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Se apagó la Vela

Viernes 6 de marzo de 2009, por Samuel Mesinas

Se apagó la Vela. Los vendavales llegaron del sur, del norte, del oriente y poniente; de la prensa, del fuego amigo, de la comunidad intelectual, del sector político y hasta su propio grupo de colaboradores. Todos se esforzaron por que La Vela Olímpica dejará de arder en el pebetero del CNCA, porque parecía haber sido encendida por el mismo Zeus y con carácter de eterna.

A los reporteros se nos acusaba de ser títeres de fuerzas oscuras por publicar sus excéntricos y nunca justificados viajes (El Universal 24 de febrero 2008); de ser manejados por una “inteligencia orquestadora” porque el trabajo periodístico nunca podría haberlo hecho por sí mismo; de ser pagados por Mouriño y Vázquez Mota; en tan sólo un año de gestión el abogado-músico tenía a dos grandes del gabinete como potenciales enemigos. ¿A poco sus conocidos desplantes con la prensa, los diputados y los creadores, eran del mismo tonelaje con los más altos funcionarios del gobierno panista? ¡Zas! También se dijo que habían filtrado la información a los medios sus excolaboradores, con quienes rápidamente en lugar de cosechar fidelidades logró engendrar rencores. ¡A saber! Lo cierto es que nadie se veía que tuviera el suficiente pulmón para apagarlo; bueno sólo alguien del tamaño de su corpulento cuerpo y de las dimensiones de su propia egolatría: Sergio Vela. Él, nadie más que él mismo podía lograr contener tal llama infernal que estaba incendiando el verde césped de Los Pinos. Vela apagó su propia Vela.

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