Propósitos postergados, distantes espectativas y pausas prolongadas en esta cadena de sucesiones que forman parte de la vida, qué importa cuán rezagado se puede estar en la fila por circunstancias y decisiones equivocadas. Permanecer en la línea es aguardar, no quitar el dedo del renglón, poder continuar, obstinarse e insistir. Seguir la línea es escribir una letra detrás de otra, articular ideas, trazar un camino a veces al margen de lo convencional. Mantenerse en la línea es tener la certeza de los deseos, de las propias convicciones, incluso equivocarse al bordear la senda, extraviarse, encontrar el rumbo y reanudar la marcha. Ser el último en la línea es poner punto final y concluir.