MILK.

Viernes 20 de febrero de 2009, por ¡PÒLVORA! MIÈRCOLES

Te mueres y todos lo ignoran. Alguien te llora. Alguien te recuerda. Crees haber transcendido. Ya no lo sabrás. Muerto, ya todos hablan de ti en pasado.

Milk. Gus Van Sant.

La voz de un muerto nos cuenta la historia. Es, quizás, uno de los puntos que me han parecido refrescantes en la narrativa que Gus Van Sant presenta en Milk. Parece ser que el tema vino a formar parte de una coyuntura social que de a poco se va dejando atrás (con sus breves huellas y reclamos a grito pelado). La homosexualidad, la discriminación y el rechazo hacia las preferencias sexuales y humanas distintas (o, iguales, al fin es preferencia, distinto, mmm, rasco mi cabello, me despeino el copete, y con los ojos exacerbo el gesto de “no lo sé” sentido al teclear esto). Un cabecilla, un líder nato que, primero, se ve movilizado por el amor conyugal y luego por un compromiso humano, de respeto, de igualdad, de r e c o n o c i m i e n t o.

Y decía que habla un muerto (tranquilo, no te alebrestes, no te estoy contando el final, ya todos lo sabemos), nos cuenta su historia, vuelve la narración más personal y el punto de vista del filme se vuelca hacia esa mirada que con esfuerzos y dedicación forjó un futuro para nosotros pasado, pero, sin duda todavía hay y habrá resaca.

Lo siento electrolector, me estoy poniendo muy verborreico, pero es el espíritu de esperanza rebotado de la pantalla cinematográfica que me contagia… pero bueno, diré, sólo diré, entre tanto, que la narración es firme, dilucida los aspectos más relevantes de la vida activista de Harvey Milk, (por si querías saber de quién trataba la película); los recursos visuales son bastante gozosos, como el rescate de material videográfico setentero con sus colores empastados, también el uso cinta súper ocho, sumado al manejo experimentado de la cámara del Gus Van Sant, dotan de dinamismo y hasta melancolía a le película. Las actuaciones, es tema del que todo el mundo hablará, por eso, sólo quiero decir que la verdad, llevaban un homosexual dentro.

A veces, las tomas nos sitúan como partidarios, militantes identificados con una causa que parece perdida, no es sólo el decir queremos derechos, no, es comenzar a interpelarnos con armonía…Estás en la sala de cine, miras a aquél de gran proporción y a veces sientes que eso es mera ficción. No puede ser.

(El párrafo anterior fue patrocinado por el contagio jipi setentero, referencia del filme).

(En este paréntesis te quiero decir que la música es realmente buena, y, ni más ni menos, compuesta por Danny Elfman).

¡P! M.

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