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¿SERÁ QUE IMPORTA?

Jueves 11 de diciembre de 2008, por Hipòlito J.S.

No sé conducir mi odio y siento que lo manejo en calles estrechas con coches estacionados cerca de las banquetass, choco con todo a mi alrededor.

Estoy lo suficientemente desvelado como para necesitar un café con leche, y me da por la extrañancia de mi vieja. No recuerdo haberte dicho cómo es que se llama mi madre, y por si acaso te lo estás preguntando, Dolores, Dolores Saavedra M.. Su nombre siempre me ha parecido tan apasionante, no sé, yo creo la bautizó alguna especie de brujo o de esos adivinadores de los buenos, pues en el nombre lleva resumida su vida, desde su nacimiento algo complicado, casi muere y de recuerdo la muerte le dejó unos pulmones muy débiles; luego en su niñez, cuando se les chamuscó la casa. Ese día el cielo de las seis de la mañana pudo colorearse con la pirotecnia que salía del jacalito de los Saavedra allá en las afueras de Tulte, lo perdieron todo, desde la pólvora que bien que mal traían de contrabando desde el Salvador, sus muebles, hasta el pequeño radio de baterías en donde el abuelo Otilio, escuchaba sus boleros favoritos, de hecho dicen que mientras corría por el cuartito en donde estaban los buscapíes, las palomas, los cañones, ratoncitos, cuetones, y se asotaba para apagar el fuego que quemaba su chamarra de lana cuadriculada, en la radio se oía, Dónde estabas tú, cantada por Beny Moré. Y diosito, nunca supo responderle. Y Dolores, seguramente, le hacía la misma pregunta, mientras veía junto con su familia toda una vida yendo al cielo entre humo; el viejo se quedó dormido y al despertar, se vio entre arañazos de fuego, no se salvó.

Papá ayudó un poco a mi jechu para olvidarse de su nombre, le trataba bien, mamá se sentía felicísima cuando le decía Lolilla con ese tono de hombre fumador, era como borrar un poco sus desgracias, que ya eran muchas y las tenía guardadas en el cajón de Dolores. Por eso, yo creo, a veces me tenía algo de tirria, porque mi nacimiento le hizo volver a esa Dolores: la partera no dejaba de decir, puje Dolores, puje Dolores, y mi mamá parecía que pujaba todo su pasado, su dolor guardado, lo que nunca quiso haber recordado. También, para alejarme de ese recuerdo me trajeron pa´ acá al registro, y claro la recomendación de mi madrina Ifigenia les convenció del todo, ándale Lucio, lleve a su hijo a la ciudad; acá, por más cabecera que seamos nunca vamos a salir bien librados. Y mi papá terminó por convencerse, como si pensara que un papel firmado aquí me fuera a resolver la vida.

No supieron cómo.

No, no supieron cómo llegaron. Casi no me cuentan de ese viaje, no me preocupa mucho. No sé si me llegue a enterar suave del asunto, papá ya casi no puede hablar y mamá sólo se pone medio chocosona con eso de las nostalgias, pero no voy a volver, no, creo que yo soy de acá y acá me quedo, total aquí está mi condena firmada en los arcos, ese pacto con el diablomostroso que es la ciudad. Sin duda, no quiero ser más la Dolores de mi amá, no, sé que soy esa foto de su infancia que no quiere recordar, lo sé, por eso, yo en la ciudad del empolvamiento y tráfico guapachoso… en fin, ya fue mucha palabrería medio agüitada.

Podría presumirte más mi estado de ánimo, pero mejor te presumo que estoy imprimiendo mi reporte quincenal, además de una cartita que le hice a la Magos, una telefonista que cómo me re gusta, en serio: ojo grande, de pestañotas, claro bien retocadotas por el rimel, medio prietita pero linda la infeliz, labios bien mentirosotes, los esconde cuando sabe que la veo y saca la lengua como para enjuagar su coquetería. No está muy altota, y eso ta´ bueno, porque con mi sotaquez nos veríamos chulos de bonitos…en fin, espero surta efecto éste mi detalle que le hice y te cuento… igual si tienes opciones de lugares para invitarla a salir, se aceptan.

Me voy por el momento, veo mi reflejo en el espejo ubicado frente a mí, me veo nomás medio rostro, el del ojo no chueco, porque la otra mitad la tapa el anuncio de prohibido abrir páginas pornográficas, ¡voy!, ni que valieran tanto. Veo mi reflejo y me doy cuenta que soy un poco mi madre, ahí está, en el lunar que colorea mi cachete izquierdo, una como mancha, gotita de café con leche en el mantel blanco de la fonda de la esquina. Me veo tan feo, y comienzo a querer odiarme…

Me voy sino me agarro a madrazos con la máquina.

Abrazos cada vez más sinceros.

Hipólito Juárez Saavedra.

P.d. ¿Qué es eso del jai faib?

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