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UNA SEMANA SOLOS.

Miércoles 18 de febrero de 2009, por ¡PÒLVORA! MIÈRCOLES

No es una proposición.

Una adolescente corre mirándonos como si fuéramos sus perseguidores. Sonríe. Ríe. Escapa con pasos ligeros sobre un césped fresco y la mañana aparece radiante. Más chicos de su edad, más risas, diversión, una piscina, todo calmo, la vida fluye y la soledad transforma, el olvido vuelca los pensamientos en breves instantes de insatisfacción.

Una Semana Solos. Celina Murga: Directora. Argentina. De la Selección Oficial del FICCO.

Enfrentarse a películas como ésta no es recomendable hacerse si traes un desvelo grueso, o si andas bien puesto, o si estás peleado con tu pareja: no ayudará en nada, saldrán peor de molestos y queriéndole devolver sus tarjetas repetidas del yuguioh.

Y sí, en un tiempo muy apretado parece que una semana pasa frente a nosotros, con planos largos, muy largos en donde aparentemente no pasa nada a cuadro, pero, si nos ponemos reflexivos (complicado para los días de febrero y su calor del diablo) sí pasa, en lo que vemos, en los personajes, en su interior se formulan un montón de pensamientos que en la siguiente secuencia les harán actuar, tomar decisiones (dirán algunos, pero el cine es imagen, algo debe suceder frente a mí..., de acuerdo, pero el cine, es también una experiencia que no sòlo apela a la manera en que nos llega; sí, sin ojos difícil sería el cine, pero sin vicencias, sin sentimientos que transmitir, el cine sería algo menos que un dato). El ritmo que impregnan las secuencias chicle (estiran estira estiran) connotan “el no pasa nada” que no se cansaba de repetir la joven sentada junto a mí. Ese no pasa nada del universo sin adultos, que se han ido y no tienen para cuándo regresar, ¿una semana quizá? Es esa una pregunta que me formulo, ¿será su soledad de sólo una semana?, de esos niños-jóvenes, rubios, de casa con alberca, que no pueden servirse ellos mismos un “nescuic”, mimados, que beben cerveza… tal vez, solos, olvidados, seguramente.

Es así, acercándonos a la intimidad (¿aburrida?) de esas identidades en transformación, congeladas en un espacio mutuo (el hogar), con aspiraciones sencillas (ganar en los videojuegos, joder a los hermanos), poco fabricadas, ausentes de un mundo externo; invadiendo casas del fraccionamiento en donde viven, alterando el “orden”, su orden; pequeños bandidos fantasmales encontrando ahí su escape, en eso que no les pertenece, en las casas de los vecinos. Pero pronto, una visita les alterará el rumbo, ellos serán los invadidos y entre la fatalidad del olvido y el desarraigo paternal comenzarán a sudar sus modales y temas como la exclusión, la búsqueda, la asimilación de roles, la rebeldía serán secados con la toalla de la soledad.

Un montón de niños, jugando a ser ellos mismos desde la inocencia de una semana solos.

¡P! M.

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