Portada del sitio > Artes > Letras > ¿A poco no?

¿A poco no?

Lunes 22 de diciembre de 2008, por Hipòlito J.S.

Los odios me vienen y me van. Los comienzo a reconocer. Pero de tan campechanos, ya no sé si son odios, o qué cosa.

Estoy por tener un par de días de vacacioanancia, y pues lo más seguro, es que me dé una vuelta por el Zumpanyork, ya sabes, ver a los viejos, abrazos apapachos, el sabroso ponche de Lolilla, cuetones y todos esos peligros. En fin, lo que ahora me trae a este internet, es ponerte unos pensamientos que he venido pensando, ya sabes, lo pensativo como que se me viene dando, mi trabajo me obliga a eso. Como escape a mi aburrimiento, me he puesto a escribir ciertas reflexiones, y pues como que últimamente me he visto atacado por el uso de mi aipod, que para que de una vez te lo sepas, lo saqué en paguitos en el Elektra. Y mira, no sé, algo me da, me pone raro.

Medio oigo.

Podría decir que estoy a media capacidad. Una mitad de mi oído (por consecuencia lo que escucho) la ocupa un tiiiiiiiiiiiiiii… casi tan interminable como el canto del mar. La otra mitad la ocupan los sonidos de los autos, la ruidosidad, los gritosgente. Pero estoy seguro de no ser el único con el sonidito itinerante en la cabeza. Es un molestito zumbido que viene luego de quitarme los blancuchos audífonos por donde me conecto a un lugar alejado de todos, y por donde esos todos, se conectan a otro lugar lejano al mío y al de cualquier otro. Todos vivimos desconectados de nosotros y conectados a una especie de refugio, porque nos da miedo escucharnos, porque nos da miedo oír la anécdota que cuenta la señora de voz ronca (seguro fuma mucho) que viene sentada atrás en el colectivo. Nos aterra oír la música a todo volumen del chofer: el hombre maneja al ritmo de cumbia, salsa o merengue; benditos aquellos que viajan con un ferviente admirador de Agustín Lara, o de “la música ligada a sus (mis, tus) recuerdos”…buen viaje han de llevar. Pero no, no todos nos damos cuenta de eso, traemos nuestra llavecita mágica, estamos sordos de gente. Porque de pronto nos comenzó a aterrar la idea de ser sorprendidos, ahora preferimos auto dosificarnos nuestra medicina musical, aquella que nos distraiga de eso que a menudo solemos llamar “ritmo de vida”. Deberíamos algún día escuchar ése tan repetido ritmo.

Hemos olvidado cuan entretenido es poner toda nuestra atención en la canción que están pasando en la radio, pero que difícilmente se oye por el ruido del pedorrísimo escape abierto del cero cincuenta y tres de la ruta 51: Azcapo- La Progreso- Paradero. Somos un tanto reservados, preferimos ese olvido momentáneo, estamos invadidos por nosotros mismos, esa idea exagerada del individualismo, vendida en todos las tiendas de autoservicio y boutiques de caché, bichitos de todos los colores y marcas encabezados por los aipods. Muchos, una mayoría creciente, comenzamos a olvidar la razón del ambiente. Tal vez nunca la supimos. Pero ahora, soy parte del ejército con la extensión de su ensimismamiento metida en las orejas. Nos quedaremos sordos. Poco a poco. No más, Daniel Santos en la lonchería a la que tanto me gusta ir, porque se llena de un ambiente tan de arrabal, tan de “perdón, vida, de mi vidaaaaaaa”. Comenzamos a olvidar paulatinamente, y también a remplazar, pues no dudo que muchos de los entesconectados, sintonicen su estación favorita en el radio, escuchen las noticias, pongan atención a su horóscopo, escuchen los ruidos de la calle.

Se transforma todo. Sí. Pero los sonidos seguirán. No es cuestión de creer, sino de escuchar y mantener el curso de las vibraciones, cerca del segundero escondido en nuestro palpitar.

No hay pesimismo… ¡Cállate, que no dejas oír!

Si me notas romántico y hasta fanfarrón, es que últimamente le he estado echando un ojo al semanario poético.

Saludos, pásala rico y candoroso con la familia. Seguimos en contacto, ya te contaré qué pasó con la Magos.

Abrazos sinceros.

Hipólito Juárez Saavedra.

Comentar este artículo