de los sentidos para experimentar todo tipo de goces táctiles, gustativos, olfativos, visuales… Por ello la insistencia de romper con los condicionamientos de un reloj en marcha; para el amor sexual no hay límite de tiempo, éste se dilata en la suspensión de cada caricia, beso, lengüeteo, intercambio salival, en un mapeo intuitivo de los centros erógenos de la piel.

Las técnicas de posicionamiento corporal y dinámica energética que enseña el camino del Tao del sexo, que busca el placer tópico sensorial y no el desahogo eyaculatorio, significa la experimentación amplia de los sentidos como un método placentero y jubiloso para administrar la experiencia del orgasmo, en un proceso que no empieza y culmina como la cópula en Occidente, sino que continúa indefinidamente en cada encuentro.

Como el Tao recomienda practicar con mucha frecuencia el sexo, lo cual hace de cada episodio algo único, diferente, porque es una nueva búsqueda de placer que admite inagotable innovación. Jugar al sexo y explorar mutuamente los cuerpos con despliegue de imaginación seguramente contraviene los principios de la moral judeo-cristiana, pero sus valores decadentes a la vista de todos hoy en día, ponen grilletes al sano y responsable ejercicio de la sexualidad.

Para el Tao no hay complejos ni la doble moral de la herencia victoriana en las culturas occidentales. Para liberar al cuerpo mediante el juego es indispensable aceptarlo como es y disfrutarlo, en interacción con otro cuerpo igualmente liberado. Para el taoísmo es esencial mantener relaciones sexuales constantemente, para enriquecerse de forma mutua en todos los aspectos.

Como en yoga, la respiración es un motor de energía de primer orden, en forma de oxígeno que irriga todas las células y activa el sistema cardiovascular para un intenso jugueteo retozón, con las arterias en máxima alerta de irrigación energética.

Hay que recordar que el acto sexual no concluye con la eyaculación en el Tao, al considerarlo un derroche de energía; por lo tanto la liberación de los cuerpos y del tiempo llega hasta sus últimas consecuencias al recuperarlo cuando la pareja desea, sin la tiranía del semen. Por eso al recuperar el tiempo cotidiano después de un goce que puede ser multiorgásmico, el Tao recomienda a la pareja no separarse, ya que es un instante de extremada sensibilidad, instante propicio para encender la llama de la sensibilidad de los sentidos en alerta para el próximo encuentro.

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