Portada del sitio > Cultura > Sexo y energía – Los arcanos elementales IV / Una visión holística para el (...)

Sexo y energía – Los arcanos elementales IV / Una visión holística para el rescate de los cuerpos.

Miércoles 3 de diciembre de 2008, por Sylvana Dosamantes

Después de un intenso viaje por tierras exóticas, finalmente estamos de regreso con estas reflexiones, en las que queremos insistir en una perspectiva integral y holística de la sexualidad. Hemos alertado de la cosificación del sexo en la sociedad occidental posmoderna, que tan bien se vende en los medios masivos. (Agradezco los amables comentarios a mis anteriores entregas y espero estar en un cumplimiento más constante y detallado de mis indagaciones).

Entonces y hoy más que nunca enfatizamos la necesidad de voltear hacia la sabiduría oriental, en que el sexo es algo muy diferente a esta abstracción funcional en una estructura social jerarquizada, machista y autoritaria que prevalece en las sociedades del “patio trasero”. En el acto sexual este esquema desvencijado explica muchas de las disfunciones nocivas como la violencia sexual, el maltrato, la disfunción eréctil, la anorgasmia, el sexismo, el machismo, la eyaculación precoz, entre muchas otras. Sí, aunque arruguen la frente, para mí todas estas son disfunciones, en la medida en que no funcionan armónicamente.

Desde el Tao se explica que gran parte de la falta de displacer sexual es explicado por la concepción occidental centrada en la eyaculación masculina como fin en sí mismo, por ser presuntamente agente de la reproducción humana, pero también, un irremediable gasto de energía genésica, algo que parece contradictorio. La educación burguesa conservadora del catolicismo y la ética protestante –igual o más conservadora–, tienen gran responsabilidad en la configuración de cuadros mentales deformados, que encauzan perfiles psicológicos de varios tipos de neurosis, en relaciones de dominación-sujeción, donde la mujer se convierte en un objeto –no sólo sexual–, producto de lento proceso de victimización de género.

Semen para procrear o reserva de energía para el placer.

Copular para la descarga vicaria de emociones [además de escucharse horrible] conduce a relaciones de insatisfacción largamente acumuladas, estandarizadas en estereotipos y rutinas, que tienen que ver con muchos otros hábitos que generalmente tienden a ser nocivos y autodestructivos, en el cumplimiento o no de rígidos roles sociales y econçomicos. Háblese de sedentarismo, alimentación chatarra, consumismo compulsivo, apatía ecológica, egoísmo destructivo, con la cola de un largo etcétera.

Con esta inusual –espero que relevante– disertación para retomar nuestro espacio en este portal, creemos importante contextualizar nuestra cruzada (uy sí) contra la dictadura de la eyaculación, porque la consideramos que forma parte orgánica de la ideología del displacer sexual de nuestra sociedad occidental contemporánea y decadente. Un ethos imbuido en el control moral del esperma hace social y económico lo que debería ser absolutamente individual y erótico, y esa es la diferencia entre las sociedades de Oriente y Occidente en materia de placer y sexualidad.

Claro, todo fundamentalismo religioso o moral, es opresivo aquí y en China. El sexo exclusivo para la reproducción de la especie es un dogma que considera todo lo demás como una aberración, según Ratzinger, el padre Maciel y el cardenal Norberto y pastores de otras religiones.

Pero el onanismo es el onanismo y la venida es la venida.

No se requieren sesudas investigaciones para comprobar que la continua descarga de esperma lleva a tal tensión y distensión del sistema muscular del cuerpo y particularmente de la región genital, que llevan al agotamiento, y hacen técnicamente complicado sostener una actividad sexual durante el tiempo necesario para inducir el orgasmo de la mujer.

En la eyaculación precoz queda claro este mecanismo asíncrono entre placer, orgasmo y eyaculación, y el Tao se pregunta que si no hay intención de procrear ¿para qué eyacular si con ello se apaga el deseo y la energía? Claro, y como en otros casos, la que pierde es la mujer, pero también el hombre porque no creo que esté a gusto con momentos brevísimos de poca satisfacción y mucho semen, cuando se puede tener literalmente horas de sexo con mucho placer a cambio de, ¿qué creen? Por supuesto, ahorrar esperma. El macho seguramente ignora que hay orgasmos sin la necesidad de “regarla”.

Que quede claro, la masturbación en sí misma nada tiene de malo, incluso es bastante recomendable en algunos momentos pero –de nuevo– no es necesaria la descarga seminal para el gozo físico, incluso éste.

En fin pasemos la página, demos vuelta a la tortilla como dicen mis amiguis por acá en México, y digamos con san Guillermo Burroughs: “scaping from flesh through sex; the way out is the way through”. Pero la pregunta es: ¿hay en nuestra pareja –y en nosotros mismos– disposición para emprender un cambio radical, no sólo en la vida sexual sino en muchos hábitos en nuestra vida cotidiana? La recompensa es mucho sexo.

Una visión del mundo con el cosmos en el cuerpo.

Si creías que la insatisfacción es una problemática exclusivamente sexual, estabas mortalmente equivocado. La plenitud erótica y sexual tiene que ver con una visión del mundo que implica: nutrición, estilo de vida, concepción de nosotros mismos y de los otros, por ello remitimos al título de este artículo: nuestra sexualidad es parte de un todo, de la vida misma, de cómo percibimos e interactuamos con nuestro entorno.

Revisa tus hábitos y pregúntate: ¿conoces tus niveles de colesterol, triglicéridos y glucosa en tu organismo? Esto tiene que ver directamente con tu desempeño en la cama. ¿Haces ejercicio regularmente? ¿Ingieres bebidas embriagantes mínimo una vez por semana? ¿Fumas? ¿Consumes narcóticos peligrosos? ¿Cómo andas de autoestima? ¿Hablas de estos temas con tu pareja sexual? El sexo que practicas ¿es seguro? ¿Es placentero? ¿Te ocupa o te preocupa mijito?, diría mi tía de Jalisco. Muchas de estas respuestas son relevantes para explicar una satisfactoria o pésima vida sexual.

Nos vemos pronto.

Comentar este artículo