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HOLA. ¿ME LEES?

Viernes 28 de noviembre de 2008, por Hipòlito J.S.

A la gente le molesta mi forma de mirar.

No es mi culpa. Así es mi expresión: mi ojo derecho está un poco cerrado, el cachete de ese mismo flanco está como que jaladito para arriba como con un hilo invisible. Yo digo que es diosito el que me juega esa broma por todas mis malechorias. El pómulo, a veces, cuando se me mira de frente, se ve hinchado; no es mi muela picada, no, es el mismo efecto del hilito divino. Pero a la gente no le gusta ese guiñar de ojo. Se sienten intimidados o algo así. Mis ojos, por más verdes que sean, no provocan nada bueno, ni paz, ni fraternidad, ni alegría y muchos menos atrae a las piernuditas, no. Sólo ahuyentan. Y yo aúllo. El otro ojo, el izquierdo, no hace más que acompañar al otro, y a mí, en nuestra des-gracia. Gracia divina, a lo mejor. La poca estatura que me levanta del suelo, no impresiona a nadie, mucho menos acompañada de la enclenquidad de mis pasos, mis brazos y mis manos que parecen ramas de bugambilia, y a veces uso para cubrirme del sol.

No agradezco a mis padres el nombre que me dieron, mucho menos los apellidos. He sido motivo de burlas en todos lados, ja, pollito, ja,¿y…pollito?, jajaja. No puedo culpar a mis retractores, mucho menos a mis padres que tuvieron que caminar tanto y tanto para ir al registro, allá en Arcos de Belén. Pero de perdida hubieran aprovechado el viaje desde Zumpango hasta acá, al distro, para pensar en un nombre mucho más cordial, más citadino; el aire de la ciudad no les entró en el cerebro, no se contagiaron (prometo platicar de eso luego).No. Caramba. Pero, ahora, nada más puedo quejarme y ya. Me gusta quejarme. Creo que a la gente mis quejas les provocan picazón, y eso me agrada.

Yo no miro con odio. No. El odio tampoco me mira a mí. Quisiera seguir contando mis cosas, pero me tengo que ir. Me voy, no tengo más cambio para pagar la cuota de este café Internet y traigo lo justo para mis pasajes. Me voy, voy al trabajo. No quería dejar de contar esto. Voy a volver, eso lo sé. No hay nadie de quién despedirse en el mesenyer, es demasiado temprano. Pero no podía dejar de escribir esto. Te lo dejo. Espero escribirte luego.

Un abrazo.

Hipólito Juárez Saavedra.

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